Abelardo de la Espriella tiene una respuesta corta para quienes le preguntan por qué no va a debates: no le ve sentido hacerlo si el candidato puntero no aparece. Esto fue lo que respondió a quienes critican su falta de participación en los distintos espacios de debate.
“Si el señor Cepeda no va a los debates, ¿qué gracia tiene? ¿Yo qué hago debatiendo con gente que no pasa el margen de error? ¿O debatiendo con Paloma para que en medio de ese debate surja alguna rencilla cuando tengo que llevar la fiesta en paz con ella porque somos aliados naturales?“, dijo el candidato.
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La posición no es un rechazo absoluto a los debates. De la Espriella fue enfático: “Si Cepeda va, yo soy el primero que está ahí. No tengo problema”. Lo que descarta es sentarse frente a candidatos con mediciones por debajo del margen de error estadístico, mientras el líder de las encuestas se mantiene al margen.
Según cifras de Invamer mencionadas en la entrevista del candidato con Caracol Radio , Iván Cepeda creció siete puntos en la última medición y se ubica a solo siete puntos del umbral necesario para ganar en primera vuelta. Ante ese dato, De la Espriella fue directo: “Lo de Invamer es una vergüenza. Están inflando a Cepeda para generar ese nerviosismo”.
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El candidato también tiene una agenda que, según él, no da espacio para debates. Afirmó que debe visitar treinta ciudades en tres semanas y que nada reemplaza la presencia directa con la gente en los departamentos y municipios del país. “Se trata de ganar las elecciones y eso se gana con el pueblo, con la gente, que fue la alianza que hice yo desde el principio”, sostuvo.
Buena parte de la entrevista giró en torno a la corrupción. Cuando se le preguntó a De la Espriella por una denuncia difundida ese mismo día: un billón ciento cincuenta mil contratos de la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), presuntamente triangulados con la Fiduprevisora y relacionados con el exdirector Olmedo López, recursos que debían atender emergencias y que habrían terminado en carrotanques, maquinaria amarilla y ollas comunitarias. La respuesta del candidato fue sin rodeos: “El gobierno de Gustavo Petro es en realidad una banda criminal cuyo jefe es el presidente de la República”.
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De la Espriella prometió que, de llegar a la presidencia, su primera medida frente a ese tipo de casos sería una auditoría internacional. “Voy a hacer una auditoría internacional que determine en grado de certeza qué fue lo que se robaron, en qué dependencias, quiénes y hacia dónde se llevaron el dinero”, dijo.
Añadió que presentará las pruebas ante la justicia colombiana y que el asunto no quedará en la impunidad. “Aquí se han robado la plata de la salud, se han robado la plata de los acueductos, de los desastres, de los alcantarillados, se han robado hasta el agua de los floreros”, afirmó.
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Sobre el uso de esos recursos recuperados, el candidato puso cifras sobre la mesa: noventa billones de pesos que, según él, se pierden anualmente por corrupción podrían redirigirse a subsidios para adultos mayores —que subirían a cuatrocientos mil pesos—, a madres cabeza de familia, madres cuidadoras y capital semilla para jóvenes emprendedores.
Sobre el fenómeno electoral de Cepeda, De la Espriella lo describió como una candidatura que “se sustenta sobre los hombros del presidente” y consideró que solo puede enfrentarse con otro movimiento popular.
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Señaló que hace ciento cuarenta años Colombia no tiene un presidente costeño y que su propia campaña, construida sin estructura partidaria ni respaldo de grandes grupos económicos, es la prueba de que ese fenómeno existe del otro lado. Su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y él mismo confirmaron que, de no ganar, votarían por Paloma Valencia en una eventual segunda vuelta.