El inicio de 2026 llegó con un fuerte remezón para el bolsillo de los colombianos. En enero, la inflación mensual se ubicó en 1,18%, mientras que la variación anual escaló hasta 5,35%, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). El resultado confirmó que la desaceleración de precios observada durante buena parte de 2025 perdió fuerza y que las presiones inflacionarias volvieron a ganar terreno.
El dato anual mostró un repunte frente al 5,10% con el que cerró diciembre, mientras que la variación mensual se convirtió en una de las más altas registradas para un arranque de año reciente. Enero suele ser un mes de ajustes, pero esta vez el incremento fue más pronunciado, en un contexto marcado por la entrada en vigor del nuevo salario mínimo.
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La inflación es uno de los principales termómetros del poder adquisitivo de los hogares y un factor clave en la política económica. Un nivel anual de 5,35% implica que, pese al aumento del salario mínimo, el costo de vida sigue presionando los ingresos reales, especialmente en los hogares de menores recursos.
El resultado de enero también reabrió el debate sobre la velocidad con la que el Banco de la República podrá continuar reduciendo las tasas de interés. Un repunte inflacionario sostenido podría llevar a una postura más cautelosa por parte del emisor, en momentos en que la economía busca consolidar su recuperación.
Uno de los principales motores de la subida estuvo en los rubros más sensibles para los hogares. Restaurantes y hoteles encabezaron los incrementos, reflejando el traslado de mayores costos laborales y operativos a los precios finales. Este comportamiento suele intensificarse tras los aumentos del salario mínimo, especialmente en actividades intensivas en mano de obra, donde el ajuste salarial tiene un impacto directo en la estructura de costos de las empresas.
El transporte también jugó un papel clave en la aceleración inflacionaria. Los incrementos en tarifas de transporte urbano y otros servicios asociados se sintieron con fuerza en el arranque del año, sumándose al efecto estacional propio de enero. A esto se agregó el comportamiento de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que volvieron a aportar de manera significativa a la variación del índice, tras haber mostrado caídas o estabilidad en algunos meses del cierre de 2025.
En contraste, divisiones como educación no registraron variaciones en el mes, lo que ayudó a contener parcialmente el alza general. Sin embargo, el peso de los rubros básicos terminó inclinando la balanza al alza, con un impacto más visible en los hogares de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de su gasto a alimentos, transporte y servicios básicos. De hecho, las cifras por nivel de ingreso mostraron que los hogares vulnerables y pobres enfrentaron presiones inflacionarias similares o incluso superiores al promedio, evidenciando un golpe directo al poder adquisitivo.
Desde una perspectiva regional, el comportamiento de los precios también fue heterogéneo. Ciudades como Bucaramanga registraron las mayores variaciones mensuales, impulsadas por aumentos en comidas fuera del hogar, transporte urbano y algunos alimentos. En el otro extremo, Sincelejo mostró el menor incremento, aunque incluso allí se evidenciaron presiones en productos básicos y servicios cotidianos.
El resultado de enero reavivó el debate económico de fondo. Si bien el aumento del salario mínimo buscaba proteger el ingreso real de los trabajadores, el repunte inflacionario plantea el riesgo de que parte de ese ajuste se diluya rápidamente por el encarecimiento del costo de vida. Al mismo tiempo, el dato refuerza las señales de cautela para la política monetaria, en un momento en el que el Banco de la República evalúa hasta dónde puede avanzar en la reducción de tasas sin poner en riesgo la convergencia de la inflación hacia la meta.