Niñera colombiana expuso el infierno que vivió trabajando en Estados Unidos: “Me dijo que parecía una cucaracha”

A pesar de que el programa especifica que “un au pair es un miembro más de la familia que no debe convertirse en ningún caso en el servicio de limpieza”, la colombiana era obligada a realizar esta actividad

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La colombiana admitió haber aguantado varias faltas antes de renunciar - crédito @camilacar26 / TikTok

La primera familia con la que la joven colombiana Camila Carreño trabajó en el programa de intercambio au pair en Estados Unidos estuvo a punto de hacerla ‘tirar la toalla’ y regresar al país.

“Mi host mom (mamá anfitriona) me dijo que yo parecía una cucaracha y aun así me quedé en la casa. Sí, tuve una serie de momentos humildes. Todo el mundo ve los viajes, cómo la estás pasando de rico, todas las fotos que publicas, los videos, pero nadie ve lo que hay más allá de la experiencia au pair”, expresó la mujer en un video.

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Las reglas del hogar parecían más estrictas que el del resto de au pair, al igual que las condiciones de trabajo que, según comentó, no cumplían ni siquiera con las que el programa establece como mínimas:

Había muchísimas red flags en la familia. Aparte de que yo cuidaba a la niña, era la chacha de la casa; limpiaba, trapeaba, lavaba paredes, pulía las ventanas... cosas que no le corresponden a una au pair. No me pagaban las cosas de aseo y mi salario era 195,75 dólares a la semana, cuando lo mínimo que te pagan son 200 dólares, pero a mí ni eso. Además, trabajaba las 45 horas completas y no me daban ni plan de celular ni carro”, continuó denunciando la colombiana.

En Navidad le regalaron un bolso que fue devuelto al día siguiente por "no merecerlo" - crédito @camilacar26 / TikTok

Pero no se cuestionó si estaba o no en el lugar indicado hasta que “una vez la mamá se fue de vacaciones con la niña y se supone que esa semana no la iba a tener a mi cuidado (...) yo asumí que no tenía que trabajar, por obvias razones, y como no me iba a quedar sin nada que hacer, me fui. Pero ella por las cámaras se dio cuenta de que no estaba en la casa y me llamó a las 8:30 de la mañana a preguntarme dónde estaba”, dijo.

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Más allá de la paga o la ayuda prestada a las familias anfitrionas, el programa au pair ofrece una experiencia multicultural para ambas partes, pero, en el caso de Camila, parecía ser un programa de trabajos forzados:

“Me dijo súper enojada que se notaba que no quería trabajar y cuestionó que hubiera venido al país ‘sin ganas de hacerlo’. No sabía de qué estaba hablando, pero me dijo que eran sus vacaciones, no mías y que en la habitación de la niña me había dejado todo explicado”, agregó la joven.

La colombiana recibía menos dinero que el mínimo permitido como paga - crédito Grosby

La primera familia anfitriona de Camila solía dejarle listas de cosas por hacer o notas pegadas por toda la casa para que ella siguiera sus instrucciones e, incluso, estando lejos, esta no fue la excepción.

Como de costumbre, le pidieron que limpiara áreas de la casa que, en realidad, no le correspondían, pero su trabajo principal era hacer un libro, desde ceros, para que la niña se entretuviera al llegar a casa.

“Los materiales le costaron 10 veces más de lo que cuesta un libro y ella solamente lo hizo para mantenerme ocupada durante esa semana en la que no iba a estar. Y, aparte, me mandó el horario que debía cumplir, así ella no estuviera en la casa. Con la rabia del mundo, lo hice, pero después de eso empecé a cuestionarme, porque a cambio obtenía una miseria de dinero”.

La discusión sobre un posible aumento se realizó con una asesora del programa como testigo - crédito VisualesIA

Entonces, al regresar de las vacaciones, Camila habló con su madre anfitriona y le pidió un aumento, que entraron a analizar junto con la agencia en una reunión: “Yo iba a pedir unos 20 dólares y les di mis motivos, pero, de la nada, ella sacó una lista de cosas que yo supuestamente no hacía, pero sí las hacía”.

Pero eso no es todo, al terminar la lista le dijo en frente de la encargada del programa: “Pareces una cucaracha. Cada que nosotros estamos en la casa, tus sales. Y cada que nosotros salimos, tú te escondes, como las cucarachas”.

Camila se sintió impotente, pero decidió quedarse con todo y que ese mismo día publicó en un grupo de Facebook que estaba buscando otra au pair, aunque no está permitido por el programa.

Y, no contenta, aprovechando que se acercaba Navidad, decidió regalarle un bolso, que al día siguiente sacó de la habitación de la colombiana mientras no estaba para devolverlo en la tienda, argumentando que no lo merecía. La gota que rebasó el vaso y le permitió a Camila encontrar una mejor familia con la que trabajar.

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