El presidente de la República, Gustavo Petro, inauguró el martes 5 de mayo el edificio de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional en Bogotá, en medio de un clima de alta tensión por la resistencia de sectores estudiantiles tanto a su visita como a las reformas que impulsa el Gobierno al interior del centro de educación superior, en el que, además de desconocer el actual rector, Ismael Peña, promueve una constituyente.
Durante el acto y a través de sus redes sociales, el primer mandatario denunció públicamente lo que serían, según su testimonio, los intentos de boicot, y acusó a las autoridades universitarias de obstaculizar su ingreso a la sede. Petro no perdió la oportunidad y se destacó por llevar el carácter político de la confrontación a contextos que estarían relacionados con la nueva directiva del centro de educación superior.
“Quisieron impedirlo con afiches insultantes para evitar que entregara la obra que yo mismo comencé. El nuevo rector de la Universidad Nacional impuesto por juez sin la voluntad estudiantil y profesoral, amigo de Paloma, intentó impedir mi entrada a la Universidad Nacional para iniciar la obra que empecé: la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional”, escribió Petro en X, junto a una imagen del nuevo edificio.
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Es válido precisar que, el evento de inauguración se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad y una campaña gráfica de rechazo que sobrepasó lo simbólico. Desde la madrugada, en diferentes puntos del campus se exhibieron pancartas y afiches críticos hacia la administración de Petro, su iniciativa de una constituyente universitaria y la reciente gestión rectoral, al cuestionar la legitimidad de la reforma de estatutos.
Frente a este escenario, la comunidad universitaria enfrenta una división constante, pues si bien existe al interior de la universidad un irrestricto apoyo al Ejecutivo, un sector cada vez más grande ha denunciado la exclusión y politización de los procesos internos de la comunidad. Y se mostró a favor de declarar ilegal la escogencia del hoy rector por parte del Consejo de Estado, en detrimento del exacadémico Leopoldo Múnera.
En su defensa, Petro detalló el alcance de la inversión en la universidad pública. “Entré y entregué la facultad que es muy hermosa, y con lo último en tecnología para el arte. Costó 70.000 millones de pesos y la inversión en la universidad será de medio billón que incluye su papel en el (Hospital) San Juan de Dios y la reconstrucción de la facultad de farmacia, ojalá para investigar la confección de medicina a Colombia”.
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Gustavo Petro denunció intervención judicial en la Universidad Nacional
La jornada estuvo marcada por el rechazo de grupos estudiantiles y profesorales, así como por enfrentamientos políticos al interior del campus. Desde horas tempranas, pancartas y afiches acusaban al Gobierno de utilizar la universidad con fines particulares, siendo uno de los puntos que más generó conflicto es la intención del Ejecutivo de que avance la constituyente universitaria y se redefina el modelo de poder.
Esto implica un cambio en la manera en la que se eligen los cargos directivos, como el del rector y los decanos, y la participación de la comunidad universitaria. En las pancartas y panfletos que circularon en diferentes partes del centro de educación, se recordaron los más grandes escándalos de la era Petro, como el megacaso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) y el de Juliana Guerrero.
El jefe de Estado impulsa una reforma de estatutos no solo para modificar el mecanismo de elección del rector, sino ampliar la participación de estudiantes en las principales decisiones del claustro. Sin embargo, la baja participación registrada en la designación de la Mesa Constituyente Universitaria, con solo 3.098 de 46.488 estudiantes de pregrado (6,64%), pondría en entredicho la representatividad del proceso.
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Uno de los grandes temores, en medio de los señalamientos de que el Gobierno quiere “robarse” la institución, sería la vulneración de la autonomía universitaria, pues la propuesta de elección por voto directo podría convertir la universidad en un escenario de campaña política externo. “Hablar de constituyente universitaria ya es un contrasentido”, remarcó Francisco Cajiao, exsecretario de Educación de Bogotá, a El Tiempo.