La muerte de José Gonzalo Sánchez, conocido como alias Gonzalito, provocó una disputa por el control del clan del Golfo y llevó al Gobierno Petro a suspender temporalmente los diálogos de paz tras los acuerdos alcanzados en la reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump.
Según información obtenida por El Tiempo, las autoridades han intensificado la vigilancia en varias regiones de Córdoba ante posibles movimientos de los cabecillas, quienes buscan consolidar su influencia mientras el proceso de negociación permanece en incertidumbre.
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La desaparición de alias Gonzalito fue confirmada por la Fiscalía, tras un accidente en lancha en aguas de Córdoba.
Su ausencia dejó un vacío en la cúpula de la organización criminal, dando paso a una reconfiguración interna. Al menos cuatro figuras disputan el liderazgo y reorganizan territorios y rutas del clan.
Entre los aspirantes destaca Elkin Casarrubia Posada, alias el Cura, quien ha participado en las conversaciones previas con el gobierno.
Casarrubia, conocido por su perfil negociador y su rol en el manejo de las finanzas del grupo, fue beneficiado con el levantamiento de órdenes de captura junto a otros dos integrantes.
Esta decisión, que autorizó su presencia en la mesa de diálogo, lo perfila como el sucesor con mayores probabilidades, según fuentes del alto Gobierno.
En la lista de posibles sucesores se encuentra también Orozman Orlando Ostén Blanco, alias Rodrigo Flechas, jefe de la subestructura Javier Yepes en Córdoba.
De acuerdo con fuentes de inteligencia, Rodrigo Flechas inició un desplazamiento desde Panamá hacia Tierralta, acompañado por otros cabecillas vinculados a Bolívar y Sucre.
Rodrigo Flechas fue designado miembro de la mesa de negociación en diciembre de 2024 y figura en la lista Ofac del Departamento de Justicia de Estados Unidos por delitos de narcotráfico, lo que aumenta la presión sobre su figura.
Otro nombre clave es Rober Alexander Martínez Velásquez, alias Carepollo, jefe de la subestructura Luis Hernando Rozo Bertel, quien lidera a más de 40 hombres en Briceño, Antioquia.
Está involucrado en la minería ilegal de oro y mantiene el control armado de la zona. Por su parte, alias Negro Chocó dirige actividades en el norte de Bolívar y Sucre, y su presencia en Córdoba mantiene en máxima alerta a las autoridades.
Las operaciones de inteligencia, lideradas por fuerzas colombianas y con seguimiento de agencias estadounidenses, han incrementado los operativos especiales en Córdoba y departamentos vecinos.
En este contexto, las autoridades buscan establecer los movimientos de los cabecillas y consolidar el núcleo de mando de la organización en medio de un escenario altamente volátil.
La decisión de suspender los diálogos de paz en Catar, producto de los compromisos asumidos en la reunión Petro-Trump, incluyó la promesa de capturar en un plazo de dos meses a los principales cabecillas del clan, entre ellos Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo.
Esta medida añade incertidumbre sobre el futuro inmediato de las negociaciones y sobre la disposición de los mandos emergentes para retomar los acuerdos.
La influencia internacional se refleja en la presión ejercida por la lista Ofac y la cooperación policial y judicial con Estados Unidos, con el objetivo de capturar a los jefes de las subestructuras más activas de la organización.
El avance de las negociaciones dependerá de quién logre fortalecer el control financiero y la interlocución ante el Gobierno. La definición del liderazgo marcará el rumbo de los próximos acercamientos y podría determinar el éxito o la dilación del proceso.