La ciudad de Pereira se alista para recibir del 21 al 23 de febrero dos encuentros abiertos de la comunidad therian, un fenómeno que ha ganado visibilidad en Colombia y que involucra a personas que sienten una identificación interna, espiritual o psicológica con animales.
Los organizadores anunciaron que las actividades buscan fortalecer la comunidad local y ofrecer un espacio para la expresión de identidades alternativas en el espacio público.
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El primer encuentro está programado para el viernes 21 en el parque Olaya Herrera, a las 7:00 p. m. Los participantes realizarán una caminata en manada y una meditación de luna llena, ejercicios diseñados para “conectarse con el animal interior”, según indicaron los organizadores en redes sociales.
Durante la actividad, los asistentes podrán portar colas, orejas, máscaras y otros elementos estéticos que simbolizan la afinidad con la especie con la que se identifican, además de realizar prácticas como caminar en cuatro patas (quadrobics), aullar y reproducir movimientos característicos de ciertos animales.
El segundo evento se llevará a cabo el domingo 23 en el skatepark de La Villa, a partir de las 2:00 p. m.. Este encuentro tendrá un enfoque comunitario, buscando consolidar la red local de therians y facilitar la interacción entre los miembros de la comunidad, de acuerdo con Alerta.
Según los organizadores, las actividades están abiertas a todo público y buscan normalizar la vivencia identitaria therian en el espacio urbano, promoviendo un ambiente de respeto, integración y convivencia pacífica.
Aunque algunas personas podrían asistir por simple curiosidad, los miembros de la comunidad therian destacan que estas actividades representan una forma de autoexpresión y construcción de identidad, más allá de la estética o la moda. “Es una manera de sentir y expresar lo que somos internamente, no solo un disfraz”, afirmó uno de los organizadores en una publicación en redes sociales.
La preparación de estos eventos ha generado debate y curiosidad entre ciudadanos y autoridades locales. Héctor Hernández, concejal y activista animalista de Pereira, indicó que los encuentros “no representan un problema social siempre que no haya agresiones ni daños a terceros” y defendió el derecho a la libre expresión.
Por ello, las autoridades municipales han decidido no prohibir las actividades, aunque se implementará vigilancia preventiva para garantizar la seguridad y el orden público durante los eventos.
El fenómeno therian no se limita a Pereira. En otras ciudades del país, como Cartagena, se han replicado convocatorias abiertas en parques y espacios públicos, donde los asistentes pueden portar disfraces, máscaras y colas, compartir comida y participar en dinámicas grupales. Por otro lado, en Antioquia, una convocatoria en Rionegro resultó ser una broma viral, aunque generó discusión sobre la percepción pública de estas comunidades y la visibilidad de identidades alternativas en espacios comunes.
A nivel nacional, Bogotá, Medellín y Cali también registran crecimiento de la comunidad therian, principalmente entre jóvenes de 18 a 30 años, aunque los organizadores destacan que la participación es abierta a personas de cualquier edad. Este movimiento ha generado debates sobre la integración de nuevas identidades en la vida urbana y los límites de la autoexpresión, especialmente en contextos escolares y familiares.
El término therian proviene del inglés therianthrope, usado desde la década de 1990 en foros digitales para describir personas que sienten afinidad con animales. Su popularización a través de redes sociales y plataformas como TikTok ha hecho de la teriantropía un fenómeno transnacional, con visibilidad en países como España, Uruguay y Argentina.
En Argentina, incluso se inauguró una escuela llamada “Firulais”, que ofrece talleres de interpretación animal con ejercicios de caminata, saltos y sonidos característicos de cada especie, dirigidos a la comunidad therian.
Especialistas señalan que la identificación therian refleja cambios en la construcción de la identidad personal, especialmente en entornos digitales, donde los límites entre lo humano y lo animal, o entre identidades heredadas y elegidas, se vuelven más flexibles. Para quienes participan, estas reuniones son una oportunidad para explorar narrativas propias y resignificar su lugar en la sociedad.