En millones de hogares colombianos hay un alimento que rara vez falta en la cocina. Aparece en el almuerzo familiar, en recetas tradicionales, en preparaciones rápidas entre semana e incluso en propuestas gastronómicas más sofisticadas. Se trata del pollo, una proteína que con los años se convirtió en protagonista dentro de la alimentación del país.
Las cifras de Fenavi confirman esa tendencia. En 2025, cada colombiano consumió en promedio 37,8 kilogramos de carne de pollo al año, un indicador que ubica a Colombia entre los países con mayor consumo per cápita de esta proteína en América Latina. Más allá del dato estadístico, el crecimiento refleja un cambio profundo en los hábitos de consumo. En un contexto marcado por la búsqueda de alimentos más accesibles, nutritivos y rendidores, el pollo logró posicionarse como una de las opciones favoritas de las familias colombianas.
Su presencia en la mesa responde a varios factores. El precio suele ser más competitivo frente a otras proteínas animales como la carne de res o algunos cortes de cerdo. Además, su versatilidad permite que haga parte de recetas cotidianas y de preparaciones más elaboradas.
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En la gastronomía nacional, su protagonismo es evidente. Está presente en platos como el sancocho, el arroz con pollo, las empanadas, las sopas caseras y el tradicional pollo asado que acompaña reuniones familiares y celebraciones. Al mismo tiempo, restaurantes y cocinas especializadas han empezado a darle una nueva dimensión, incorporándolo en propuestas contemporáneas y de autor.
Ese crecimiento en el consumo no ocurre por casualidad. Detrás hay una industria que durante los últimos años fortaleció su capacidad productiva para responder a una demanda interna cada vez más alta. De acuerdo con el gremio avícola, el sector ha logrado mantener una oferta estable y suficiente para cubrir buena parte del mercado nacional. Hoy la industria produce más de 1,4 millones de toneladas de carne de pollo al año, una cifra que no solo permite abastecer a los consumidores locales, sino que también abre la puerta a nuevos mercados internacionales.
Esa capacidad productiva permitió que Colombia comience a ganar espacio como exportador dentro del sector avícola. En los últimos años, productores nacionales lograron llevar carne de pollo a mercados como México, Panamá y Ecuador, además de avanzar en oportunidades comerciales con algunos destinos asiáticos.
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El impacto económico del negocio va mucho más allá de las cifras de ventas. Según Fenavi, la cadena avícola genera más de 400.000 empleos entre directos e indirectos en todo el país. Allí participan pequeños productores rurales, transportadores, distribuidores, comercializadores y grandes compañías del sector. En regiones apartadas, donde el acceso a otras fuentes de proteína puede resultar más costoso o limitado, el pollo se convirtió además en un componente fundamental para la seguridad alimentaria. Su disponibilidad constante y sus precios relativamente estables han permitido que millones de familias mantengan una dieta con aporte proteico de calidad.
Desde el punto de vista nutricional, su importancia también es relevante. El pollo aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales esenciales para el desarrollo muscular, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la recuperación física. Por eso suele estar presente en la alimentación de niños, adultos mayores y personas que realizan actividad física.
Sin embargo, el crecimiento del sector no está exento de retos. Uno de los principales desafíos sigue siendo el costo de los insumos utilizados en la alimentación de las aves, especialmente el maíz y la soya, cuyos precios internacionales pueden generar presión sobre la rentabilidad de los productores. A eso se suman los desafíos ambientales. La industria enfrenta una creciente presión por reducir su huella ecológica, optimizar el uso del agua y mejorar procesos de producción más sostenibles.
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