La elección del pasado Congreso mostró un crecimiento fuerte del Pacto Histórico, una recuperación del Centro Democrático, la continuación del debilitamiento relativo de los partidos tradicionales y el mantenimiento de pequeños movimientos y tendencias diversas. Por tanto, tenemos un Congreso altamente fragmentado, donde la participación de los llamados partidos de centro y los movimientos y las minorías regionales actuarán como bisagras y serán decisivas para la formación de mayorías en el Congreso. Por tanto, se tendrán tres bloques políticos que se moverán de acuerdo con sus intereses políticos e ideológicos y otros, lamentablemente, al tenor de la mermelada, la clientela y los intereses personales, actuando al tenor de las propuestas gubernamentales.
Una posible presidencia de Iván Cepeda tendrá un escenario complejo, semejante al de Petro, pese al crecimiento de los partidos de izquierda y de centroizquierda en el Congreso. Pero no tendría una mayoría propia para aprobar las reformas constitucionales y las leyes más controversiales de su agenda. Tendría que negociar con partidos de la política tradicional clientelista ministerios, cargos de importancia, presupuesto regional y participación burocrática para construir una coalición que apoye sus propuestas. No obstante, podría enfrentar oposición o bloqueos de estos mismos partidos, dependiendo del desgaste político y económico del Gobierno.
Por otro lado, hay que reconocer que la oposición del legado uribista y de las novedosas derechas en crecimiento serían lo suficientemente fuertes para la movilización política y mediática y para oponerse a las complejas reformas tributarias, los cambios en el modelo del sistema de salud, una profunda y acelerada transición energética que abandone los recursos fósiles, las radicales reformas a la seguridad y a la fuerza militar y de policía, y sobre todo, a una convocatoria a una asamblea nacional constituyente que transforme de fondo la carta magna o la cambie por otra. Esto llevaría a Cepeda a afrontar una permanente negociación; por tanto, a tener una coalición frágil y variable, a llegar a reformas parciales y limitadas transformaciones.
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Con un posible gobierno de Cepeda continuaría una relación conflictiva con el poder legislativo. Hay que recordar que, según el artículo 114 de la Constitución Política de Colombia: “Corresponde al Congreso de la República (como representante del pueblo) la reforma de la Constitución, hacer las leyes, ejercer el control político sobre el Gobierno y la administración”. Quien hace las leyes para procurar el orden en las relaciones políticas, económicas y sociales es el Congreso. El Gobierno solo puede proponerlas y motivarlas. La función que más generará controversia es el control político, que tiene como efecto dar límite al poder presidencial y a la administración en general. Con la propuesta de una convocatoria a una asamblea nacional constituyente, se pretendería socavar el poder reformatorio constitucional del Congreso. No obstante, cualquier propuesta constituyente requerirá pasar por la aprobación del Congreso y la revisión de la Corte Constitucional. Es claro que se continuará con la controversia con las altas cortes y, en particular, con la Corte Constitucional, que es la guardiana de la Constitución Política.
Probablemente, un gobierno de Cepeda enfrentará una fuerte oposición por sus modelos de seguridad y el proceso de la llamada paz total; críticos a sus políticas económicas, una resistencia de sectores empresariales y gremiales, lo mismo que un mayor control judicial y de los organismos de control. Se verá una posible movilización popular gestionada por las fuerzas de derecha y un enfrentamiento con las fuerzas de izquierda. Los medios de información y comunicación tradicionales y las nuevas tendencias de redes, influenciadores, pódcast –etcétera–, serán cada vez más protagonistas en esta polarización.
No obstante, dependiendo del manejo que dé a su gobierno, Cepeda podría desarrollar sus programas sociales, ampliar la reforma agraria gradual, fortaleciendo la economía popular, lo mismo que su visión medioambiental. Se espera, además, algunas reformas para combatir la corrupción y la implementación de los acuerdos de paz. Pero hasta este momento la gestión gubernamental de Cepeda es incierta. Lo que muchos temen es que no será de unidad, de consenso, sino conflictiva y polarizante.
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