El presidente Gustavo Petro lamentó la muerte de Margot Pizarro Leongómez, conocida como Nina, exmilitante del M-19 y cuya vida quedó asociada a la guerra, la prisión, la maternidad y luego al trabajo por la paz en comunidades rurales.
La noticia reactivó la historia de una mujer que se unió a esa guerrilla urbana tras seguir los pasos de su hermano Carlos Pizarro; además, participó en la toma de Yumbo en 1984 y, después de alejarse de las armas, mantuvo su vínculo con la construcción de paz.
Petro expresó sus condolencias a través de X: “Ha muerto Margot Pizarro, hermana de Carlos Pizarro abrazo a su familia, La conocí personalmente, me sorprendió su hermosura integral. ¡Ad Astra!”. El mensaje fue publicado por el mandatario en su cuenta personal.
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El M-19 también la despidió en su cuenta de Facebook con un texto que la definió como “militante del M-19, Oficial de Bolivar, Constructora de Paz...”. En ese mensaje, la organización añadió: “Ha marchado a la eternidad Margot Pizarro Leongómez, Nina... Abrazo grande a su familia, a sus amigas y amigos, a sus hermanas y hermanos del Eme... A Nina, nuestro homenaje. ¡Hasta siempre, Compañera!”.
Nina Pizarro dejó una historia ligada al M-19, la cárcel y la paz rural
La trayectoria de “Nina” Pizarro quedó registrada en el libro Nina Pizarro, la pirata blanca, surgido de conversaciones con el periodista y escritor Pablo Navarrete. Esas charlas se extendieron hasta que una enfermedad la dejó en silencio.
La mujer se habría unido al M-19 siguiendo a su hermano Carlos Pizarro. En la toma de Yumbo de 1984 perdió a su pareja de entonces y, tras quedar embarazada de una hija, decidió apartarse de la guerra, aunque no de la búsqueda de paz.
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Durante la década en que integró el M-19, vivió relaciones sentimentales atravesadas por el conflicto. Entre ellas estuvieron Víctor Polay, condenado a cadena perpetua en Perú como líder del movimiento Túpac Amaru, y Alfonso Jacquin, miembro del M-19 desaparecido tras la toma del Palacio de Justicia en 1985.
Navarrete relató que, para Nina, “la guerra se podía vivir de una sola manera: amando”. Esa idea aparece como una de las claves con las que el escritor reconstruyó su vida.
El apodo de “la pirata blanca” nació de su fascinación por los barcos y los piratas, y de su vínculo afectivo con su padre, el vicealmirante Juan Antonio Pizarro. Ya fuera de la guerra, y junto a su última pareja, Rafael Rojas, se dedicó a construir barcos a escala como homenaje a la memoria de su padre, originario de Palmira.
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Las entrevistas con Navarrete se interrumpieron cuando perdió la memoria en 2018
Navarrete explicó que conocía las intimidades de Nina desde antes de nacer por la amistad entre sus padres y ella. Las entrevistas comenzaron en octubre de 2016, cuando todavía podía recordar episodios de su vida.
El periodista contó que Nina “sacaba fotos, se quedaba mirándolas y decía: ‘Carlos, siempre Carlos’”. Según ese relato, en 2018 su memoria se desvaneció por completo, lo que llevó a que el libro adoptara una estructura coral con voces de personas que marcaron su existencia.
Antes de ese deterioro, la mujer había pasado por uno de los episodios más duros de su vida: fue encarcelada en 1979, embarazada de siete meses, tras participar en el robo de armas del Cantón Norte. Según Navarrete, conducía uno de los vehículos utilizados para transportar el armamento.
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Luego enfrentó un juicio de guerra y permaneció en prisión hasta septiembre de 1982, cuando recuperó la libertad por la amnistía decretada por el presidente Belisario Betancur. Pese a esa experiencia, regresó a la lucha armada durante dos años más.
Según quienes la conocieron, lo que la distinguió fue su capacidad de amar en medio de circunstancias extremas. Tras dejar la guerra, trabajó en comunidades rurales, enseñó a mujeres a catar café y convenció a campesinos de que ese cultivo podía convertirse en el futuro de la región.
Navarrete describió su situación en los últimos años con esta frase: “está en un lugar, en algún lugar, pasando sus años”. El periodista agregó que estaba acompañada por Rafael Rojas, con que compartió tres décadas y la transformación de un pequeño pueblo en territorio cafetero.
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Sobre su trabajo, Navarrete sostuvo que nunca se apartó del periodismo, sino que incorporó herramientas de la literatura para retratar con mayor fidelidad a sus personajes. También afirmó que su método consiste en conservar expresiones y hábitos de quienes entrevista para dar verosimilitud a los relatos.
El libro sobre Nina se sumó a otros trabajos suyos sobre el conflicto colombiano. Navarrete definió ese trabajo como un aporte a la memoria del país y sostuvo: “los periodistas, los que creemos en que las historias generan la posibilidad de encontrar nuevas realidades, aguantamos, y seguiremos aguantando”.