El 26 de noviembre de 2019 en la ciudad de Leeds, en el Reino Unido, donde un blanco nacionalista asesinó en 2016 a Jo Cox, legisladora del Partido Laborista, y el recuerdo de ese acto terrible sigue grabado en la mente de gran parte de la población. El ambiente de las campañas en el Reino Unido se ha tornado de lo más desagradable, en particular para las mujeres, quienes deben enfrentar un torrente de amenazas y maltrato misógino. (Andrew Testa/The New York Times)
El 26 de noviembre de 2019 en la ciudad de Leeds, en el Reino Unido, donde un blanco nacionalista asesinó en 2016 a Jo Cox, legisladora del Partido Laborista, y el recuerdo de ese acto terrible sigue grabado en la mente de gran parte de la población. El ambiente de las campañas en el Reino Unido se ha tornado de lo más desagradable, en particular para las mujeres, quienes deben enfrentar un torrente de amenazas y maltrato misógino. (Andrew Testa/The New York Times)

Abby Cumming-Vukovic va a ser representante de su estado. Pueden citar sus palabras.

Es cierto, solo tiene 16 años. También es cierto que solo estudia el segundo año de preparatoria. Sin embargo, ya tiene en su haber más de una década de experiencia política, si tomamos en cuenta sus actividades de proselitismo en 2008, cuando iba montada en un carrito que jalaba su mamá.

“Ser presidenta es la gran meta”, afirmó. “Por supuesto”.

Si les parece extraño escuchar esta frase de una adolescente, no la habrían reconocido el mes pasado, durante la conferencia Young Women Run Columbus organizada por Ignite, un grupo que se dedica a ayudar a las jóvenes a incursionar en la política. Las asistentes, de preparatorias y universidades de todo el estado de Ohio, quieren formar parte de las alcaldías de sus ciudades, ser comisionadas del condado, senadoras estatales y congresistas. No quieren ser la primera mujer en gobernar el país, pero solo porque más bien prefieren ser la tercera.

“Recuerdo que cuando estaba en segundo año y vi un cartel en el que aparecían todos los presidentes de Estados Unidos, me pregunté por qué no había ninguna mujer”, comentó Haley Zaker, de 17 años, quien cursa el último año de preparatoria en Lancaster. “Podría decir en tono de broma que seré la primera presidenta. Pero la verdad es que espero que no sea así, porque no podré postularme a la presidencia sino hasta 2040”.

Este grupo va a la vanguardia entre la siguiente ola de líderes estadounidenses: mujeres jóvenes que ya decidieron, incluso antes de que algunas de ellas puedan votar, que un día otros votarán por ellas.

Forman parte de la primera generación en que, al parecer, será más probable que las mujeres participen en política a que lo hagan sus pares varones, según la politóloga Melissa Deckman, del Washington College, quien realiza una investigación sobre la Generación Z y ha colaborado con Ignite. Los defensores de una mayor participación no han dejado que pase desapercibida esta tendencia, puesto que, con todo y los avances que lograron las mujeres en las elecciones del año pasado, las cifras todavía son austeras. Si la representación de la mujer en el gobierno de Estados Unidos siguiera en aumento al mismo ritmo que en la década pasada, se necesitarían más de cien años para alcanzar la paridad de género.

Ignite cree que la clave está en involucrar a las mujeres a una edad más temprana. La meta, que se expresó durante un segmento de la conferencia llamado “Declara tu ambición”, es construir una generación de mujeres que “demuestren su poder político y normalicen la ambición política”, señaló Anne Moses, fundadora y presidenta del grupo.

Kira Jones, de 18 años, quiere postularse para un cargo local. Cameron Tiefenthaler, de 17, planea participar en la contienda para la Cámara de Ohio o para el Congreso. Una estudiante de segundo año en la Universidad Estatal de Ohio saltó de su asiento y gritó para que la escuchara toda la audiencia: “¡Me llamo Kelsey Lowman y voy a ser una congresista estadounidense!”.

En una entrevista realizada más tarde, Lowman, de 19 años, dijo que todavía no estaba convencida por completo. No obstante, aclaró: “No quiero decir con timidez: ‘Tal vez me postule para un cargo público’, porque cuando los demás perciben esa duda, te hacen sentir pequeñita”.

Una gran mayoría de las estudiantes que atrajo la conferencia eran demócratas, como sucede con la mayoría de los programas de Ignite, a pesar de que el grupo, que no tiene ninguna afiliación partidista, ha intentado que participen más republicanas.

Existen razones sistémicas que explican esta situación. Algunas mujeres republicanas afirman que no creen que los grupos imparciales en realidad les abran las puertas. A otras les preocupa en principio el reclutamiento, pues consideran que los mejores políticos llegan por sí mismos a la política. Además, esta desigualdad se ha intensificado durante el mandato del presidente Donald Trump debido al gran número de mujeres jóvenes liberales que su elección atrajo a la política.

Shradha Parekh, de 21 años, quien cursa el último año en la Universidad Estatal de Ohio, dijo que las elecciones de 2016 hicieron que se diera cuenta de “cuánto afectan las políticas mi vida y la vida de las personas que quiero”. En 2018, Ignite la designó becaria para Columbus, y ha dedicado este año a colaborar para que arranquen grupos en centros de estudios de todo Ohio.

La experiencia “me ha empoderado como mujer y como mujer de color para encontrar mi lugar dentro de la política, porque, como todos sabemos, no es precisamente el espacio más acogedor”, subrayó Parekh. “Ignite en realidad ha cambiado mi opinión porque ahora creo que sí es lo mío, que debo participar en la política y tener un lugar en la mesa”.

Para Zaker, la campaña de 2016 coincidió con una clase de historia de octavo grado muy centrada en el gobierno. Compartió que se sintió muy animada al darse cuenta de que cuando su profesor hablaba de sucesos actuales sabía muy bien a qué se refería y podía participar.

“Tomaba en serio mis opiniones y eso me alentó a aventurarme más en la política, la idea de que un adulto aprecie tus aportaciones y te haga sentir que tu opinión importa”, explicó.

Zaker formó en su escuela un grupo de Students Demand Action, una rama de Everytown for Gun Safety, y se inscribió en el programa del gobierno estatal llamado Buckeye Girls State. Quiere postularse como candidata para el Congreso, al menos hasta que la presidencia sea una opción, y “parece más tangible ahora”, dijo. “Parece algo que en realidad puedo lograr si quiero trabajar duro para conseguirlo”.

Unas cuantas de las asistentes llevaban varios años interesadas en la política. “Desde que recuerdo”, dijo Cumming-Vukovic, de Westerville, quien relató que se le cayó el primer diente mientras estaba en un mitin de Obama y que se salió de una clase de historia de séptimo grado después de una exposición contra el movimiento Black Lives Matter. Otras dijeron que llevaban mucho tiempo haciendo algo en su comunidad, pero que ahora estaban explorando más a fondo la política electoral.

Shayanna Hinkle-Moore, de 19 años, estudiante de primer año de la Universidad Estatal de Ohio, luchó durante varios años para que se construyeran banquetas cerca de su preparatoria en Columbus y de otras, para evitarles a los estudiantes el peligro de sortear el tráfico.

Junto con algunos compañeros, movilizó a los vecinos y a miembros de su iglesia y consiguió que la ciudad le otorgara un financiamiento de dos millones y medio de dólares por año. Ahora, trabaja con funcionarios de la ciudad y del condado para conectar el proyecto de las banquetas con otro de puentes.

“Nunca creí que podría ser posible”, dijo. “A veces me digo: ‘Caray, soy yo la que está haciendo esto tan importante’”.

Para Sydnee Brown, también de 19 años y en primer año en la Universidad Estatal de Ohio, el punto de inflexión fue cuando los funcionarios escolares de su pueblo, en el área de Dallas, les prohibieron a los periodistas estudiantiles cubrir una huelga contra la violencia con armas. Con la ayuda de New Voices, una organización defensora de la libertad de prensa estudiantil, realizó actividades de cabildeo con los legisladores de Texas y testificó ante un comité del Senado estatal.

Brown no sabe bien si quiere dedicarse a la política o al periodismo, pero le atrae mucho la idea de un cargo de elección popular.

“Son quienes en realidad pueden tomar decisiones y cambiar las políticas”, dijo.

c.2019 The New York Times Company