Más de medio millón de hogares encendieron por primera vez un bombillo en 2024. Detrás de esa cifra hay una transformación silenciosa que no se limita a números, implica noches con luz para estudiar, negocios que pueden funcionar sin interrupciones y familias que acceden a un servicio básico que cambia rutinas completas.
El último balance de la Unidad de Planeación Minero - Energética (Upme) confirma ese avance. A través de su Índice de Cobertura de Energía Eléctrica (Icee), la entidad reportó que el país cerró el año con 17.966.870 viviendas conectadas al servicio, una diferencia significativa frente a las 17.427.519 registradas en 2023. En términos porcentuales, el crecimiento fue del 3,09%.
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La expansión, sin embargo, no puede leerse de manera aislada. El indicador nacional alcanzó el 93,12% en 2024, lo que representa un aumento de 0,45 puntos porcentuales frente al 92,71% del año anterior. Aunque el número de hogares conectados supera el medio millón, el incremento en la cobertura total se explica en parte por el crecimiento del parque habitacional del país.
“Aunque el país conectó más de medio millón de hogares, el indicador crece 0,45% porque también aumentó el número total de viviendas en Colombia, lo que demuestra que el Gobierno avanza incluso en un contexto de expansión demográfica”, resaltó la Upme.
En otras palabras, el reto no se limita a llevar redes eléctricas a donde antes no existían. También implica mantener el ritmo frente a una población que crece y a nuevas viviendas que se suman cada año, tanto en ciudades intermedias como en zonas rurales. La planificación energética debe anticiparse a esa dinámica para evitar rezagos.
Precisamente en el campo se registró uno de los movimientos más relevantes. La cobertura rural aumentó 3,13% en solo un año, el mayor salto del periodo reciente. Con ello, el Icee rural llegó a 75,92% en 2024. La cifra refleja un avance concreto en territorios históricamente dispersos, con baja densidad poblacional y complejidades geográficas que encarecen la expansión de redes tradicionales.
En muchos de estos lugares, la llegada de la energía eléctrica no solo representa comodidad doméstica. También habilita procesos productivos, refrigeración para alimentos, conectividad digital y servicios de salud más estables. El desafío, según la entidad, radica en combinar infraestructura convencional con soluciones alternativas que permitan cerrar brechas de manera sostenible.
En contraste, las zonas urbanas mantienen niveles cercanos a la universalización. La cobertura en ciudades se ubicó en 98,71%, consolidando una tendencia de estabilidad alta. Aun así, la meta oficial sigue siendo reducir la distancia que persiste entre lo urbano y lo rural, una brecha que históricamente marca diferencias profundas en oportunidades y calidad de vida.
Desde la entidad técnica insisten en que el avance no es fortuito. “El crecimiento en el acceso a la energía eléctrica demuestra que cuando el Estado planea con información técnica, los resultados llegan al territorio. La Upme no solo mide la cobertura, sino que, orienta la toma de decisiones, identifica brechas y proyecta soluciones que permiten que la energía llegue a donde antes no Llegaba”, agregó la Upme.
El mensaje apunta a la importancia de la planeación basada en datos. El Icee funciona como una radiografía anual que permite identificar dónde están los rezagos, qué regiones requieren intervenciones prioritarias y cómo asignar recursos de manera más eficiente. Para el sector energético, contar con información precisa es clave en un contexto de transición y de creciente demanda.
Así, el 2024 deja un balance positivo en materia de acceso a la electricidad. El país se acerca cada vez más a la cobertura plena, aunque el desafío sigue vigente en las zonas más apartadas. El ritmo de expansión demográfica obliga a mantener la inversión y la estrategia técnica para que el crecimiento no diluya los avances logrados.