Mientras la cantante colombiana Shakira prosigue con la realización de Las mujeres ya no lloran World Tour en México, uno de los conflictos que todavía la mantenía atada con el exfutbolista Gerard Piqué luego de su separación en 2022.
Aunque algunos reportes iniciando 2025 apuntaban que la relación entre ambos era cordial con el fin de priorizar el bienestar de sus hijos Milan y Sasha, lo cierto es que una vez que la barranquillera hizo su regreso a los escenarios circuló información de tensiones entre la pareja.
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Uno de los motivos de los roces entre la cantante y el exfutbolista se relacionó con las condiciones para concretar la venta de la mansión que ambos compartían en Esplugas de Llobregat, un exclusivo barrio a las afueras de Barcelona.
La propiedad forma parte de un conjunto residencial que la pareja construyó en 2012, poco después de iniciar su vida en común en la capital catalana. El complejo, diseñado por la arquitecta Mireia Admetller, abarca cerca de 4.000 metros cuadrados distribuidos en tres viviendas interconectadas.
La mansión, inscrita a nombre de la sociedad Inversiones BCN Two & Two SL, vinculada a Piqué, destaca por su arquitectura contemporánea y su estilo minimalista. Los espacios abiertos, los tonos claros y los ventanales de gran tamaño definen la estética de la vivienda, que se inunda de luz natural.
Entre sus instalaciones sobresalen seis dormitorios, cinco baños, varias terrazas con pavimentos de madera, un salón espacioso y una cocina equipada con isla central.
El inmueble ofrece además comodidades poco habituales en residencias urbanas: cuenta con piscina interior y exterior con cascada, gimnasio completo, biblioteca, sala de cine y un estudio de grabación donde Shakira trabajó en repetidas ocasiones.
En el exterior, los jardines albergan un campo de fútbol y una pista de pádel, reflejando las aficiones deportivas de Piqué. Además, la casa dispone de ascensor y accesos adaptados para personas con movilidad reducida.
Más allá de su valor patrimonial, la vivienda encierra una fuerte carga emocional para la expareja. Allí consolidaron su vida familiar y vieron crecer a sus hijos, Milán y Sasha. En ese entorno celebraron cumpleaños, reuniones familiares y éxitos profesionales, pero también atravesaron momentos difíciles y discusiones, al punto de que fue en esta misma casa donde Shakira comenzó a sospechar de la infidelidad de Piqué con Clara Chía, su actual pareja.
Tras más de tres años de intentos infructuosos, la operación se concretó por algo más de tres millones de euros, una cifra considerablemente inferior a los 12 millones que inicialmente pretendían obtener, según informó Architectural Digest España.
El proceso de venta estuvo marcado por desacuerdos entre ambos. Según reportó en marzo pasado el paparazzi Jordi Martin, Shakira no tenía prisa en hacer la venta del inmueble, pues buscaba que se vendiera al precio de mercado. En cambio, Piqué estaba dispuesto a aceptar una rebaja significativa para agilizar la operación.
Citando fuentes cercanas a la cantante, el paparazzi afirmó que las discusiones fueron intensas, puesto que a cada uno le correspondería el 50% de la propiedad tras la separación.
“Las discusiones que han tenido entre Piqué y Shakira son fuertes por este motivo, por el precio de la casa y que es Piqué el que está apretando muchísimo”, indicó Martin, al punto que la colombiana habría descrito las ofertas de Piqué como “una auténtica miseria”, negándose a ceder ante lo que consideraba un trato injusto.
Finalmente, el acuerdo se cerró en poco más de tres millones de euros, lo que permitió a la expareja avanzar en la liquidación de su patrimonio común y dejar atrás un asunto pendiente desde hacía más de tres años.
Cabe señalar que la transacción afecta únicamente a una de las tres casas interconectadas, de aproximadamente 700 metros cuadrados, mientras que las otras dos permanecen en el mercado, con un valor conjunto superior a 11 millones de euros.