El Gobierno de Colombia, liderado por el presidente Gustavo Petro, anunció su apoyo a la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, postulada a la secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el periodo 2027 - 2032.
Así lo notificó el propio mandatario en su cuenta de X, en una decisión que se suma a los apoyos de México y Brasil, e incrementa el impulso latinoamericano en la contienda diplomática por el puesto que dejará António Guterres a finales de 2026.
“Como presidente de la República de Colombia he decidido respaldar a Michelle Bachelet para ser la nueva secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas”, manifestó el jefe de Estado sudamericano en las redes sociales.
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Bachelet, quien fue presidenta de Chile en dos ocasiones, se ha destacado internacionalmente en ámbitos como la defensa de los derechos humanos, la igualdad de género y la protección social.
Su experiencia incluye haber sido fundadora y primera directora ejecutiva de ONU Mujeres y alta comisionada para los derechos humanos del organismo entre 2018 y 2022.
Las dificultades de Bachelet
Pese a tener los respaldos de México, Brasil y Colombia, Bachelet aún enfrenta dificultades para tener los votos necesarios para acceder al cargo, debido a que el actual presidente de Chile, José Antonio Kast, anulara el apoyo previamente otorgado por el exmandatario Gabriel Boric.
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En su momento, la Cancillería chilena aseguró que, tanto “la dispersión de candidaturas de países de América Latina” como “las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso, hacen inviable su respaldo a la candidatura de Bachelet. Pese a ello, la exmandataria sudamericana decidió mantener su candidatura.
La postulación de Michelle Bachelet para liderar la Secretaría General de la ONU enfrenta obstáculos definidos que exceden las variables habituales en este tipo de procesos.
Inicialmente, su candidatura ha sido criticada en el terreno estadounidense, luego de que 30 legisladores republicanos del Congreso norteamericano han solicitado, por vía formal, al Secretario de Estado y a la delegación de ese país ante la ONU bloquear la postulación de Bachelet.
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El argumento de los legisladores apunta a su defensa activa del derecho al aborto, etiquetada como “radical” y, a su juicio, inaceptable porque “atenta contra la soberanía de los Estados”.
Incluso, el enviado estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, respaldó públicamente estos cuestionamientos, debilitando aún más la expectativa de apoyo de Estados Unidos.
La candidatura también recibe objeciones desde China y Rusia, dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Aunque grupos internacionales han criticado a Bachelet por un supuesto “enfoque tibio” o por la demora en denunciar tales abusos, para el gobierno chino resultó inaceptable la difusión de ese informe, cuya sola existencia provocó una reacción adversa.
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En el frente ruso, la incomodidad se remite a su papel en la supervisión internacional de derechos humanos durante las etapas iniciales de la invasión a Ucrania y las reiteradas críticas institucionales a la represión de opositores en Rusia.
Sus rivales para la secretaría de la ONU
Además de Michelle Bachelet, hay otros cinco candidatos que también aspiran a la Secretaría General de la ONU.
Entre los candidatos, se destaca el argentino Rafael Grossi que asumió una posición destacada al reivindicar su gestión al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica, especialmente por su experiencia durante crisis nucleares en Ucrania e Irán.
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También, se encuentra la postulación formal de María Fernanda Espinosa por parte del gobierno de Antigua y Barbuda que marcó un hito relevante en la contienda diplomática.
Del mismo modo, están postulados Rebeca Grynspan (Costa Rica) que apostó por reformas que aprovechen la inteligencia artificial para la prevención de crisis económicas, así como Macky Sall (Senegal), el único aspirante africano, que presentó una oferta centrada en la soberanía estatal y el desarrollo regional.
El proceso de nominación oficial registró a tres contendientes en los diálogos que inauguraron la fase pública en abril de 2026, con Espinosa sumándose mediante una postulación gubernamental en mayo.
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Esta dinámica concentró la decisión final en la capacidad de los países latinoamericanos y del Caribe para articular consensos y evitar fracturas internas en torno a sus candidaturas.