La suspensión de las exportaciones de electricidad desde Colombia hacia Ecuador y el anuncio de un arancel del 30% a los productos colombianos crearon un nuevo foco de tensión bilateral que impactaría negativamente a ambas naciones.
Julio César Vera Díaz, presidente de Xua Energy y gerente general de Valjer Energy SAS, señaló que esta medida interrumpe una relación energética consolidada durante más de veinte años bajo condiciones técnicas, económicas y regulatorias claras.
El intercambio energético construido entre ambos países enfrenta su mayor desafío en décadas.
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En diálogo con Infobae Colombia, Vera Díaz explicó que Colombia y Ecuador mantuvieron durante más de veinte años un esquema de intercambios eléctricos que permitió a ambos países superar momentos críticos de abastecimiento.
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Estos intercambios garantizaron seguridad energética en épocas de bajas hidrologías tanto para Ecuador como para Colombia, mediante una operación eficiente y beneficiosa para ambos, afirmó Vera Díaz.
El especialista destacó que la situación actual no tiene antecedentes en la historia reciente de la relación bilateral. Señaló que es la primera vez que se plantean aranceles en un contexto que, además de haber funcionado correctamente, resulta extraño e incluso podría considerarse ilegal desde la perspectiva del intercambio energético en el marco de una comunidad regional como la Comunidad Andina.
Un negocio relevante y estratégico
El especialista subrayó que el intercambio de energía entre Colombia y Ecuador tiene un peso considerable. En 2024, Colombia exportó electricidad a Ecuador por un promedio mensual de USD 27,5 millones, lo que representa cerca de USD 339 millones en el año. En términos de volumen, las exportaciones promediaron unos 140 gigavatios hora diarios, con picos de hasta 240 gigavatios hora diarios en diciembre.
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Eso significa que Colombia exportó en un mes el consumo aproximado de un día completo del país, explicó Vera Díaz. Para Ecuador, el impacto fue aún mayor: el suministro colombiano llegó a cubrir entre el ocho y el diez por ciento de la demanda total de energía, en una economía que consume alrededor de 90 gigavatios hora diarios.
El precio también resultó determinante. Colombia vende energía a Ecuador a valores muy inferiores a los de la generación térmica local. En diciembre, el precio promedio fue de 30 centavos de dólar por kilovatio hora, lo que hizo que este suministro resultara eficiente, estable y competitivo, afirmó Vera Díaz.
¿Quién pierde más?
Aunque podría suponerse que Colombia es el principal afectado por la suspensión de las exportaciones eléctricas, el analista sostiene que el resultado es negativo para ambos países. “Con una mirada muy siniestra, uno diría que el que más pierde es Colombia, pero la realidad es que perdemos los dos. Aquí no hay ganadores”, advirtió Vera Díaz.
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Desde la perspectiva colombiana, el impacto va más allá de la energía. Vera Díaz recordó que las exportaciones totales hacia Ecuador superan los USD 600 millones en otros bienes, muchos de ellos sensibles a los precios.
“Son productos elásticos: si se encarecen por un arancel del 30 %, dejan de ser competitivos, se sustituyen o se buscan otros proveedores”, explicó. Esto perjudicaría sectores clave de la economía colombiana y tendría consecuencias en el crecimiento y en la generación de divisas.
Para Ecuador, aunque el año 2025 podría no presentar problemas de abastecimiento gracias a un buen régimen de lluvias, el panorama sería diferente a mediano plazo. La matriz energética ecuatoriana depende entre un 69 % y un 80 % de generación hidroeléctrica, lo que la expone a riesgos frente a futuros episodios de El Niño.
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“En un escenario como el de 2027, Colombia sigue siendo una alternativa real, eficiente y barata de abastecimiento. Prescindir de ella es un riesgo”, señaló Vera Díaz.
Un llamado al diálogo
Vera Díaz calificó como “extraña” la reacción de suspender exportaciones, aunque reconoció el derecho de Colombia a proteger su soberanía energética. No obstante, insistió en que la salida debe ser el diálogo. “Sin calenturas y con mucha frialdad, se debe buscar una negociación franca para superar esta coyuntura”, dijo.
El experto consideró que el trasfondo podría estar relacionado con la crisis de seguridad en la frontera y el crecimiento del narcotráfico, más que con una ruptura estructural de la relación bilateral.
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“Nuestros países ya tienen suficientes problemas globales como para generar una crisis regional innecesaria. Las guerras económicas no benefician a nadie; aquí todos perdemos”, concluyó.