204 meses y 27 días para amarse: la pareja interracial que desafió las leyes y cambió la historia, pero no tuvo el final que merecía

En 1958, Richard y Mildred Loving se casaron en Washington y regresaron a Virginia, donde su unión estaba prohibida. Una denuncia anónima los llevó a prisión y desató una batalla judicial que llegó a la Corte Suprema de Estados Unidos. Ellos solo querían vivir juntos y criar a sus hijos en paz

Richard y Mildred Loving amores
Las autoridades de Virginia arrestaron a Richard y Mildred Loving en su casa por haber contraído matrimonio interracial
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El haz de luz atravesó la oscuridad y se posó sobre las dos figuras que dormían en la cama matrimonial de esa casa de Central Point, una comunidad rural de Virginia, en los Estados Unidos. Eran las dos de la madrugada del domingo 13 de julio de 1958 cuando los agentes irrumpieron en la habitación de Richard (24) y Mildred (18) Loving. La pareja se había casado poco más de cinco semanas antes, el 2 de junio, y las autoridades habían ido a secuestrar ese amor prohibido por las leyes del estado donde vivían.

Preguntas en la noche

-¿Quién es esta mujer con la que estás durmiendo?, le preguntaron a Richard. El abrió sus ojos azules, pero antes que pudiera modular una respuesta, Mildred le ganó de mano. A pesar de verse rodeada por tres hombres blancos con uniforme y dos órdenes de arresto fechadas el 11 de julio, respondió con voz firme: “Soy su esposa”. Luego, señaló lo que tenía sobre su mesa: el certificado legal que los registraba como casados.

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La vida era por entonces en blanco y negro: la segregación racial estaba todavía en vigencia en el estado de Virginia y en 15 estados más de un total de 24. Los matrimonios entre blancos y negros estaban terminantemente prohibidos. Por ello, la contestación de Mildred no los detuvo. El sheriff R. Garnett Brooks le dijo tajante: “No aquí”.

Les dieron unos minutos para vestirse y Mildred subió al piso superior para contarle a su madre lo que estaba pasando.

Una situación así hoy parece sacada de épocas remotas. Pero ocurrió hace solamente 68 años. Ellos, para la ley imperante, habían cometido un delito.

Esa misma noche los llevaron a la cárcel Old Caroline County Jail donde pasaron el resto de la noche. Lo hicieron en celdas separadas y con otros detenidos de su mismo sexo.

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Richard Perry Loving y Mildred Delores Jeter crecieron en la comunidad rural de Central Point

La fianza fue fijada por un juez en 1000 dólares (el equivalente a unos 10.000 dólares actuales) para cada arrestado.

Gracias a la intervención de su hermana Margaret Loving y que una compañía de finanzas le prestó el dinero que precisaba, Richard salió en menos de 24 horas.

Con Mildred, quien estaba en ese momento embarazada de seis meses del primer hijo de la pareja, no fue tan fácil. Cuando Richard intentó pagar para obtener su libertad bajo palabra, el juez no lo autorizó. Es más, lo amenazó: si no dejaba de insistir lo volverían a encarcelar a él.

Mildred debió pasar varios días detenida, en el segundo piso de la prisión, dentro de una celda de 1,50 m por 2,10 m.

Durante esa primera noche, Mildred escuchó al sheriff Garnett Brooks decirle a un preso que volvía de un permiso diurno para trabajar: “Te debería dejar entrar ahí, con ella, esta noche”. Quedó aterrorizada.

Finalmente, el 17 de julio, bajo la supervisión de su padre Theoliver Jeter, recuperó su libertad.

Estirando las fronteras

Richard Perry Loving había nacido el 29 de octubre de 1933, en Caroline, Virginia. Tenía ascendencia irlandesa e inglesa, ojos transparentes y la piel muy blanca. Era hijo de Twillie Loving, quien trabajaba desde hacía dos décadas para un hombre de color, uno de los más ricos del condado, y de Lola Allen. Todos convivían en armonía.

Al terminar su etapa escolar, Richard se dedicó a la construcción trabajando como albañil. También era un apasionado de los autos de carreras.

Por su parte, Mildred Delores Jeter, había nacido el 22 de julio de 1939 y pertenecía a una familia de raíces afroamericanas y nativas de los Estados Unidos, con ascendencia Cherokee y Rappahannock. Su padre, Theoliver “Jake” Jeter, era agricultor, y su madre, Musial Byrd, ama de casa. Sus hermanos tocaban música y la casa resultaba un centro de reunión.

Richard y Mildred Loving amores
La pareja viajó a Washington DC en 1958 para casarse debido a la prohibición legal vigente en el estado de Virginia

Los dos crecieron en el mismo lugar: Central Point. Una pequeña comunidad de campo donde, pese a las leyes de la segregación racial que dominaban el estado, las relaciones entre los habitantes de todos los colores eran muy poco rígidas. Richard tenía amigos negros; Mildred tenía amigas blancas. Unos trabajaban con otros y salían juntos. Personas de todas las raíces se movían juntas con naturalidad a pesar de la ley. De hecho, los Jeter y los Loving siempre se llevaron bien.

Richard conoció a Mildred cuando él con 17 años empezó a ir a la casa de los Jeter a escuchar a los hermanos de Mildred. Ella tenía, por entonces, 11.

Con el paso de los años esa amistad se convertiría en amor verdadero.

Pero poco antes de que comenzara su noviazgo, cuando tenía 16 años, Mildred quedó embarazada. El bebé nació el 27 de enero de 1957 y lo llamó Sidney. Curiosamente, en el parto la asistió la madre de Richard, Lola Allen Loving.

Al poco tiempo de comenzar la relación Richard Loving le dijo que quería criar a ese bebé como propio. El amor era intenso y sus familias estaban de acuerdo: pretendían casarse. Pero no sería fácil plasmar el sentimiento en los papeles. Desde 1924 en el estado de Virginia estaba vigente la Ley de Integridad Racial, una norma que prohibía los matrimonios entre personas de distinta raza.

El color de piel era un muro infranqueable para las cosas del amor, pero Richard y Mildred estaban decididos a encontrar una salida. Estaban enamorados y querían legalizar la unión. Cuando ella, con 18 años, quedó embarazada de su segundo hijo, Donald, el primero de ambos, todo se precipitó. Decidieron casarse. Irían adonde estuviese permitido. Viajaron 130 kilómetros hasta la ciudad de Washington DC y, el 2 de junio de 1958, se convirtieron en marido y mujer. Mr. y Mrs. Loving.

No eran activistas políticos ni militantes de nada. Ninguno tenía ni la más mínima intención de desafiar a las autoridades. Solo creyeron que estar casados legalmente, aunque fuera en otro sitio, les garantizaría poder vivir juntos y tranquilos y terminar de formar una familia. Así que regresaron a Central Point con su certificado matrimonial y se instalaron, temporariamente, en la casa de los Jeter.

Richard y Mildred Loving amores
La pareja tuvo tres hijos y Richard crio también al hijo mayor de ella

Para el estado de Virginia no alcanzaba cruzar la frontera estatal: también estaba prohibido que una pareja interracial contrajera matrimonio en otro lugar y regresara tan campante a vivir allí.

Ellos no lo sabían, pero muy pronto iban a ser considerados “delincuentes”.

Un anónimo los manda a prisión

Tiempo después de sus arrestos se supo que había sido un escrito anónimo lo que había alertado a las autoridades y llevó al sheriff con sus dos ayudantes a ingresar en la casa de los Loving para hacer cumplir la ley.

El 6 de enero de 1959 ambos se declararon culpables de infringir la normativa vigente. El juez Leon Bazile los condenó a un año de prisión, pero les ofreció suspender la condena con una condición extraordinaria: que abandonaran Virginia y que por 25 años no volvieran juntos al estado.

La elección era brutal: cárcel o exilio. Por supuesto, la pareja escogió irse. Se marcharon rumbo a Washington. Se instalaron primero en la casa de un primo de Mildred, Alex Byrd, y Richard salió a buscar empleo.

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Mildred Loving envió una carta al fiscal general Robert Kennedy para solicitar auxilio en la defensa de sus derechos

La vida no se parecía en nada a la que habían soñado. Les costaba adaptarse a la gran ciudad, Mildred extrañaba el apoyo familiar para la crianza de sus hijos y ambos añoraban la vida campestre. Mildred añoraba cosas simples como caminar sobre el pasto -detestaba el cemento- y caminar por senderos rurales para recoger el correo. Tampoco le gustaba la idea de que sus hijos no crecieran en espacios abiertos. Y ellos ni siquiera podían viajar juntos a Virginia para visitar a amigos y parientes porque corrían el riesgo de ser nuevamente arrestados en su propio pago. Solo podían ir por separado. Aunque los trascendidos dicen que iban por separado y se reunían allá, con mucho cuidado para no ser delatados.

Un Kennedy ayuda

Pasó el tiempo y, en 1963, Mildred decidió enviarle una carta al fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy. Ocupaba el cargo desde 1961 y era hermano, nada menos, que del presidente del país: John F. Kennedy. Ella sabía que Robert estaba involucrado en cuestiones de derechos civiles. No se equivocó. Él le respondió y le indicó que se pusiera en contacto con la American Civil Liberties Union (Unión Americana por las Libertades Civiles), una asociación sin fines de lucro que se dedicaba a la defensa de los derechos y libertades. Fue de esta manera que conocieron a dos jóvenes abogados: Bernard Cohen y Philip Hirschkop. La pareja insistió en que no querían convertirse en el símbolo de nada, que solo buscaban poder volver a su pueblo juntos.

Ese mismo año comenzó la batalla. El caso deambuló por todos los tribunales durante cuatro años hasta que llegaron a la Corte Suprema de los Estados Unidos. En ese órgano ocurrió lo que ellos no habían buscado: su historia de amor se volvió una cuestión constitucional.

El 10 de abril de 1967, sus defensores argumentaron frente a los nueve jueces de la Corte Suprema que el estado de Virginia no podía castigar a dos personas de distinta raza por amarse. Era un absurdo.

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La Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó por unanimidad la inconstitucionalidad de las leyes que prohibían el matrimonio interracial

El 12 de junio llegó la decisión del más alto tribunal por unanimidad: las leyes que prohibían los matrimonios de distinta raza violaban la Constitución de los Estados Unidos y la protección de la igualdad ante la ley y el debido proceso establecidas en la Decimocuarta Enmienda.

La sentencia anuló la condena de los Loving y dejó sin efecto todas las prohibiciones de matrimonio interracial que todavía existían en un total de 16 estados.

Habían ganado.

Una despedida temprana

Richard y Mildred volvieron a Central Point. El padre de Richard les regaló un terreno de 4000 metros cuadrados donde él comenzó a construir con sus propias manos la casa familiar.

Después de la resolución que les allanó la vida, ambos eligieron alejarse de las cámaras y de las noticias. Era simple: buscaban amarse sin interrupciones mientras criaban a sus hijos: Sidney Clay Jeter (el hijo de Mildred de la relación anterior), Donald Lendberg Loving (nacido el 8 de octubre de 1958) y Peggy Loving (nacida en 1960 en la ciudad de Washington).

Richard era muchísimo más reservado con los medios. Mildred, cada tanto, aceptaba alguna entrevista. La vida de ambos entró dentro de los márgenes de una postal sencilla, la que siempre habían querido: risas, trabajo, amor y paz.

Pero la vida da y la vida quita.

Nada dura para siempre.

El domingo 29 de junio de 1975, con solamente 41 años y toda una vida por delante, Richard Loving murió. Fue de repente, sin aviso.

La pareja iba con Garnet Hill, hermana de Mildred, en el auto, cuando otro coche -conducido por un hombre totalmente ebrio, llamado Floyd Emanuel Golde, de 42 años- pasó un cartel de detenerse y los embistió de lleno. El choque ocurrió a veinte kilómetros de su casa feliz, en la que nada volvió a ser como antes. Richard perdió la vida ese día de manera inmediata; y, Mildred, el ojo derecho.

Richard y Mildred Loving amores
Richard Loving falleció en 1975 a los 41 años en un accidente de tránsito provocado por un conductor ebrio

Fue enterrado en el cementerio de la iglesia bautista de Saint Stephen de la comunidad. Mildred sostuvo en una entrevista años después: “Me casé con el único hombre que amé y estoy feliz por el tiempo que tuvimos juntos”.

La vida sin Richard

Mildred tenía 35 años cuando murió su marido, pero jamás volvió a tener pareja. Continuó viviendo en la misma casa y se alejó lo que pudo de la prensa que la seguía buscando. En 1992 le explicó a un periodista del Washington Post que nunca había sido su intención cambiar las leyes ni convertirse en figura histórica.

El 31 de agosto del año 2000 Mildred, con 61 años, enfrentó otro durísimo golpe: la muerte de su hijo Donald de 41. Había dejado la vida a la misma edad que su padre. La causa no figura en ningún sitio.

La situación económica de Mildred, quien sufría una artritis severa, se volvió bastante precaria con el tiempo. Al punto de que su ex abogado Cohen, quien siempre siguió en contacto con ellos, decidió reunir dinero para ayudarla. Puntualmente para un nuevo revestimiento de la casa que había construido Richard para su familia y para el tratamiento dental que precisaba Mildred.

El 2 de mayo de 2008, Mildred murió como consecuencia de una neumonía. Seguía en la misma casa y ya tenía ocho nietos y once bisnietos.

Dos años después, en mayo de 2010, murió su hijo mayor, Sidney, con 53 años.

En 2016 se estrenó la película Loving, escrita y dirigida por Jeff Nichols. La actriz que interpretó a Mildred, Ruth Negga, tuvo un emotivo encuentro con la única hija viva de la pareja: Peggy Loving. Por su papel, Negga fue nominada al Oscar como mejor actriz.

Richard y Mildred Loving amores
La pareja descansa unida

Richard y Mildred no querían encarnar una revolución para cambiar el mundo. No deseaban ser famosos ni ocupar las primeras planas de los diarios. Su batalla era por el amor y la felicidad que les duró 204 meses y 27 días.

No hay mucho más que agregar a este amor tan real que hizo historia. Solo un detalle obvio en el que quizá no hayan reparado: el apellido de la célebre pareja que parece diseñado para ellos.

Loving se traduce al español como un gerundio: Amando.

*Escribinos y contanos tu historia: amoresreales@infobae.com

* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas

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