
En 1955, la mujer peruana obtuvo su derecho a voto, siendo un poderoso avance en la igualdad que en aquella época solo se mantenía como un anhelo. Esta decisión fue promulgada por el entonces presidente Manuel Odría. Con este paso, el Perú se convirtió en la penúltima nación de la región en reconocer el valor de decisión de este sector de la población.
El recorrido para el reconocimiento de las peruanas como personas con derecho tiene un capítulo especial con la lucha que inició la chinchana María Jesús Alvarado, quien mantuvo firme su postura de la representación femenina en la intervención de actor que regían el destino nacional.
Este panorama nos acerca a lo que se vivió el domingo 17 de junio de 1965, cuando las mujeres nacidas en el territorio acudieron a sufragar por primera vez, haciendo valer su derecho como ciudadanas. A la lista de peruanas que enfrentaron a la opresión por la valoración de su presencia en el país se suma el de María Trinidad Enríquez Ladrón de Guevara, quien marcó un antes y después al convertirse en la primera mujer en acceder a estudios universitarios en Perú y Latinoamérica.
Un Perú sin derechos
Se considera que después de la Independencia, había una brecha profunda entre los beneficios que recibían los hombres en comparación con el de las mujeres, los cuales eran mínimos o casi nulos. Esto ocasionó un gran problema social, al verse impedidas de desarrollarse para sobresalir y cumplir con sus objetivos.

Por décadas, las peruanas recibieron una inquebrantable negación para acceder a la educación, en cualquier de sus niveles. Estas solo eran destinadas a capacitaciones para realizar actividades en el hogar y a favor del esposo, padre o hermano. Las personalidades que se encontraban en la clase alta de Lima eran las únicas que podían darse ese lujo de obtener conocimientos lejanos a las de cocinar, limpiar, entre otros.
Aunque muchas se resignaron a ese destino escrito, hubieron otras que no callaron y marcaron su propio camino, incluso cuando se veía imposible de cumplir. Con una educación básica culminada, María Trinidad Enríquez, nacida en Cusco en el año 1846, se propuso convertirse en abogada.
Siguiendo su instinto, escribió una carta a puño y letra al entonces presidente de la República. En el escrito solicitaba que otras peruanas también pudieran matricularse a una institución de preparación al igual que los hombres.

Esta solicitud fue aceptaba, lo cual le otorgó el permiso para rendir un examen de admisión en la Universidad San Antonio Abad del Cusco, el cual tuvo una duración de 10 días aproximadamente. Aquellos que dudaron de su capacidad se quedaron inexpresivos cuando obtuvo calificaciones sobresalientes.
Visibilizando a la mujer profesional
Un logro más a su nombre fue el haber culminado con éxito sus estudios de Derecho, recibiendo una distinción por las calificaciones que reunió en su vida universitaria. Para el año 1878 se graduó como bachiller en Jurisprudencia.
El gobernante del país de aquella época, Nicolás de Piérola, le brindó una autorización especial para que ella obtuviera un título profesional. Al conocer esa intervención, la cusqueña solo atinó a responder que el mismo permiso debería ser un gesto pata todas las mujeres del país que desearan estudiar, sin hacer algún tipo de distinción.

Una luchadora por los derechos de la mujer y el obrero
Su particular interés por la defensa de los peruanos despertó en ella una alianza con todos aquellos que necesitaran ser escuchados por las autoridades, sobre todo los indígenas nacionales que no se veían representados ni socorridos.
Un ejemplo que marcó la historia de Enríquez fue el haber sido la fundadora del periódico La Voz del Perú y de la Sociedad de Artesanos. Durante la batalla de Zepita o Chua Chua, la peruana organizó un batallón que fue integrado solo por artistas cusqueños. Siguiendo con sus propósitos, a la edad de 24 años fundó el Colegio Superior para Mujeres.

Reconocimientos a María Trinidad Enríquez
- El 11 de junio de 2021, el Gobierno, mediante la Resolución Ministerial 159-2021-MIMP, la incluyó en la “Orden Emérito a las Mujeres del Bicentenario” por su contribución al desarrollo del país, así por su lucha incansable por la igualdad educativa.
- Un dato de interés: en el año 2019 su rostro fue incluido en el carnet universitario que circuló en todo el Perú.
- Se tiene presente que su madre provenía de una familia noble, descendiente de los incas.
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