El ataque reciente contra la base militar San Jorge de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) en Arauca marcó el primer uso oficialmente reconocido de drones de visión en primera persona con fines ofensivos dentro del conflicto armado colombiano.
Según Infodefensa, el hecho se atribuye al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y expone la vulnerabilidad de los sistemas de defensa frente a un salto tecnológico que ya suma centenares de víctimas y afectaciones.
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Estos drones de visión en primera persona (FPV) son dispositivos controlados a distancia mediante cámaras que transmiten imágenes en tiempo real al operador.
Esta funcionalidad permite una maniobra precisa y una probabilidad más alta de acertar en los objetivos. Los drones se adquieren fácilmente en el mercado comercial, pueden transportar explosivos improvisados y, debido a su bajo coste y facilidad de adaptación, resultan especialmente atractivos para grupos armados como el ELN.
Expertos de Semana detallan que un elemento clave del ataque fue la capacidad de estos drones para volar a muy baja altura, modificar su trayectoria de forma repentina y operar en bandas de frecuencia difíciles de bloquear, lo cual limita la capacidad de respuesta de los sistemas de vigilancia tradicionales.
El reducido tamaño de los aparatos también complica su detección por radar. Este avance representa una diferencia esencial frente a los artefactos modificados de forma artesanal utilizados previamente por grupos armados en Colombia.
Los ataques con drones armados han dejado hasta la fecha al menos 400 incidentes, con el lanzamiento de 914 granadas, 313 afectaciones y 212 heridos, incluidas muertes de 24 soldados, un infante de marina y 28 policías. El promedio de estos ataques es de uno cada día y medio, según los registros consolidados por ambos medios.
A pesar de disponer de un sistema antidron en la base de Arauca, el ataque no pudo ser neutralizado.
Camilo Mendoza, especialista consultado por el medio ya mencionado, asegura que la defensa ante este tipo de amenazas exige la implementación de tecnología integrada que combine detección temprana, guerra electrónica y neutralización cinética.
En palabras del experto, la detección temprana busca alertar el acercamiento del dron lo antes posible, la guerra electrónica procura bloquear o interferir las señales de mando, y la neutralización cinética implica la destrucción física del aparato antes de que alcance su objetivo.
Este fenómeno exhibe la transición de artefactos rudimentarios hacia tecnología comercial adaptada al conflicto.
Según Semana, la mayor velocidad, versatilidad y capacidad de adaptación de estos drones armados representa un desafío cada vez más difícil de contrarrestar con las defensas existentes. La tendencia muestra un aumento sostenido de ataques en el suroccidente de Colombia, con consecuencias para civiles y personal militar.
En el plano regional, Semana detalla la consolidación de la presencia del ELN en zonas fronterizas como Catatumbo, Norte de Santander y el estado Zulia en Venezuela.
Las investigaciones señalan que el frente Juan Fernando Porras Martínez encabeza estas acciones y que existe una red de entrenamiento de guerrilleros en el manejo de drones armados presente tanto en Colombia como en Venezuela.
Las autoridades y analistas subrayan la urgencia de adaptar los sistemas de defensa ante la evolución de las amenazas. Mendoza, en diálogo con Infodefensa, insiste en la actualización de las capacidades tecnológicas nacionales, pues el acceso a tecnología comercial simplifica el uso militar de drones por parte de actores no estatales.
En regiones como Catatumbo, las rutinas del conflicto se ven transformadas. El zumbido característico de los drones armados se ha sumado a los sonidos habituales de la violencia, ilustrando la rápida adaptación tecnológica del conflicto interno colombiano.