En Bogotá, la intersección de la calle 3 con carrera 53B bis, en la localidad de Puente Aranda, se convirtió en el nuevo epicentro del debate sobre la seguridad vial y el respeto al espacio público, así como un castigo “divino” para los infractores.
Este andén, ubicado en el límite de los barrios Barcelona y Galán, es hoy conocido en redes sociales como el “anden de los descarrilados” o el “anden justiciero”, tras viralizarse una serie de videos que muestran a motociclistas —incluido un agente de Policía— accidentándose al intentar usar la acera como atajo para evadir el tráfico.
Un punto crítico: de la imprudencia al “mito urbano”
El fenómeno salió a la luz luego de que la cuenta Pasa en Bogotá difundiera imágenes en las que varios motociclistas pierden el control al pasar sobre la berma pintada de amarillo. La superficie, que muchos comparan con estar “engrasada”, provoca que la llanta trasera se deslice y, en cuestión de segundos, los conductores caen violentamente al suelo.
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En uno de los casos más impactantes, un conductor de vehículo eléctrico pierde el control mientras adelanta por la derecha, acelera en vez de frenar y termina estrellándose contra un local comercial. La reacción de los usuarios en X no se hizo esperar. Algunos celebraron irónicamente la función disuasoria del andén:
“El andén de los inválidos”, “El andén bendito y justiciero” o “Andén NO apto para motos”, mientras otros critican la imprudencia de quienes invaden espacios peatonales: “El espacio es del peatón, nunca de la moto”, “Grasita en el andén, no lo vayan a copiar en la Guayacanes”.
¿Por qué los andenes se han vuelto el “terror” de los motociclistas?
Mientras las redes sociales viralizan memes y apodos para el lugar —“anden anti motosimio”, “el espanta tontos”, “el andén de la ley”—, surgen también voces que piden más educación vial y un enfoque preventivo, no solo represivo. La situación en la calle 3 con carrera 53B bis es solo un reflejo de una problemática creciente en la ciudad: la invasión de zonas peatonales por motociclistas
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En puntos críticos como la avenida Las Américas con carrera 68, el parque La Igualdad y la avenida Guayacanes, se han registrado hasta 40 motos por minuto utilizando la acera como vía alterna. El concejal Juan Manuel Díaz denunció este fenómeno y recorrió la zona, evidenciando la magnitud del problema y la necesidad de fortalecer la cultura ciudadana.
Esta práctica, lejos de ser una “travesura” o una respuesta al trancón, es una infracción grave que pone en riesgo la vida de peatones y de los propios motociclistas. Adelantar por la derecha, especialmente en zonas urbanas, multiplica el peligro, ya que se pierde visibilidad de peatones, ciclistas y vehículos que pueden girar inesperadamente. El resultado: caídas, colisiones y, en el peor de los casos, atropellamientos fatales.
Cifras que evidencian la crisis
En 2026, la Secretaría de Movilidad respondió con una ofensiva de controles e inmovilizaciones:
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- Entre enero y abril de 2026, más de 6.700 motociclistas han sido sancionados por invadir andenes.
- Las multas superan los $875.000 (15 smdlv), además de la inmovilización del vehículo. Ya se han llevado más de 2.400 motos a patios en lo que va del año.
- Entre enero y febrero, 37 peatones murieron y 404 resultaron heridos en siniestros viales; en abril, la cifra de fallecidos ascendió a 162, con un 13 % de aumento respecto al año anterior.
- En 6 de cada 10 muertes por siniestro vial, motocicletas estuvieron involucradas.
¿Qué dice la ley y cómo se sanciona?
Según el Código Nacional de Tránsito (infracción C.15), transitar en zonas no permitidas como andenes, ciclorrutas o parques implica una multa de 15 salarios mínimos diarios legales vigentes y la inmovilización del vehículo. La administración distrital ha reforzado los operativos en puntos claves, priorizando la protección al peatón ante el aumento de accidentes y quejas ciudadanas.
La invasión de andenes no es solo un asunto de multas o memes. Es una amenaza directa a la seguridad de todos. Cada “atajo” tomado por un motociclista en un andén es una decisión que pone vidas en riesgo. Para el cabildante Díaz, Bogotá necesita más presencia de agentes, controles efectivos, pero sobre todo conciencia.
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