Minutos después de las 10:00 a. m. del martes 19 de mayo de 2026, un mensaje que se compartió por los familiares de Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina, confirmó la muerte de la cantautora, bailarina y maestra oriunda de Talaigua Nuevo (Bolívar), a causa de un infarto al miocardio que sufrió dos días atrás (el domingo 17 de Mayo), en Celaya, México.
La noticia que se confirmó a través de una publicación en Instagram, provocó la reacción de decenas de artistas y dirigentes políticos colombianos, entre ellos el del presidente Gustavo Petro, que con un breve mensaje recordó el legado y la carrera de Bazanta.
“Ha muerto Totó la momposina, mi familiar y excelsa del arte y la cultura caribeña colombiana. Que vuele alto hasta las estrellas. AD ASTRAM”, señaló desde su cuenta de X el jefe de Estado.
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Por el momento, y como se confirmó en la misma publicación desde la cuenta de Instagram de la cantautora, ella partió de este mundo junto a sus seres queridos.
“Con profundo dolor, nosotros sus hijos Marco Vinicio, Angelica Maria y Euridice Salome Oyaga Bazanta, anunciamos el fallecimiento de nuestra madre Sonia Bazanta Vides, más conocida como Totó la Momposina, rodeada de su familia”, señala el mensaje acompañado de un carrete de fotos con los que se recordaron algunos de los momentos más importantes en su trayectoria musical.
Más adelante, y en el mensaje que divulgó la familia de Bazanta, se ahondó: “Totó fue una mujer que con su voz y entrega extraordinaria, llevó la cultura y la memoria del pueblo Colombiano a los rincones del mundo. Su alegría, luz, sabiduría, talento, generosidad y muchas otras virtudes marcaron la vida de innumerables personas”.
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El legado de Totó la Momposina
Totó La Momposina es mucho más que un nombre: es la voz de un país, el eco de la memoria caribeña y la encarnación viva del tambor colombiano.
Su historia, marcada por la resiliencia, el arte y el compromiso, atraviesa generaciones y fronteras, llevando la tradición de la cumbia y los ritmos ancestrales desde las riberas del Magdalena hasta los escenarios del mundo.
Nacida en 1940 en Talaigua Nuevo, Bolívar, Sonia Bazanta Vides —Totó— creció rodeada de música y poesía. Su familia, de espíritu liberal, se trasladó a Bogotá, donde la casa en el barrio Ricaurte se transformó en un santuario de encuentros musicales.
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Su madre, Livia Vides, era una matrona de voz potente, y su padre, Daniel Bazanta, un percusionista aficionado.
Entre el olor a zapato nuevo de la fábrica familiar y las fiestas de tres días con músicos costeños, Totó aprendió a escuchar el pulso de los tambores y a valorar la raíz de la música tradicional, destacó un informe del Ministerio de Cultura.
El apodo Totó nació de la infancia, cuando señalaba todo diciendo “To, to, to”. A los 15 años ya bailaba en el grupo de danzas de su madre y, aunque estudió repostería y atendía una farmacia, su destino era el canto.
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Ella inició como acompañante del poeta Eudhes Asprilla, combinando poesía negra y música, un formato novedoso en la época.
El salto a la fama llegó en 1969, cuando participó en el concurso Orquídea de Plata Philips con sus tambores, desafiando la tendencia de la música comercial.
Aunque quedó segunda por no ser “comercial” y por su color de piel, ese momento marcó el nacimiento de Totó La Momposina y sus Tambores.
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Luego, y recomendada por Matilde Díaz, abrió un concierto de Rafael Escalona en Ecuador y fue ovacionada.
Estudió técnica vocal en el Conservatorio de la Universidad Nacional, danza con Delia Zapata Olivella, y coreografía en la Sorbona de París. Giró por el mundo, inauguró la Torre Montparnasse en París, recorrió la Unión Soviética y, en Inglaterra, grabó el disco “La Candela Viva” en 1993, que la consagró internacionalmente.
Sin embargo, su carrera también estuvo marcada por el exilio.
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Su pensamiento de izquierda la puso en las listas negras durante los años de violencia política, y debió marcharse a Europa, dejando a sus hijos en Colombia.
A pesar de los sacrificios, su música siguió creciendo. En 1982, Gabriel García Márquez la eligió para encabezar la delegación artística que lo acompañó a recibir el Nobel en Estocolmo.
Totó defendió siempre la dignidad de sus músicos, exigiendo igualdad y respeto en todos los escenarios. En momentos de desánimo, incluso pensó en retirarse, pero el apoyo del público y la fuerza de la tradición la mantuvieron en pie.
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Ella perdió la voz a finales de los ochenta, pero regresó a los escenarios y, en los años noventa, ante el poco reconocimiento económico en Colombia, optó por presentarse principalmente en el exterior.
Su legado ha sido reconocido con el Premio WOMEX en 2006, el Premio Nacional de Vida y Obra en 2011, el Grammy Latino a la Excelencia Musical en 2013, y otros galardones nacionales e internacionales.
En 2022, a los 82 años, se despidió de los escenarios en el Festival Cordillera de Bogotá y estaba retirada en México junto a su familia.
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