En menos de ocho días, ocho estudiantes del municipio de San Gil han resultado intoxicadas tras consumir clonazepam dentro del entorno escolar, un medicamento de uso psiquiátrico cuya venta está estrictamente regulada.
Todos los casos se han registrado en la misma institución educativa, el Colegio Nacional San José de Guanentá, lo que ha encendido las alertas de las autoridades locales.
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El más reciente episodio ocurrió el 26 de febrero, cuando tres adolescentes de ese mismo plantel debieron ser trasladadas de urgencia al hospital, profundizando la preocupación por la reiteración de los hechos en la misma comunidad académica.
Tres adolescentes intoxicadas el 26 de febrero
El caso más reciente se registró en el Colegio Nacional San José de Guanentá, donde tres estudiantes de entre 13 y 14 años presentaron síntomas graves tras ingerir clonazepam durante la jornada académica.
Según los reportes conocidos por medios como Vanguardia, una de las menores habría consumido el medicamento luego de que fuera mezclado en una bebida sin que ella lo supiera, lo que agrava la preocupación por posibles dinámicas de presión o engaño entre compañeros.
Las adolescentes fueron remitidas al Hospital Regional de San Gil, donde permanecieron más de 24 horas bajo observación médica. Los síntomas incluyeron mareo intenso, somnolencia profunda, desorientación, pérdida de conocimiento y episodios de desmayo.
El subsecretario de Salud de San Gil, Víctor Chaparro, confirmó al medio Vanguardia que este evento comparte características con otro ocurrido días antes: mismo plantel educativo, rangos de edad similares y consumo del mismo medicamento.
El funcionario advirtió que el uso inadecuado de benzodiacepinas puede comprometer seriamente la vida de los menores y subrayó que la problemática no solo compete al sector salud, sino también a las familias y a las instituciones educativas.
Además de la atención médica inmediata, al menos dos de las tres adolescentes fueron valoradas por profesionales en salud mental. Una de ellas, que presentaba antecedentes de síntomas depresivos y de ansiedad, fue remitida a un centro especializado, mientras que otra quedó a la espera de cupo en una institución psiquiátrica para seguimiento clínico.
Sospechas sobre retos virales y microtráfico
Las autoridades no descartan que detrás de estos casos pueda existir influencia de contenidos difundidos en redes sociales que promueven el consumo del medicamento como parte de un supuesto desafío entre jóvenes.
Sin embargo, la investigación continúa para establecer si existe una conexión directa o si se trata de un fenómeno vinculado principalmente al microtráfico en entornos escolares.
La Seccional de Investigación Criminal (Sijin) y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar intervienen en el proceso para esclarecer cómo los estudiantes accedieron a un fármaco que solo puede venderse bajo fórmula médica.
Padres de familia han denunciado que las pastillas se estarían comercializando entre alumnos a precios que oscilan entre los 5.000 y 30.000 pesos, lo que evidencia una posible red de distribución informal.
Tras el primer episodio reportado este mes, un hombre fue capturado y se encuentra en proceso de judicialización, mientras se adelantan indagaciones para determinar si hay más personas involucradas en el suministro del medicamento.
El caso del 18 de febrero: cinco estudiantes hospitalizadas
El antecedente inmediato ocurrió el 18 de febrero, cuando cinco estudiantes de entre 14 y 16 años ingresaron al servicio de urgencias del Hospital Regional tras ingerir clonazepam dentro del mismo colegio.
De acuerdo con la Secretaría de Salud local, se activaron los protocolos de atención integral, incluyendo la notificación al Icbf y a la Comisaría de Familia.
En ese episodio, la situación alcanzó un nivel crítico cuando tres de las adolescentes, ya bajo los efectos del medicamento, intentaron autolesionarse, lo que obligó a su traslado a centros especializados en salud mental.
Los reportes médicos señalaron episodios de desorientación, llanto incontrolable, agresividad, alteraciones del comportamiento y estados de somnolencia extrema.
La gravedad de los hechos encendió las alertas sobre la vulnerabilidad emocional de los jóvenes y la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención dentro y fuera de las aulas. Autoridades locales han reconocido que el entorno del plantel enfrenta riesgos asociados a la circulación de sustancias psicoactivas.
Ante la repetición de los casos en menos de una semana, la Gobernación de Santander anunció la realización de una reunión interinstitucional para reforzar controles y diseñar estrategias preventivas en los colegios de San Gil.