El poder económico que han llegado a tener los capos más reconocidos de la historia de Colombia hizo que varios de ellos se sometieran a procedimientos estéticos o tuvieran que contratar a médicos particulares para tratas sus dolencias.
En ese contexto, Sofía Otero, una médica colombiana que está radicada en el exterior por temas de seguridad, se convirtió en la doctora de confianza de varios de los narcotraficantes que mandaron en el negocio ilícito durante los 90 e inicios de los 2000.
De la misma forma, su reconocimiento hizo que llegara al punto de atender a la leyenda del fútbol mundial Diego Armando Maradona, al que conoció en Cuba.
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Recordar todas las historias que vivió durante ese momento de su vida hizo que tomara la decisión de escribir el libro La caleta del jaguar: revelaciones de la doctora de la mafia, sobre el que habló en diálogo con Julio Sánchez Cristo.
Otero narró cómo se preparó hasta independizarse y tener su propio quirófano en Cali, al que llegaron varias personas de las que tenía poco conocimiento, puesto que aseguró que siempre se enfocó en ser profesional.
El primer narco que conoció fue Víctor Mejía “El Mellizo”, al que atendió en varias ocasiones y fue el encargado de recomendar su trabajo a otros criminales durante el auge del cartel de Cali en los 90.
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“Yo no sabía de qué se trataba su negocio. Ya cuando llegamos a Colombia me enteré. Nunca tuve nada que ver, ni me enteraba de nada. Coloqué una clínica en Cali muy famosa, donde había tecnologías europeas, células de Suiza, tratamientos muy avanzados. Cali es muy pequeño y se hizo vox populi que había una clínica que podía dar servicios muy de alta gama para personas que pudieran pagarlos. Y así llegaron todas estas personas, porque lastimosamente en el año 90, pues esas eran las personas que manejaban la ciudad”.
Entre sus pacientes estuvo “Chupeta”, capo del cartel del norte del Valle que es recordado por declarar contra “El Chapo” Guzmán en Estados Unidos y por las cirugías estéticas que se hizo para cambiar su rostro, en las cuales, Otero afirmó no haber participado.
“Mis tratamientos son totalmente invasivos y estéticos, pero esas cirugías fueron hechas en Brasil y efectivamente lo que quería era ser no reconocido”, indicó la doctora.
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Otero afirmó que llegó a atender a las esposas e hijas de varios criminales sin saber que la vida de los seres queridos de las personas más peligrosas del país estaban en sus manos.
“Yo nunca llegue a tener presión, porque yo logré entre esas personas que manejaban tanta densidad poderles sacar su parte humana. Yo les brindaba mis servicios y muchas veces ni sabía quiénes eran. Ellos me mandaban sus esposas, sus hijas, sus familias y yo después de tratarlos era que me enteraba a quién estaba atendiendo, porque ellos nunca daban sus nombres”.
Su popularidad hizo que fuera amenazada por la guerrilla y por ello se mudó a Montería, en donde conoció a “Don Berna”, uno de los cabecillas de las AUC y exintegrante de Los Pepes, estructura paramilitar que trabajó con las autoridades para encontrar a Pablo Escobar.
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“Yo me mudé para Montería en un tiempo que tuve problemas con el sexto frente de las Farc en Cali por ser tan famosa por mi clínica; en ese momento decidí mudarme para Montería y monté una clínica con unas personas de allá. Tuve a ”Don Berna" porque era muy amigo de los mellizos, digo era porque hay uno de ellos que está muerto“.
Ayudó a Maradona tras una crisis
La colombiana narró cómo conoció a Maradona y por qué decidió no trabajar con él inicialmente. “Yo lo conocí a él en Cuba en el 99. Yo estaba ahí de vacaciones y nos hicimos muy buenos amigos, de esas cosas que conectamos desde el minuto uno. Él quería hacerse un tratamiento para desintoxicarse, pero no quería dejar de consumir. Él se vino para acá para Colombia y empezó a hacerse su tratamiento, pero él seguía consumiendo. Fue otro doctor quien lo atendió y quien se prestó para eso. Yo no quise eso”.
Por último, reveló que fue una llamada de la madre del futbolista argentino lo que la hizo cambiar de parecer y de esa forma trató al astro del deporte luego de una recaída a inicios de los 2000.
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“Su madre me llama, doña Tota, que en paz descanse, y me dice: ‘Yo sé que tú quieres mucho a Diego, yo sé que tú lo amas, yo sé que tú verdaderamente lo quieres como lo han querido muchas personas’. Yo comienzo a trabajar con él en Cuba. Efectivamente, él estaba muy deprimido, el comandante Fidel era el que lo estaba ayudando y otras personas”.