Lula III, mundo multipolar deseado y guerra en Ucrania

Desde su asunción, puso sobre la mesa una y otra vez la cuestión de la guerra de Ucrania. En casi todas las oportunidades se las ha ingeniado para que sus palabras cayeran peor en Ucrania y sus aliados que en el lado ruso

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asiste a una ceremonia en el Palacio de Planalto en Brasilia (REUTERS/Adriano Machado/Archivo)
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asiste a una ceremonia en el Palacio de Planalto en Brasilia (REUTERS/Adriano Machado/Archivo)

Desde su asunción a la presidencia en enero pasado, Lula da Silva puso sobre la mesa una y otra vez la cuestión de la guerra de Ucrania. En casi todas las oportunidades se las ha ingeniado para que sus palabras cayeran peor en Ucrania y sus aliados que en el lado ruso.

Una de sus máximas, fue la famosa frase cuando uno no quiere dos no pelean. En otras palabras, si los ucranianos el 24 de febrero 2021 no hubieran presentado resistencia no habría habido guerra. Solamente una rápida y exitosa invasión.

Llevando esta lógica a 1939, la culpa del inicio de la segunda guerra mundial caería en buena parte en los polacos por defenderse del ataque en pinzas de Hitler y a Stalin. Esta extraña traspolacion a las RRII de las doctrinas jurídicas mas abolicionistas y garantistas extremas, no deja de ser llamativa. Ya sabemos que efectos han tenido las mismas en las sociedades que se animaron a tratar de aplicarlas.

En caso de duda, consultar los medios de prensa chilenos y ver como Boric y su grupo de ex jóvenes pasaron de esas posturas a aprobar una legislación sobre uso de armas por partes de Carabineros que ningún gobierno de centro y centro derecha se hubiese animado a impulsar. La duda, de la cual no tendremos respuesta, es si Lula y sus asesores saben el dislate que representa ese comentario o meramente creen en él.

En su reciente, larga e eufórica gira por China, el presidente brasileño volvió sobre ese argumento de culpas equivalentes entre Rusia y Ucrania. También postuló la necesidad que un grupo de países, desde ya Brasil y China en primera fila, tomen en sus manos la mediación para poner fin a al conflicto armado. No es la primera vez que la política exterior del PT tuvo un momento de euforia sobre las posibilidades de jugar de igual a igual en las ligas de las grandes potencias.

Lula da Silva junto a Xi Jinping en su reciente visita a China (Ricardo Stuckert/Brazil Presidency/Handout via REUTERS)
Lula da Silva junto a Xi Jinping en su reciente visita a China (Ricardo Stuckert/Brazil Presidency/Handout via REUTERS)

Hace unos 10 años, Brasilia se ofreció de mediador entre Irán y los EEUU por el tema nuclear. La respuesta de Washington fue tan gélida como él casquete polar. Volviendo al 2023 y al Lula pacificador (en lo externo, dado que en lo doméstico se lo nota más propenso a usar a full la grieta), se presentan algunos problemas no menores. Para empezar, en la visión de Moscú no hay una guerra sino una misión especial. La misma China se niega a definir ese conflicto como una guerra. En otras palabras, Brasilia define el choque armado de una forma que ni Moscú ni Beijing lo hacen.

No menor tampoco el hecho que ni Putin ni Zelensky tienen el menor interés de precipitar un proceso de paz formal y abierto, dado que ambos y sus mandos militares se sienten muy distantes de los objetivos básicos a lograr en campo de batalla.

Tanto los EEUU como sus aliados en Europa, Canadá, Australia, etcétera, vienen elaborando programa de provisión de armamento y apoyo económico a Ucrania por varios años más. La misma Rusia está avanzando en reformas en su industria militar para mejorar su abastecimiento de armas y municiones para usar en esta guerra. Así como buscar la llegada de municiones y otros pertrechos y repuesto desde Irán, Corea del Norte y China.

Por todo lo dicho, el interrogante final es si todo este despliegue de declaraciones de Lula tiene básicamente un objetivo de marketing hacia afuera para tratar de poner simbólicamente a Brasil en el gran tablero y hacia adentro del país, en un contexto de bajo crecimiento y una variopinta coalición gobernante, o en serio se cree realmente en lo que se está proponiendo.

Último y por ello no menos importante, Lula ha dicho una y otra vez durante su gira en China que el Brasil aspira a un mundo multipolar mas justo y equilibrado. Un detalle no menor es que desde ya varios años los documentos oficiales y públicos de Beijing en temas de política exterior y geopolítica no dudan en afirmar que para el 2049 el país debe ser la principal potencia militar y económica del mundo y con ello avanzar en un nuevo orden mundial signado por los valores y principios que guían al régimen chino.

No se nota muchas referencias a la tan mentada multipolaridad. La cual en términos históricos tuvimos en escena en dos oportunidades en el siglo XX, una vez en 1914 y otra en 1939. Para bien o para mal, el sistema internacional avanza mas hacia una nueva bipolaridad entre Washington y Beijing más que a múltiples polos equivalentes.

De ser asi, la diplomacia del Brasil así como de la Argentina y otros tantos países deberán desarrollar una estrategia prudente, sofisticada e inteligente para caminar sanos y salvos entre estos dos grandes elefantes.

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