El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 14 de enero de 2026 en un promedio de $4.261,92, lo que representó una caída de 6,12 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,14%. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.291,27 y un mínimo de $4.225,2, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
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Respecto de jornadas pasadas, invirtió el valor de la sesión previa, cuando se saldó con un ascenso del 1,24%, mostrando que es incapaz de asentar una tendencia definida. Por lo que respecta a la volatilidad de estos siete días, se observa que presentó un rendimiento inferior a la volatilidad que reflejaron los datos del último año, lo que indica que está teniendo un comportamiento más estable de lo que indica la tendencia general recientemente.
Análisis de mercado
El foco de los mercados internacionales comienza a desplazarse gradualmente hacia Europa, donde el euro se consolida como una referencia de estabilidad relativa en medio de un escenario global cargado de contrastes. Mientras Estados Unidos sigue mostrando una combinación ambigua de inflación contenida y crecimiento resistente, la eurozona mantiene una narrativa más predecible desde el punto de vista macroeconómico, lo que permitió al euro sostenerse frente a un dólar condicionado por tensiones fiscales y políticas internas. La inflación estadounidense, proyectada en torno al 2,7% al cierre del 2025, dejó de ser el principal catalizador, dando paso a preocupaciones sobre el deterioro del balance fiscal y la creciente presión institucional sobre la Reserva Federal.
En ese contexto, el euro se beneficia de un entorno en el que el Banco Central Europeo logró anclar expectativas. Aunque el crecimiento europeo no es exuberante, la resiliencia del bloque se refleja en la estabilidad de su política monetaria y en la capacidad de absorber choques externos, desde tensiones geopolíticas hasta disputas comerciales. La cautela persiste, especialmente por la incertidumbre en torno a los aranceles internacionales y la evolución de los precios energéticos ligados a Oriente Medio, pero el mercado percibe que estos riesgos son, por ahora, manejables. Esta lectura permitió que el euro conserve atractivo como activo de reserva alternativa, particularmente frente a un dólar que enfrenta cuestionamientos sobre la independencia futura de su banco central.
El contraste con el Reino Unido refuerza esa percepción. Allí, la apreciación de metales sostuvo parcialmente la confianza en sectores extractivos, pero los ajustes estructurales en energía y los elevados cargos por deterioro contable evidencian una economía en transición forzada. Este telón de fondo hace que el euro luzca comparativamente más sólido dentro del espectro de monedas desarrolladas, aun sin ofrecer un impulso alcista contundente.
La dinámica europea tiene implicaciones directas para los mercados emergentes, y en particular para el peso colombiano. El peso colombiano navega un entorno externo relativamente favorable, pero con crecientes tensiones internas que limitan su desempeño. La debilidad selectiva del dólar y la estabilidad del euro crean una ventana para flujos hacia monedas de mayor rendimiento, aunque en el caso colombiano ese potencial se ve moderado por el deterioro del frente fiscal y el aumento de las primas de riesgo soberano.
Las tasas de los títulos de deuda pública continuaron ajustándose al alza, alejándose del nivel de la tasa de política monetaria, lo que refleja la preocupación del mercado por la sostenibilidad fiscal. La reducción en las subastas y el cierre anticipado del financiamiento externo para 2026 ayudaron a aliviar presiones inmediatas, pero no han revertido el nerviosismo estructural. A ello se suma una caída significativa de la inversión extranjera directa durante 2025, señal de cautela por parte de los inversionistas de largo plazo.
No obstante, el peso encontró un soporte relevante en el récord de remesas, que siguen actuando como un amortiguador clave frente a choques externos. Este flujo constante de divisas evitó movimientos desordenados en el mercado cambiario, incluso en episodios de mayor volatilidad regional. Sin embargo, su efecto es insuficiente para neutralizar los riesgos inflacionarios internos.
El fuerte incremento del salario mínimo, muy por encima de la productividad, reactivó el debate sobre la postura futura del Banco de la República. La sugerencia del equipo técnico de un ajuste adicional de tasas refleja la preocupación por un desanclaje de expectativas inflacionarias. De concretarse un sesgo más restrictivo, el peso colombiano podría recibir apoyo por el canal del carry, aunque a costa de mayores tensiones financieras internas.