La primera vuelta presidencial se llevará acabo el domingo 31 de mayo de 2026, con más de 41 millones de ciudadanos habilitados para los comicios, por lo que las mediciones tienen atentos a los colombianos. Sin embargo, en un análisis realizado por la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, se detallaron los aspectos que debe revisar cualquier ciudadano antes de compartir resultados, comparar candidatos o sacar conclusiones apresuradas.
Y es que las encuestas de intención de voto, según el Programa de Ciencia Política de la institución educativa, son una herramienta para comprender el clima electoral, pero no anticipan el resultado definitivo.
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Las mediciones recientes de GAD3 e Invamer ubican en los tres primeros lugares a Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, aunque presentan diferencias en los porcentajes asignados a cada uno: GAD3 ubica a Cepeda con 36%, mientras Invamer lo registra con 44,3%, lo que demuestra que hay un margen de error.
Así, los expertos explicaron que la diversidad de métodos y fechas entre las encuestas pueden generar resultados distintos para un mismo periodo. GAD3 realizó entrevistas telefónicas entre el 20 y el 22 de abril, mientras Invamer utilizó entrevistas presenciales del 15 al 24 de abril.
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Estas diferencias metodológicas pueden influir no solo en la rapidez de la recolección de datos, sino en la representatividad de las muestras y en la capacidad para captar segmentos específicos. Por ello, el análisis comparativo entre diversos estudios adquiere relevancia para comprender las tendencias más allá de una cifra puntual.
Qué datos debe analizar un ciudadano antes de confiar en una encuesta
La diferencia entre intención de voto y favorabilidad es fundamental. La favorabilidad refleja la percepción positiva o negativa que tiene la ciudadanía sobre una figura pública, mientras la intención de voto se refiere a una decisión electoral concreta y confundir ambos conceptos puede llevar a interpretaciones erróneas: un candidato puede gozar de buena imagen, pero no necesariamente todos los que lo ven favorablemente votarán por él.
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La ficha técnica de la encuesta es esencial para evaluar su confiabilidad. Este documento debe incluir quién realizó el estudio, quién lo financió, el tamaño de la muestra, el periodo de recolección, el método utilizado, el margen de error y la redacción exacta de la pregunta aplicada. Estos elementos permiten determinar si los resultados reflejan al universo que se pretende medir y si las diferencias entre candidatos tienen relevancia estadística.
El método de recolección impacta directamente en los resultados. Una encuesta telefónica puede ser más ágil, pero enfrenta desafíos de representatividad. Las entrevistas presenciales suelen captar mejor a ciertos segmentos, aunque requieren mayor logística. El tamaño de la muestra, la cobertura territorial y los filtros para identificar votantes probables son variables que pueden modificar el “retrato” electoral que ofrece cada estudio.
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La importancia de la tendencia, el margen de error y el voto indeciso
Una sola encuesta no basta para explicar el panorama electoral. La observación de tendencias a través de varios estudios permite identificar cambios en el comportamiento del electorado. Factores como debates, alianzas, errores de campaña o hechos coyunturales pueden modificar la intención de voto en cortos periodos, por lo que conviene analizar las trayectorias y no solo los datos aislados.
El margen de error es clave para interpretar los resultados, especialmente cuando las diferencias entre candidatos son pequeñas. Si la distancia entre aspirantes está dentro del margen de error, puede existir un empate técnico y cualquier ventaja aparente debe leerse con cautela. Presentar como consolidada una diferencia estrecha puede inducir a error.
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Los indecisos, el voto en blanco y la abstención también influyen en la lectura de las encuestas. Una medición refleja preferencias en un momento determinado, pero no anticipa con precisión cuántos votantes acudirán efectivamente a las urnas. Según Manuel Camilo González Vides, docente de la Universidad de San Buenaventura, variables como los debates, las alianzas, la movilización territorial y el llamado “voto oculto” pueden alterar el resultado final.
Antes de difundir gráficos o resultados en redes sociales o aplicaciones de mensajería, es fundamental verificar la autenticidad de la información. Una imagen sin firma encuestadora, sin fechas, universo consultado, metodología o ficha técnica no ofrece garantías de veracidad. Comparar distintas mediciones, revisar la metodología y separar el análisis del deseo político permite construir una opinión informada.
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