Katerine Andrea Martínez, conocida como alias Gabriela o Andrea, se convirtió en la pieza clave para desentrañar la organización y motivaciones detrás del magnicidio contra el senador Miguel Uribe Turbay. La información proporcionada por Martínez no solo permitió a la Fiscalía General de la Nación reconstruir el recorrido de los implicados, sino que expuso la compleja estructura del grupo criminal orquestado por Elder José Arteaga o alias el Costeño.
Sus aportes a la investigación fueron recompensados por el ente acusador, que firmó un acuerdo en el que obtuvo una rebaja de pena, ahora pagará 21 años de cárcel, tras aceptar los cargos imputados en su contra por los delitos de homicidio agravado; fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego, accesorios, partes o municiones; y uso de menores de edad en la comisión de delitos.
Ahora puede seguirnos en nuestro WhatsApp Channel y en Facebook
“Desde luego que será la señora juez a voces del artículo 293 del Código Penal, quien constate directamente este conocimiento por parte de la procesada. Con todo, para la procesada, en este caso, es claro y comprensible el acuerdo. La Fiscalía cuenta con elementos materiales probatorios que acreditan ese estándar probatorio y el respeto de la presunción de inocencia, los cuales han sido relacionados dentro de este preacuerdo”, afirmó la representante del entre acusador en la audiencia contra alias Gabriela.
Y agregó: “También se encuentran relacionados en el escrito de acusación, pero para este preacuerdo, pues se han puesto, se han relacionado los necesarios y suficientes para acreditar esa presunta responsabilidad o esa responsabilidad de la señora Katerine Andrea Martínez. En este caso, no existe impedimento para la celebración del preacuerdo, puesto que, en primer lugar, si bien es cierto, de acuerdo con los elementos materiales probatorios, se ha indicado que este caso, este homicidio, sería cometido por precio o promesa remuneratoria”.
Las confesiones que facilitaron la negociación de un acuerdo con la Fiscalía
En sus confesiones, Katerine Andrea Martínez, de 19 años, identificó en detalle las instrucciones y roles que desempeñaron los involucrados, arrojando luz sobre la planificación previa y la ejecución del fallido atentado.
Una de las revelaciones más contundentes se relaciona con el armamento empleado. En su testimonio, afirmó que Elder José Arteaga expuso ante el grupo las características de la pistola utilizada: “Que esta arma venía del extranjero y que era una Glock, que había costado como 15 o 20 millones de pesos, que era un juguetote”.
La instrucción era precisa: emplear el arma en modo ráfaga, y, de ser necesario, disparar hasta agotar la munición. El objetivo, según enfatizó la joven, era provocar un ataque directo a la cabeza de la víctima.
La secuencia que Martínez describió inicia dos meses antes del atentado, cuando llegó a conocer a alias el Costeño. En ese lapso, fue reclutada para transportar armas utilizadas en otros asesinatos. El 7 de junio de 2025, día del atentado, la reunión clave tuvo lugar en el parque El Golfito, ubicado en el barrio Modelia de Bogotá, donde aguardaban alias el Costeño, el conductor venezolano Carlos Eduardo Mora y el menor designado como sicario.
El grupo preparó la operación a ejecutar dentro de un vehículo. Allí, distribuyeron la pistola Glock importada y modificada, siguiendo instrucciones directas de alias el Costeño. Martínez relató que el menor a cargo del atentado mostró una marcada excitación: “El muchacho estaba muy eufórico, acelerado, como contento. Decía: ‘Lo vamos a hacer real, le voy a pegar, le voy a pegar todos los tiros en la cabeza’”, de acuerdo con la narración ante el ente acusador.
La operación incluyó cambios de apariencia para el menor implicado. Según indicaciones que recibió, debía retirarse la chaqueta y la gorra, lo que dificultaría su identificación a través de las cámaras de seguridad.
Tras asignar los roles y precisar las tareas, el joven sicario se encaminó hacia el parque, mientras alias Gabriela y alias el Costeño bajaron del automóvil y se dirigieron al mismo lugar. Finalizado el ataque frustrado, contó Martínez, “nos mezclamos entre la multitud” y lograron escapar de la escena.