En la mañana del domingo 8 de febrero, la parroquia La Medalla Milagrosa de Santa Marta vivió una situación poco habitual durante la celebración de la Eucaristía.
Un hombre sin camisa, únicamente cubierto por una bermuda desgastada y sin calzado, irrumpió en el templo ante la mirada atónita de los fieles.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
El individuo subió directamente al altar y se dirigió al sacerdote, a quien pidió protección porque, según afirmó, querían matarlo. Su aspecto evidenciaba condiciones de calle, mientras la misa continuaba en la parroquia ubicada cerca de la avenida el Río, en la intersección de la Cra 19D con 28.
Poco después, otro hombre, vestido de manera formal y acompañado de varias personas, ingresó al recinto. Aunque llegó visiblemente alterado, se contuvo al recordar el carácter sagrado del lugar y optó por retirar al presunto ladrón sin recurrir a la violencia.
Las autoridades locales confirmaron que el sujeto buscado era señalado de haber robado un teléfono móvil a una mujer en la vía pública. Tras el hurto, la víctima pidió auxilio y varias personas iniciaron la persecución, lo que llevó al acusado a refugiarse en la iglesia.
El sacerdote intervino rápidamente, solicitó calma a los asistentes y pidió a quienes pretendían agredir al hombre que desalojaran el templo. Decidió sentar al presunto responsable en la primera fila, invitándolo a escuchar el sermón, con la esperanza de que reflexionara sobre sus actos.
El suceso fue registrado por un feligrés y, tras la intervención, el hombre fue entregado a la Policía de Santa Marta.
Algunos vecinos recordaron al individuo como una presencia positiva y familiar. “Ese loquito no me acuerdo cómo se llama pero era un pelado completamente bueno y sano y hasta era buena gente siempre carismático y agradable él cuidaba los carros en el parqueadero de esa misma iglesia”, afirmó una de las voces, evocando la imagen de alguien integrado en la dinámica cotidiana del sector.
No obstante, las percepciones no fueron unánimes. Otros habitantes señalaron episodios previos que habrían generado molestias o temor.
Una residente advirtió: “Ese personaje es violento, y le gusta atacar a la gente. Tener mucho cuidado”, lo que reflejó la preocupación de una parte del vecindario por posibles riesgos asociados a su permanencia en el lugar.
También la intervención provocó una reacción en redes sociales, donde se puso en cuestión el proceder de la iglesia. Varios comentarios sugirieron que la decisión fue incompatible con los principios que predica la institución religiosa.
“Caramba el pobre va en busca de Dios y lo están sacando que horror”, lamentó una usuaria, mientras que otra enfatizó el tono excluyente: “Si ven que las iglesias son elitistas y clasistas”.
La controversia también abrió espacio para críticas sobre la falta de solidaridad espiritual: “Luego no están hablando de Dios? Porque no hicieron cadena de oración y oraron por él?”. Estas preguntas evidenciaron un malestar por la aparente desconexión entre el discurso religioso y las prácticas concretas.
Para otros habitantes, este tipo de situaciones ya no sorprende. “Ya eso es normal e incluso no es primera vez”, comentó un vecino, sugiriendo que esta clase de episodios se han repetido en el pasado, sin que se adopten soluciones de fondo.
Mientras se intensificaba el debate por el trato dispensado en la iglesia, la comunidad del barrio Nuevo Jardín y zonas vecinas pidió a la Policía Metropolitana de Santa Marta reforzar la vigilancia.
Según los residentes, en las últimas semanas han sufrido una serie de robos bajo distintas modalidades como atracos con arma de fuego, cuchillo y hurtos oportunistas. Comerciantes y peatones han expresado que la sensación de inseguridad se ha acentuado, afectando las actividades cotidianas y la confianza en los espacios públicos.