En un laboratorio de Medellín comenzó a moverse una apuesta que podría cambiar parte de la historia farmacéutica del país. Mientras Colombia sigue enfrentando enfermedades infecciosas que golpean con más fuerza a comunidades apartadas, la Universidad de Antioquia activó una producción que durante años estuvo en etapa de planeación y desarrollo técnico: la fabricación pública, a escala industrial, de medicamentos esenciales.
El avance no se limita a un proyecto académico. Detrás de esta iniciativa hay una infraestructura certificada, equipos científicos y una estrategia que busca disminuir la dependencia de productos importados, especialmente en tratamientos considerados prioritarios para la salud pública nacional.
Con este paso, la institución antioqueña entró en un terreno poco explorado en América Latina. Su planta de producción, adscrita a la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias, se convirtió en el escenario donde empezó a elaborarse el primer lote industrial público de medicamentos contra la malaria fabricado en Colombia.
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La planta, que actualmente cuenta con certificación del Invima, es la única universidad pública del país autorizada para producir medicamentos a escala industrial. Esa condición la ubica como un actor estratégico dentro de los planes nacionales de soberanía farmacéutica, un concepto que en los últimos años ha ganado peso en medio de discusiones sobre abastecimiento, costos y acceso oportuno a tratamientos esenciales.
El primer objetivo ya tiene cifras concretas. La universidad confirmó la producción de 1,2 millones de tabletas destinadas al tratamiento de la malaria, una enfermedad que continúa afectando a miles de colombianos cada año, especialmente en territorios con condiciones geográficas complejas y barreras de acceso al sistema de salud. En departamentos como Chocó, Nariño, Córdoba y algunas zonas de Antioquia, esta enfermedad sigue representando un reto sanitario permanente. A eso se suman regiones como la Amazonía, el Pacífico y la Orinoquía, donde las distancias, la dispersión poblacional y la limitada infraestructura médica suelen retrasar diagnósticos y tratamientos.
Según cifras citadas por la propia universidad y por el Ministerio de Salud, Colombia registra entre 50.000 y 100.000 casos anuales de malaria. Esa realidad convierte este proyecto en una respuesta concreta a una necesidad que durante décadas dependió en buena parte de proveedores externos y cadenas de suministro internacionales.
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La primera entrega del medicamento ya está proyectada para las próximas semanas. La distribución se realizará a través de la Organización Panamericana de la Salud, mecanismo que permitirá no solo cubrir parte de la demanda nacional, sino abrir la posibilidad de abastecer otros mercados de América Latina con producción hecha en Colombia. El impacto potencial del proyecto trasciende las fronteras del país. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, durante 2023 se registraron cerca de 263 millones de casos de malaria en el mundo, además de más de 590.000 muertes asociadas a esta enfermedad. Aunque la mayor carga continúa concentrada en África, América Latina mantiene focos activos de transmisión que exigen respuestas sostenidas.
Pero la apuesta de la Universidad de Antioquia no termina allí. En paralelo a la producción del medicamento contra la malaria, los equipos científicos avanzan en otro desarrollo que podría convertirse en una noticia igual de relevante para el sistema de salud colombiano: un tratamiento para personas con VIH. Se trata de un dolutegravir triconjugado, un antirretroviral ampliamente utilizado en terapias de control del virus, cuyo objetivo institucional es obtener registro sanitario y dar inicio a la producción industrial durante 2026.
Si el proceso regulatorio avanza según lo previsto, Colombia podría comenzar a fabricar localmente uno de los medicamentos más importantes dentro de los esquemas de tratamiento para pacientes con VIH, reduciendo la dependencia de compras internacionales y los costos asociados a estos tratamientos de largo plazo. La universidad también confirmó que desarrolla otros medicamentos enfocados en enfermedades tropicales y parasitarias. Entre ellos aparecen benznidazol, niclosamida y praziquantel, algunos de los cuales ya avanzan en procesos regulatorios ante el Invima.
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Detrás de estos desarrollos existe un trabajo articulado con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Ciencia, en una estrategia orientada a fortalecer la capacidad productiva nacional y ampliar el acceso a medicamentos esenciales.
Especialistas del sector consideran que el modelo construido por la Universidad de Antioquia representa un punto de inflexión para Colombia. En una región donde la fabricación farmacéutica suele estar concentrada en grandes compañías multinacionales, la entrada de una universidad pública al mercado industrial abre una discusión distinta sobre ciencia, salud pública y autonomía tecnológica.