Cerca de 10 toneladas de cocaína fueron interceptadas en el océano Atlántico, a más de 500 kilómetros de las islas Canarias, durante una operación coordinada por la Policía Nacional de España y la Armada Española.
En este operativo, participaron también agencias internacionales como la DEA de Estados Unidos y la Policía Federal de Brasil, entre otras.
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El hallazgo, registrado el 11 de enero de 2026 en aguas internacionales, representa la mayor incautación de cocaína en alta mar en la historia de España. Las autoridades investigan si parte del cargamento pudo salir originalmente de Colombia, lo que intensifica la atención sobre las rutas de narcotráfico entre Sudamérica y Europa.
La ruta tomada por el carguero confirma la relevancia de Canarias como nudo logístico en el tráfico marítimo de drogas hacia Europa.
El cargamento salió de Brasil, pero las investigaciones obtenidas por El Tiempo apuntan a la posibilidad de que la cocaína fuese embarcada anteriormente en Colombia o Venezuela, antes de su transbordo final.
El método de ocultamiento, esconder la droga entre sal común, revela una modalidad utilizada por organizaciones criminales que buscan aprovechar camuflajes legales y rutas de baja fiscalización en alta mar.
Esta técnica “avanzada” de ocultamiento pone de manifiesto la creciente sofisticación de las redes de narcotráfico sudamericanas. El objetivo es esquivar los controles en los puertos y blindar las operaciones, utilizando cargas legales y tripulaciones multinacionales, con el fin de disminuir los riesgos de detección durante la travesía por el Atlántico.
La línea de investigación sobre el posible origen colombiano del cargamento se encuentra abierta. La Fiscalía española, con el apoyo de autoridades colombianas, busca determinar si parte de los 9.994 kilos decomisados fueron embarcados en puertos de Colombia antes de continuar hacia Brasil.
Esta hipótesis toma fuerza ante la presión que ejercen los operativos marítimos de Estados Unidos en el Caribe, hecho que habría forzado a las organizaciones criminales a modificar puntos de embarque y acopio para eludir la vigilancia en rutas más vigiladas.
La magnitud de la operación y la coordinación entre agencias internacionales fueron resaltadas por el subdelegado del Gobierno en Santa Cruz de Tenerife, Jesús Javier Plata.
Plata afirmó que “la cooperación internacional fue esencial para el éxito de la intervención”, en referencia al trabajo conjunto de la Policía Nacional, la Armada Española, la DEA estadounidense y otras agencias europeas y latinoamericanas durante el seguimiento y abordaje del carguero.
El jefe de la Brigada Central de Estupefacientes, Alberto Morales, señaló que “desde el año 1999, cuando se intervino el buque ‘Tammsaare’ con 7.500 kilos de cocaína, no se había realizado una incautación de estas dimensiones en aguas internacionales”.
Este antecedente sitúa el actual decomiso como el mayor registrado en alta mar y confirma el aumento en la escala de los envíos, así como el reto que enfrentan los dispositivos navales y policiales para contener el flujo de drogas en el Atlántico.
El valor de la droga en el mercado europeo asciende a cientos de millones de euros, cantidad que estas redes tratan de compensar con el incremento del tamaño y frecuencia de los envíos por mar. Las autoridades destacan que la presión internacional y las incautaciones de gran volumen obligan a los grupos traficantes a diseñar rutas alternativas y métodos de ocultamiento más complejos.
La localización y captura de este carguero pone en evidencia la persistente actividad y la dinámica cambiante de las rutas marítimas del narcotráfico entre Sudamérica y Europa. Además, muestra que la capacidad de adaptación de las organizaciones criminales y la cooperación policial internacional continuarán determinando el desarrollo de este fenómeno transatlántico.
La intervención fue ejecutada por agentes especializados desde el buque de acción marítima Rayo, que abordaron un carguero procedente de Brasil y con destino a Europa. Durante la inspección, los policías hallaron 9.994 kilos de cocaína, distribuidos en 294 fardos ocultos bajo toneladas de sal.