La noche posterior a la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, Abelardo de la Espriella y Iván Cepeda Castro se aseguraron su paso a la segunda ronda, al obtener 43,74% y 40,90% de los votos, respectivamente. Las siguientes votaciones están programadas para el 21 de junio y la expectativa crece tanto en el ámbito político como en la sociedad.
En redes sociales, el resultado provocó una serie de reacciones. Una de las más comentadas surgió en TikTok, donde la usuaria jalek buer compartió el video del llanto de su hijo que, sentado en una cama, veía los resultados electorales en un televisor.
En el registro, la madre preguntó: “¿Por qué estás llorando?”, a lo que el joven respondió: “Porque va a ganar Abelardo”. Al insistir la mujer: “¿Y qué pasa si gana Abelardo, pues?”, el joven concluyó: “Ma, pues me tengo que ir de la universidad”.
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El video generó debate entre los usuarios. Algunos intentaron contextualizar el temor del muchacho: “Abelardo basa su propuesta de educación universitaria con ‘mérito’... eliminando la propuesta de gratuidad y matrícula 0 que ha venido presentando este gobierno”.
Otros desacreditaron la preocupación: “Eso es mentira, la educación gratis seguirá no desinformen”. Algunas personas afirmaron que experiencia es la misma: “Yo fui esa, literalmente si el gana me tengo que ir de la universidad”. También hubo voces que defendieron a De La Espriella: “Sus propuestas es ayudar al joven a salir adelante y generar oportunidades”.
La discusión en redes sociales refleja la incertidumbre juvenil ante los posibles cambios en políticas educativas, tema que se perfila como central en la segunda vuelta presidencial.
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Es así que las propuestas educativas de los candidatos Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella revelan enfoques opuestos sobre el futuro de la educación superior en Colombia. Mientras Cepeda apuesta por consolidar y expandir la gratuidad en la universidad pública, De la Espriella promueve incentivos privados y mecanismos de mérito para fomentar la formación universitaria.
En el caso de De la Espriella, la estrategia central apunta a crear créditos blandos y un sistema de becas para los estudiantes con mejores resultados académicos. El aspirante busca que estos jóvenes accedan a la carrera universitaria de su elección, sin importar el programa, siempre que demuestren méritos.
Además, plantea que el sector privado tenga un papel protagónico en la financiación de la ciencia y la tecnología en el sistema público, ofreciendo incentivos fiscales para estimular esta inversión.
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Por otro lado, Cepeda sostiene que la educación superior pública debe ser gratuita y de calidad, con mayor cobertura en regiones rurales. Su propuesta incluye la creación de multicampus universitarios y la descentralización de la oferta académica, permitiendo que más jóvenes de zonas apartadas accedan a la universidad sin necesidad de trasladarse a las grandes ciudades.
También defiende el fortalecimiento de los programas de becas y apoyos para garantizar la permanencia estudiantil, con el objetivo de que nadie abandone sus estudios por razones económicas.
Actualmente, los estudiantes colombianos pueden beneficiarse de la Política de Gratuidad en la Inscripción, implementada por el Gobierno Nacional. Esta iniciativa asume el pago de los derechos de inscripción y matrícula para programas de pregrado en instituciones públicas, con el fin de eliminar barreras económicas al ingreso universitario.
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Frente al periodo 2026-2030, las propuestas educativas generan debate. El proyecto de Cepeda busca consolidar una educación pública, incluyente y científica, aunque enfrenta críticas por la sostenibilidad financiera y la necesidad de consensos legislativos para su ejecución.
En contraste, el plan de De la Espriella es valorado por su apuesta en la participación privada y la atención a los denominados jóvenes “nini”, pero varias voces cuestionan la ausencia de fuentes claras de financiación y la dependencia de decretos ejecutivos para su puesta en marcha.
Por esto, en redes sociales muchos jóvenes han expresado inquietud ante la posibilidad de que sus matrículas gratuitas estén en riesgo, dependiendo del modelo que finalmente se adopte.
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