Hay trayectorias que desafían las clasificaciones tradicionales de los medios de comunicación. En la nueva entrega de Proyecto 86 —el ciclo audiovisual que se emite cada lunes por el canal de YouTube de Infobae—, Fernando Marín recibe a Nelson Castro, un protagonista central del periodismo argentino cuya identidad se divide de manera asombrosa entre el micrófono, el bisturí de cirujano y la batuta de director de orquesta. A 40 años exactos de aquel primer encuentro en 1986 que relanzó su carrera, Castro se entrega a un diálogo frontal, reflexivo y sin filtros de ninguna clase.
Durante la charla, Castro analiza con dureza el entramado de “cajas” y corrupción que ha signado la historia política y el fútbol del país, autodefiniéndose como un hombre de centro e “inexpugnable” ante los intentos de soborno. Sin rodeos, cuestiona la gestión del papa Francisco frente a las causas judiciales del kirchnerismo, afirmando que “ahí falló”. Sin embargo, el momento de mayor intimidad se revela al recordar su milagrosa supervivencia a los 15 días de nacer y, fundamentalmente, al abrir su corazón sobre la gran cuenta pendiente de su vida: la trágica muerte de la persona con la que planeaba formar una familia de cinco hijos, una pérdida que lo dejó marcado y que transformó su entrega profesional en su mayor refugio.
Fernando Marín: Son como cuatro décadas desde que nos conocemos y que trabajamos juntos en otro momento de la vida y en otro momento de los medios. Yo creo que sos el periodista más atípico de los últimos —y me voy a animar a un disparate— cien años. Porque, ¿un periodista abogado? Sí, puede ser, ¿pero un periodista médico cirujano? No es común. Y que a la vez sea un músico excepcional y conozca la cantidad de idiomas y cosas que te han sucedido en la vida... ¿Cómo podés sentirte en tu interior haciendo tantas cosas?
Nelson Castro: Qué lindo estar con usted, Fernando. Además, qué casualidad esto de Proyecto 86, ¿no? Porque nos conocimos justamente en el año 1986. Son cuarenta años exactos en que las circunstancias hicieron que alguien me llamara para preguntarme algo sobre el SIDA en Radio El Mundo, usted prestó atención y me dio la oportunidad de trabajar con usted y de rehacer mi carrera a mi regreso de los Estados Unidos.

El agradecimiento que yo le hago a Dios y a la vida es el de disfrutar cada una de las cosas que hago. Si usted me preguntara: “Bueno, Nelson, ¿disfrutaste como médico?”, mucho. ¿Como periodista?, mucho. ¿Como director de orquesta?, mucho. Ese es el tesoro de mi vida, Fernando. Por eso, cuando yo digo “bella mañana” es lo que realmente siento, porque le agradezco a la vida poder hacer lo que me gusta todos los días.
FM: ¿Pero cómo puede un hombre estar en un quirófano, dirigir una orquesta, ir a cubrir una guerra y salir corriendo para un refugio subterráneo en Israel? La verdad, yo no comprendo si sos el mismo o si te multiplicás de una manera que ese esfuerzo lo terminás pagando.
NC: Mire, no siento que lo esté pagando. Tengo 71 años y me siento pleno, me siento con las energías que puede tener una persona de cuarenta. Lo veo a usted también, ¿no es cierto? Usted es un ejemplo de esto y, por lo tanto, esa energía es la que me mueve. Este motor de querer hacer. Yo siento que Dios me acompaña en eso. Soy una persona creyente y siento la presencia de Dios a mi lado todos los días, pero sobre todo en momentos tan dramáticos como las coberturas. Eso sí lo siento, Fernando, y creo que está en la esencia de esta energía que me da la vida para pensar, para hacer y para enfrentar cosas tan difíciles.

FM: ¿Le tenés miedo a la muerte?
NC: No, solamente lo que le pasa a todo el mundo: le tengo miedo al sufrimiento. A nadie le gusta sufrir, pero no le tengo miedo a la muerte.
FM: ¿Y pensás que vas a vivir mucho tiempo?
NC: No lo sé, es interesante eso. Pero planeo mi vida como si fuera a vivir mucho tiempo. Eso sí, si mi vida se terminara hoy mismo, en este instante, todo lo que tengo para decir es agradecimiento, porque puedo decir que soy quien quise ser.
FM: Siempre fuiste un hombre crítico. Fuiste muy crítico de la corrupción y de la política. ¿Vos creés que la mayoría de quienes rigieron este país, como presidentes o como partidos, anduvieron por el andarivel rozando la corrupción?
NC: Sí, lamentablemente, salvo honrosas excepciones. Creo que Alfonsín no era un hombre corrupto, pero hubo corrupción a su alrededor, y creo que los otros gobiernos tuvieron un componente de corrupción. La corrupción es, por supuesto, un mal del poder, y en la Argentina ha tenido consecuencias terribles porque ha significado perder oportunidades. Si pongo el ejemplo, la década del 90 fue una década de muy buenas oportunidades para la Argentina. Alfonsín fue un presidente honesto, pero con muchos problemas de gestión, y terminó su gobierno mal. Menem entendió utilitariamente para dónde iba el mundo; de haber tenido decencia y de haber entendido que él era un instrumento para generar cambios que debían seguir otros, tal vez el argentino hubiera aprovechado esa oportunidad, y la terminó perdiendo. Qué hablar del kirchnerismo, realmente. Creo que en la época del macrismo hubo niveles, no del nivel que tuvimos con el kirchnerismo, pero también los hubo, y creo que los hay ahora.

FM: Yo he escuchado a algunos presidentes con los que he hablado circunstancialmente —porque los medios siempre estamos cerca del poder y desde la producción he conocido a muchísimos mandatarios— que a veces hay “cajas”, como llaman, de diferentes sectores dentro de los aspectos gremiales o ministeriales, en las que uno tiene que participar porque realmente es la decisión que se tiene de una cuota. ¿Qué opinás de esto?
NC: No, yo no lo comparto, y por eso mismo han fracasado muchos de los que han venido con una idea de cambio. El peronismo es un verdadero problema para la Argentina como tal porque tiene ese concepto; ese es un concepto peronista que lamentablemente muchos gobiernos que supuestamente eran opositores han compartido: la idea de la “caja” como un instrumento para conservar poder o para construir poder. Por supuesto que para construir poder usted necesita medios y recursos, el problema es que cuando usted entiende que esos recursos los obtiene ilegalmente, ahí hay un verdadero problema.
FM: Hace un ratito te pregunté si tenías miedo a la muerte, ¿no? Y vos naciste con un grave problema, con la muerte al lado.
NC: Yo tuve a los quince días de nacer una erisipela gangrenosa. Estas cicatrices que tengo en el cuello son producto de esto. Estuve un mes en coma, con la extremaunción. Me trae un recuerdo muy emocionante, porque esto me lo habían contado siempre mi mamá y mi papá. Cuando ellos fallecieron, nos tocó ver los papeles, los recuerdos y ver qué hacíamos con eso. Entre los recuerdos me encuentro con una libretita que era mi supuesta libreta de bautismo, en donde el sacerdote de la Catedral de San Martín de ese momento escribe: “Bueno, vine a la casa de Nelson para darle el sacramento de la extremaunción y estuve con su mamá, con su papá, con sus padrinos y demás. Elevo este escrito en mis oraciones para bautizarlo de urgencia, para que cuando se cure podamos hacer el bautismo en la Iglesia”. Fue una cosa fuertísima. Muy fuerte, porque mi mamá y mi papá nunca me lo habían querido mostrar. Yo sé lo que ellos lucharon sin medios y sin recursos para eso. Para completar la historia, yo viví durante sesenta años al lado de la casa de mis padres hasta que fallecieron. Cuando me mudé a donde vivo ahora, un día en el ascensor una chica me dice: “Usted no sabe quién soy yo”, le digo que no, y me contesta: “Yo soy la nieta del médico que le salvó la vida”. No podía creerlo. Él falleció hace muy poco, así que es algo muy presente en mi vida.

FM: Naciste en un barrio alejado al que alguna noche te llevé; era largo llegar. Cuando íbamos conversando me ibas contando tus inicios en el periodismo como cronista deportivo, porque nadie sabe la cantidad de conocimiento futbolero que tiene Nelson.
NC: Los compartimos.
FM: Pero además de compartirlos, está esa multiplicidad que tenés: ser un tipo de barrio, médico, músico y periodista. Te iniciaste en los vestuarios, los conocés como nadie y, aunque seas un tipo correcto en tu decir y en tu hablar, conocés todas las minucias. ¿Hay corrupción en el fútbol?
NC: Sí, por supuesto. Es un verdadero problema lo que vivimos en la Argentina. ¡Usted luchó contra eso! Realmente, la corrupción es algo que se ha extendido lamentablemente en relación a aquello que yo conocí. Este año son 51 años desde que comencé a trabajar como periodista deportivo. Aquello no existía en la dimensión que existe ahora. Tenía todo un cariz mucho más amateur todavía, aun en el fútbol profesional, y no lo veíamos con la claridad con la cual hoy se ve todo lo que ha pasado, como el episodio con Di María. Además con una característica, Fernando: si en aquel momento existía, que por supuesto existía, era algo oculto. Hoy se lo muestran.
FM: Una pregunta que a mí siempre me rondó la cabeza, porque sos muy equilibrado cuando determinás ciertos conceptos: ¿vos sos un hombre de izquierda en el concepto general de lo que significa?
NC: Es interesante la pregunta, porque en la época de los 90 me habían invitado para el Día del Periodista al programa de Susana Giménez. Susana, que es encantadora y usted la conoce, me dice: “Pero esperate, acá dice que vos sos zurdo”, y nos echamos a reír. Mire, yo no creo que sea de izquierda, diría que soy un hombre de centro. Por supuesto que como hombre de centro defiendo las libertades, pero también me interesa todo el tema de la equidad social, que es un tema humano que va más allá. Tiene que ver con la doctrina social de la Iglesia como concepto absoluto que después usan algunos. La izquierda usa estas cosas con una actitud abyecta para buscar su propio beneficio.

FM: ¿A qué te referís cuando decís “abyecta”?
NC: Es cuando se utiliza causas nobles para su beneficio. Eso es lo que yo le critico a muchos dirigentes del peronismo cuando hablan de la equidad; ¿quién se va a oponer a esto conceptualmente? Ni usted, ni yo, ni nadie. Ahora, usted tiene que ver qué se hace con eso, y cuando se toma esa bandera para adueñarse del Estado y quedarse con el poder, eso es abyecto. Eso es inmoral.
FM: Hablemos de otro poder, del poder máximo de la Iglesia. Vos estuviste muy cerca de Francisco y tenés un concepto sobre él.
NC: Tiene dos aspectos: un pastor extraordinario, un hombre de testimonio —el hombre que era el cardenal primado de Argentina y viajaba en tren, que tenía ese concepto de la compasión con el otro—, y un hombre de poder, como todo jesuita, un hombre de poder implacable. Lo digo esto porque se lo he dicho a él.
FM: ¿Honesto?
NC: Honesto.
FM: ¿Y por qué recibía a una persona a la que vos diariamente criticás?
NC: Se lo comenté, aun cuando también se lo dije a él: “Yo critico esto, Santidad”. Él lo sabía y me respetaba. La historia es así: cuando Francisco es electo, Cristina Kirchner se lamenta de todo esto y va a la asunción. Ahí tienen esa famosa reunión de dos horas en la cual Cristina le dice: “Necesito que me ayude”. Él tomó eso y, lamentablemente, el “necesito que me ayude” terminó siendo una voz de silencio frente a hechos de corrupción innegables.

FM: Eso lo calló el hombre.
NC: Así es.
FM: Ahí falló el hombre.
NC: Ahí falló. Y, le repito, él lo sabía. Le cuento una infidencia que me la contó alguna vez Alicia Barrios: “Mirá, Nelson, todo lo que vos decís desde aquí, algunos alcahuetes se lo mandan a Francisco para que escuche y para que él se enoje con vos”. Y él siempre me supo respetar en eso, porque sabía que mi opinión era honesta.
FM: ¿Argentina será potencia en algún momento?
NC: Hubo un gran director de orquesta inglés, Thomas Beecham, que vino acá en el año 59 o 60. Él quería conocer el Colón y quería dirigir ahí porque le habían hablado los artistas de la acústica del teatro. Cuando llegó se maravilló por la acústica y empezó el ensayo. Vino a dirigir Wagner y necesitaba las tubas wagnerianas; el primer día no estaban y dijo: “Mire, necesito esto”. Le dijeron: “Mañana está”. Llegó el día siguiente y no estaban. Llegó el otro día, nunca estaban, y apareció el día de la función y fue un problema. Cuando volvió a Londres lo entrevistaron sobre lo que significaba estar en la Argentina y dijo: “El Teatro Colón, Buenos Aires, qué ciudad... toda la Argentina. Eso sí, la Argentina es el país del mañana mejor que nunca llega”. Me pareció una definición brillante. Yo creo que esto es lo que tenemos nosotros. A mí me pasa, como le pasa a usted cuando tenemos la fortuna de viajar por el mundo, de sentirme feliz y orgulloso de ser argentino. Yo me pude haber quedado a vivir en los Estados Unidos y decidí que ésta, la Argentina, era mi país, y estoy feliz de haber tomado esa decisión. Cuando viajo cubriendo guerras digo: “Qué benditos que somos en la Argentina, el país que tenemos”. Con el nivel de individualidades brillantes que usted y yo conocemos que lucen en el mundo, no hemos tenido la capacidad de generar líderes que, conscientes de esto, convoquen a un proyecto en común. Yo soy un convencido de que ese mañana mejor llegará. No sé si lo veré, pero trabajo todos los días, como lo hace usted, con esa idea.
FM: Voy a cerrar haciéndote una pregunta de lo que yo considero sublime, que es el amor. ¿Estás enamorado?
NC: No. Estuve enamorado una vez en mi vida. Yo estuve a punto de casarme cuando nos conocimos, cuando yo llego de los Estados Unidos. Estuve a punto de casarme con una persona extraordinaria, que lamentablemente falleció al volverme. Yo le había dicho: “Bueno, vuelvo y vemos qué pasa”. A mí me hubiera gustado tener una familia, habíamos planeado tener cinco chicos, y después nunca más se repitió. Habiendo vivido esto, después tuve alguna que otra relación, pero me di cuenta de que no era lo mismo. Solo hubiera concretado algo si se hubiera repetido esa situación, y no quise ser infeliz ni hacer infeliz a nadie.

FM: Nelson, el micrófono, el bisturí y la batuta fueron herramientas e instrumentos que conociste. Hacés tres cosas de una manera maravillosa y con entrega, y a lo que uno más se entrega normalmente en la vida, que es es al amor, ¿decís “no”?
NC: Bueno, no es que diga que no al amor; me tocó una vez, pasó, y me hubiera gustado que se hubiera abierto otra vez la puerta. Uno nunca está cerrado, ¿no? Por supuesto, tengo 71 años, me considero una persona plena, pero hay etapas de la vida que ya pasaron. Sin duda es una deuda de mi vida; a mí me hubiera gustado tener una familia con muchos chicos y muchos nietos, pero bueno, Dios por algo decidió que no sea así. Tengo hermosos sobrinos, tengo a mi hermano y disfruto mucho con ellos.
FM: Muy bien. Bueno, ¿vamos a desearle a la Argentina lo mejor en el Mundial?
NC: ¡Lo mejor! Yo siempre cierro el noticiero con “Vamos Argentina”. Tengo una enorme fe en la Argentina. Después se puede perder o ganar, esas son las circunstancias.
FM: Para mí fue un placer enorme tenerte acá.
NC: Para mí un privilegio de la vida. Soy un enorme agradecido de usted porque, permítame decirlo, usted confió en mí cuando Nelson Castro era un proyecto. Y ver en una persona un proyecto es propio de un hacedor, como lo es usted. Muchas gracias.
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