Ganan los secuestradores, que dolor

Ahora estamos en el negocio del intercambio de seres humanos, unos apresados, pero con seguridad de su vida, por unos niños y unos ancianos indefensos

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Hernando Santos festeja la liberación de su hijo Francisco Santos el lunes 20 de mayo de 1991
Hernando Santos festeja la liberación de su hijo Francisco Santos el lunes 20 de mayo de 1991

En septiembre de 1990 fui víctima de secuestro por parte del narcotraficante Pablo Escobar. Ocho meses encadenado a una cama; cada noche me dormía sin saber si amanecería vivo y cada día me levantaba sin saber si era mi último día. Sobreviví de milagro, gracias a la Virgen, la verdad, quien me ha protegido. Por eso, tengo toda la autoridad para escribir lo que voy a escribir.

Siempre fui coherente con lo que hice. Ese secuestro me llevó a crear País Libre, una fundación que luchaba contra ese crimen y que las otras ONGs de derechos humanos despreciaban, porque decían que era una “fundación de los ricos”, lo que no era cierto, pero, además, implicaba que los derechos humanos de los ricos no importaban, algo que hoy se ve y se siente con el secuestro de cientos de israelíes en Gaza.

Marcha convocada por la Fundación País Libre
Marcha convocada por la Fundación País Libre

Desde País Libre promovimos una ley de iniciativa popular que obligaba a las familias de los secuestrados a cooperar con las autoridades, bajo pena de congelación de bienes. Cuando, como vicepresidente, me tocó debatir el tema del canje de Ingrid, los americanos y unos militares y policías por guerrilleros encarcelados, siempre me opuse. Yo era el único que se oponía, porque siempre pensé en las víctimas del futuro, pensaba en el incentivo que tendrían los terroristas para secuestrar y luego canjear sus secuestrados por otros presos en un círculo vicioso interminable. A Dios gracias no hubo que despejar territorio ni se dio el canje, en el que hasta Hugo Chávez estaba interesado, obviamente, y se rescataron tanto este grupo de secuestrados como otros más adelante.

Por eso, me duele el alma y el corazón ver lo que pasa en Gaza, donde unos terroristas asesinos despiadados, que solo merecen la cárcel y el infierno, ganan con cada secuestrado que liberan. Hasta la Cruz Roja se presta para estos intercambios macabros, que de humanitarios no tienen nada, pues solo van a dejar más muertos y más secuestrados en el futuro. Hamas gana reconocimiento entre los palestinos, y más de uno ya está dispuesto a inmolarse para acabar con Israel, que es lo que quieren, nada menos, y entonces la Cruz Roja irá a rescatar los muertos o los nuevos secuestrados en una operación tan séptica como lo que desecha el cuerpo todos los días.

Imagen de una pintada en Jerusalén en la que se pide al Gobierno israelí que traiga a casa a los rehenes secuestrados por Hamas. EFE/EPA/ABIR SULTAN
Imagen de una pintada en Jerusalén en la que se pide al Gobierno israelí que traiga a casa a los rehenes secuestrados por Hamas. EFE/EPA/ABIR SULTAN

Ya vimos cómo en las principales universidades americanas, las de 70 mil dólares al año, las Harvard y las Yale, hoy los estudiantes pueden odiar, ser antisemitas y expresarlo con toda tranquilidad -casi que con la complacencia de sus directivas-, y cómo aquellos que expresan una opinión contraria son suspendidos y hostigados, como si esos derechos humanos fueran menos importantes. Volvemos a lo de País Libre.

Y lo de los medios en general da vergüenza. Cómo celebran cada liberación, sin pensar en los que quedan, sin contar el dolor de los demás, sin poner este negocio inmundo en un contexto frente a los que quedan secuestrados y frente a los secuestradores depredadores que aún tienen niños y ancianos en sus manos. La verdad, el manejo de los CNN o los NYT del tema es idéntico al de la Cruz Roja: “participo de este negocio inmundo pero no me ensucio las manos”. Da vergüenza, y, en mi caso, siendo víctima de este delito en circunstancias similares, me provoca vomitar al leer o ver lo que veo y leo. Deshumanizan a la víctima, humanizan al victimario y crean el incentivo para que esto se repita en el Medio Oriente y, les aseguro, en otros lugares del mundo.

(AFP)
(AFP)

¿Un grupo terrorista quiere poner los ojos del mundo en su reivindicación? Cometa un horror como el de Hamas y secuestre cientos de personas sin discriminar edad, sexo, discapacidad, nada, y verá cómo todo el mundo corre a visibilizar sus objetivos y no los sangrientos hechos que llevaron a este evento.

Pareciera que el horror que Hamas cometió el pasado 7 de octubre hubiera quedado atrás. Ahora estamos en el negocio del intercambio de seres humanos, unos apresados, pero con seguridad de su vida, por unos niños y unos ancianos indefensos. Y todo es igual. No. Hamas puso en riesgo a todos los palestinos de Gaza con su acción violenta y es el responsable de la respuesta.

En Colombia la situación es igual. Recuerdo cuando el ELN, como gran cosa, en el acuerdo de Maguncia en 1997 aceptó no secuestrar menores ni ancianos. Cosa que ni siquiera cumplieron, hoy siguen haciéndolo, y ahora, con el argumento de la paz total, secuestran a cero costo. El “error”, como calificó el ELN al secuestro del papá de Luis Díaz, el Mane, no ha tenido mayores consecuencias y, la verdad, un diálogo en medio de los secuestros es inaceptable. Toca volver a movilizar a la ciudadanía, porque una paz así, como la que ya se dio con las Farc, sería un desastre, como fue el proceso de Santos.

Luis Díaz se reencontró con su papá, Luis Manuel Díaz, el 14 de noviembre tras su liberación por el ELN en Valledupar - crédito FCF
Luis Díaz se reencontró con su papá, Luis Manuel Díaz, el 14 de noviembre tras su liberación por el ELN en Valledupar - crédito FCF

¿No vamos a aprender la lección del pasado proceso de paz? Santos dejó unas Farc empoderadas políticamente -armadas y desarmadas- y un ELN creciendo al otro lado de la frontera, con un gobierno despótico que los ha protegido y que fue respaldado por Colombia en aras de esa mal llamada ‘paz’. Para lograr el acuerdo, Juan Manuel Santos desmontó la lucha antidrogas, dándole a esos grupos criminales el espacio para crecer. Esa paz de ambición no se puede repetir ahora como una paz de activismo o ideológica.

A este perro, como dice el dicho, no lo pueden capar dos veces. Santos ya lo hizo una vez, incluso irrespetando una decisión plebiscitaria. De todos depende que no vuelva a suceder. Si nos quedamos quietos, alisten lo que sabemos pues ahí volvemos a caer.