El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, lanzó una fuerte crítica pública desde Cali tras el asesinato de Joan Sebastián Durán Guerrero, un joven colombiano que murió en un operativo de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Maine.
Palma señaló que el silencio frente al asesinato de un colombiano también es complicidad y cuestionó la falta de pronunciamientos de autoridades nacionales y regionales, así como del presidente electo, sobre este caso que conmocionó tanto en Colombia como en la comunidad migrante en Norteamérica.
Durante un encuentro de asociatividad minero-energética en la capital del Valle del Cauca, el ministro insistió en que la defensa de los derechos humanos debe situarse por encima de cualquier interés diplomático o político.
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“Nadie ha levantado la voz por la vida de Joan Guerrero. Ese silencio no es neutral; es un silencio cómplice. No se puede guardar silencio para no incomodar al presidente Donald Trump mientras un colombiano es asesinado. Nosotros siempre estaremos del lado de la vida y de la dignidad de nuestros compatriotas, dondequiera que se encuentren”, declaró Palma.
En su pronunciamiento, Edwin Palma cuestionó la ausencia de declaraciones de dirigentes de Santander, incluyendo al gobernador y a figuras políticas como el exalcalde de Bucaramanga —ahora ministro de Vivienda designado—, subrayando que la defensa de la ciudadanía debe estar por encima de afinidades políticas o conveniencias internacionales. “La vida no tiene color político y jamás debe sacrificarse por conveniencias diplomáticas”, enfatizó el ministro.
El Ministerio de Minas y Energía reiteró su acompañamiento a la familia de Joan y llamó a que el caso sea investigado con transparencia, garantizando justicia, verdad y reparación. “Nos esperan tiempos difíciles, pero no vamos a renunciar a defender la vida, la democracia y la transición energética”, declaró Palma ante organizaciones sociales reunidas en Cali.
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Contexto del caso: quién era Joan Guerrero y qué ocurrió en Maine
Joan Sebastián Durán Guerrero, de 26 años, era originario de Bucaramanga, Santander, y residía en Biddeford, Maine, junto a su esposa y su hija de tres años. Según relatos recogidos por CNN, el joven trabajaba como repartidor y también colaboraba en una clínica veterinaria.
Contaba con permisos legales de trabajo y número de Seguro Social, según confirmó la directora de la Maine Immigrants’ Rights Coalition, Mufalo Chitam. El lunes 13, aproximadamente a las 7:00 a. m., salió de su casa rumbo a su empleo y minutos más tarde fue asesinado tras recibir disparos en un procedimiento atribuido a agentes de ICE.
Testigos describieron a Durán Guerrero como “una excelente persona, un buen padre, buen esposo y trabajador”, relató un amigo y vecino entrevistado por CNN. La comunidad local y familiares en Colombia expresaron su conmoción y exigieron esclarecimiento de los hechos. “No era un mal muchacho, ni lo que especulan de que era un criminal o tenía orden de deportación. Eso es totalmente mentira”, aseguró uno de sus allegados.
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La versión oficial entregada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) indica que el agente disparó “temiendo por la seguridad pública”, aunque no se han divulgado detalles específicos sobre la causa del operativo. La oficina del senador de Maine, Angus King, señaló que Durán Guerrero no era el objetivo principal del procedimiento, según una conversación sostenida con el secretario del DHS, Markwayne Mullin.
El Gobierno colombiano, por medio de su embajada en Washington, solicitó una investigación “exhaustiva e inmediata” al Departamento de Seguridad Nacional sobre las circunstancias de la muerte de Durán Guerrero. Mientras tanto, la familia del joven en Colombia inició gestiones para repatriar el cuerpo, según informó CNN.
La muerte del joven generó consternación entre la comunidad migrante en Maine, donde, de acuerdo con testimonios recogidos por CNN, era conocido como un hombre reservado, dedicado a su familia y a su trabajo. Vecinos narraron la escena posterior al tiroteo, donde la pareja y la hija de la víctima presenciaron los hechos. “Solo pedimos justicia para su familia. Fue duro ver a su esposa sentada ahí, simplemente llorando y gritando”, relató al medio un vecino.
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