En la previa del Seder de Pésaj, una jornada que suele estar atravesada por la intimidad familiar y la tradición, el centro de Israel volvió a quedar bajo fuego. En cuestión de horas, se registraron cuatro ataques aéreos atribuidos a Irán, uno de ellos con bombas de racimo, que dejaron al menos 14 personas heridas. Entre ellas, una nena de 11 años pelea por su vida.
El episodio más grave se produjo en Bnei Brak, en las afueras de Tel Aviv. Allí, un misil balístico con una ojiva de racimo dispersó múltiples submuniciones sobre una zona densamente poblada. El resultado fue inmediato: heridos, daños materiales y escenas de desesperación entre vecinos que intentaban ponerse a resguardo.
Según los equipos de emergencia, la nena sufrió heridas severas por metralla y permanece internada en estado crítico. Su padre, que se encontraba con ella al momento del ataque y no había llegado a un refugio, intentó asistirla en los primeros minutos. Es voluntario del servicio de emergencias y, aun en medio del caos, le brindó los primeros auxilios antes de desvanecerse.
En paralelo, otros centros de salud recibieron a más víctimas.
En uno de ellos, una mujer fue internada en estado moderado junto a su hijo, que se encontraba fuera de peligro. También se reportó otro episodio que refleja el nivel de tensión que se vive: un chico de 6 años fue atropellado mientras corría hacia un refugio en Rishon Lezion. Su estado es moderado.
Las imágenes que circularon tras el ataque muestran el impacto en la vida cotidiana: edificios dañados, autos destruidos y equipos de rescate evacuando a familias enteras, incluidos chicos pequeños, de complejos habitacionales alcanzados por los proyectiles.
En Tel Aviv, uno de los misiles dejó un cráter en plena calle, cerca de la embajada de Francia, además de destrozos en viviendas y comercios.
Después de ese primer ataque, se sucedieron otros tres en rápida secuencia.
Dos de los misiles fueron interceptados por los sistemas de defensa, mientras que otro cayó en un área abierta. En simultáneo, desde Yemen, rebeldes hutíes lanzaron un misil hacia el sur de Israel, que también fue neutralizado antes de causar víctimas.
La escalada no es nueva, pero sí cada vez más intensa. Desde fines de febrero, cuando comenzó esta etapa del conflicto, se contabilizan más de 500 misiles balísticos lanzados hacia territorio israelí. Si bien la mayoría fue interceptada, varios lograron impactar en zonas urbanas, generando daños significativos.
Además, se registraron decenas de ataques con bombas de racimo en áreas pobladas, un tipo de armamento especialmente cuestionado por su efecto indiscriminado. En total, se contabilizan cientos de puntos de impacto en distintas ciudades.