Tras conocer la sentencia del juzgado 39 Penal de Conocimiento de Bogotá, quien impartió condena en contra de Luz Fabiola Rubiano señalada de insultar a la vicepresidenta Francia Márquez con palabras racistas en las marchas del pasado 26 de septiembre en la capital del país. La mujer tendrá que responder por 17 meses de prisión por estos actos, por lo que parece que Colombia y en Bogotá esto no ha servido de lección.
En Infobae Colombia, conocimos el caso de Daniela* –la llamaremos así por protección a su integridad y la de su familia afrocolombiana–, una menor de 12 años víctima de palabras y actos racistas en el Instituto Educativo Distrital Soledad Acosta de Samper, ubicado en la localidad de Bosa.
“Mis compañeros en el colegio donde ando actualmente me tratan muy mal, me excluyen, siempre se burlan de mí, yo le comento la situación a los profesores y a ellos como que no les importa, simplemente me dicen que no les haga caso y ya”, nos relató con voz entrecortada.
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La menor asegura que no es solo víctima del maltrato verbal: ”Me cogen la maleta y me la tiran al piso, mis onces me las tiran al piso y hasta me han quitado mis útiles escolar. Eso me hace sentir muy mal, es un grupo grande que se burlan de mí todos los días por ser negra, por no ser de su color”.
El matoneo y maltrato es tal que Daniela afirma que ha querido quitarse la vida: “Me he sentido mal, me dan ganas como de matarme en momentos cuando mis padres no están, de morirme a causa de todas esas cosas que tengo que vivir todo el día, todos los días”, afirmó.
De este testimonio fue testigo el concejal de Bogotá Libardo Asprilla que viene liderado varios debates frente a los actos racistas en la capital y manifestó que “aquí evidenciamos hoy un producto de situaciones de racismo que se viven como consecuencia del caso de la señora Fabiola Rubiano contra la vicepresidenta Francia Márquez ahora reflejados en los entornos escolares, el sistema judicial tiene que seguir atendiendo con la misma celeridad y eficiencia con la que atendió este caso de racismo”.
El concejal también manifestó que la fiscalía hoy tiene más de 1.000 denuncias por estas conductas y esta es la primera vez que se profiere una condena por este tipo de actos; una decisión judicial sin duda ejemplarizante que establece un precedente judicial en la lucha contra los actos de racismo y discriminación racial que históricamente han venido afectando a la sociedad colombiana y en especial a las víctimas que son personas que tienen pertenencia étnica.
En conclusión, a pesar de los debates de racismo que viven los niños, niñas y adolescentes en los entornos escolares, parece que para la secretaria de educación es indiferente este tema, ya que hace unos meses fue denunciado por el concejal Asprilla que los menores Santiago (11 años), y Juan Pablo (13 años) habrían sido “revictimizados por esta entidad”.
Estos niños fueron víctimas del racismo en primera instancia en el 2019, en el colegio la Gaitana sede B villa maría localidad de Suba, allí la secretaría de educación de la anterior administración optó por la decisión de trasladarlos de colegio, sin brindarles ningún protocolo de atención hecho que ocasionó que el menor Juan Pablo fuera hospitalizado por estrés psicológico, este tema casi lo lleva al suicidio y la institución hizo como si no pasara nada; aunque los menores fueron trasladados de colegio, siguen siendo víctimas de actos racistas en su actual colegio
Asprilla hace un llamado urgente para analizar esta situación que aumenta en Bogotá, donde las víctimas están al interior de los recintos educativos: “Señores secretaria de educación y entes de control desde esta curul, como líder afrodescendiente y luchador por erradicar el racismo estructural que se presentan en los entornos escolares, pido se investiguen y se tomen acciones en contra de los directivos de las instituciones que no le prestan atención a este tipo de actos que destruyen el vivir cotidianos de los menores afrodescendientes, no queremos más casos como el de Daniela en Bogotá, ni en Colombia”.
Por lo pronto, la familia de Daniela proveniente del Charco Nariño, recibe atención y apoyo por parte de sus padres y comunidad afro en Bogotá.