Las denuncias que hoy rodean a Caracol Televisión ya no se limitan a un solo tipo de conducta. A medida que pasan las horas, nuevos relatos empiezan a dibujar un panorama más amplio, no solo se habla de presunto acoso sexual, también de dinámicas laborales marcadas por el abuso de poder, el hostigamiento y el silencio prolongado dentro del canal.
El tema tomó más fuerza luego de que la periodista Catalina Botero hiciera público en sus redes sociales que, tras su pronunciamiento inicial, recibió múltiples testimonios de mujeres que trabajaron en la compañía durante distintas épocas. Según explicó, varias coincidieron en patrones de comportamiento que se habrían repetido durante años, en algunos casos desde hace más de dos décadas.
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Una de las víctimas relató que hace más de 25 años fue acosada sexualmente por un periodista presentador que hoy trabaja en noticias del canal. Según su testimonio, cuando coincidieron laboralmente la actitud de él era hostil, grosera e irrespetuosa, y pese a que reportó su comportamiento a sus superiores, no ocurrió nada. Incluso recordó que en una ocasión él se atrevió a preguntarle si su pantalón y camisa combinaban con su ropa interior. Tiempo después, tras un conflicto laboral, fue despedida.
Otra mujer aseguró que durante años fue víctima de acoso sexual dentro del canal y que cuando decidió contar lo que estaba ocurriendo, esperando apoyo de las directivas, la respuesta fue apartarla de la organización. Según su relato, después de eso sufrió bloqueo laboral y persecución para evitar que la contrataran en otros medios, lo que considera una revictimización que se prolongó durante años.
También hay testimonios de acoso por parte de un periodista muy importante del país, quien, según una denunciante, comenzó a acosarla desde que empezó a trabajar para él y la sacó de su cargo como productora por no acceder a sus deseos. La mujer contó que otra periodista la ayudó a conseguir trabajo, pero le advirtió que si el hombre se enteraba de que volvía a trabajar en el canal podrían despedirla nuevamente, por lo que incluso tuvo que cambiar su apariencia.
Otro de los testimonios relató un episodio ocurrido en plena transmisión en vivo por radio y YouTube, cuando un directivo de Blu Radio, también vinculado al canal, dijo al aire que a una periodista le “hacía falta la minifalda de Anahí” mientras ella cubría los conciertos de RBD. La mujer contó que se quejó con su jefe directo por sentirse sexualizada, pero la respuesta fue que todo había sido una broma y que no debía tomárselo en serio.
Los testimonios coinciden en algo, varias de las mujeres aseguran que no denunciaron en su momento por miedo, porque algunos de los señalados eran protegidos dentro de la organización o llevaban muchos años en cargos de poder, y temían perder su trabajo o ser vetadas en el medio.
Mientras tanto, la respuesta institucional ya está en marcha. El canal confirmó que activó sus protocolos internos tras recibir denuncias contra dos de sus periodistas y presentadores. Se trata de un procedimiento que, según la empresa, busca atender los señalamientos con celeridad, proteger a las posibles víctimas y garantizar un proceso justo para todas las partes involucradas.
“La compañía adelanta actualmente la investigación correspondiente, garantizando el debido proceso, la confidencialidad y el respeto de las familias y partes involucradas, priorizando en todo momento la protección y el acompañamiento de las eventuales víctimas”, señaló el canal en su comunicado oficial.
Aunque los nombres de los señalados aún no son revelados, la decisión de mantener la reserva responde a la intención de evitar juicios anticipados mientras avanzan las indagaciones. Esta cautela, habitual en este tipo de procesos, contrasta con el creciente volumen de relatos que circulan fuera del ámbito institucional.
En su publicación, Botero aseguró que varias de las historias que le llegaron describen situaciones similares: tocamientos, mensajes insinuantes y relaciones atravesadas por jerarquías que habrían facilitado abusos. A esto se suman denuncias sobre ambientes laborales difíciles, en los que algunas mujeres dicen haber enfrentado presiones, humillaciones o represalias tras intentar denunciar.
Uno de los puntos que más inquieta en estos testimonios es la persistencia en el tiempo. De acuerdo con lo compartido por la periodista, no se trataría de hechos aislados, sino de comportamientos que, según las denunciantes, se habrían repetido durante años con diferentes víctimas. Esto abre preguntas sobre los mecanismos internos de control y la forma en que se habrían gestionado, o ignorado, alertas previas.
El propio mensaje de Botero deja ver esa preocupación. “¿Quién los protegió por tantos años? ¿Qué hacían con las denuncias que llegaban? Mucho por responder…”, escribió, al tiempo que etiquetó a entidades como el Ministerio de Trabajo y la Fiscalía, sugiriendo la necesidad de que el caso trascienda el ámbito interno.
En paralelo, otras cuentas en redes sociales difundieron denuncias adicionales relacionadas con el entorno laboral dentro del canal, incluyendo señalamientos sobre maltrato, gritos y decisiones arbitrarias en equipos de trabajo. Aunque estas versiones no hacen parte del proceso oficial anunciado por la empresa, contribuyen a ampliar el debate sobre las condiciones dentro de la industria televisiva.
Desde la compañía, el mensaje es claro en reiterar su postura frente a este tipo de conductas. En su pronunciamiento, insistieron en el compromiso de promover espacios laborales seguros, basados en el respeto y libres de cualquier forma de acoso. También indicaron que los procedimientos activados se ajustan tanto a sus normas internas como a la legislación vigente.
Por ahora, el proceso sigue en etapa de investigación. El desenlace dependerá de la verificación de los hechos y de las decisiones que se adopten a partir de los hallazgos. Sin embargo, más allá de lo que concluya el caso puntual, el volumen de testimonios ya plantea un debate más amplio sobre las dinámicas de poder en los medios de comunicación y la capacidad de las instituciones para responder a tiempo.