La impresionante decoración de una calle holandesa por la Eurocopa que se volvió en una tradición

La costumbre comenzó en 1988, cuando la selección de Países Bajos ganó su primer y único título

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(AP Photo/Peter Dejong)
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Un camino de 64 kilómetros de banderines naranjas y el sonido de un martillo poniendo clavos en una pared para sostener lonas del mismo color son indicativos de un momento especial en el Marktweg, una calle suburbana de La Haya. Cada dos años, esta calle se transforma en un mar de naranja en honor a la selección nacional de fútbol de los Países Bajos durante las Eurocopas y las Copas del Mundo.

Durante los dos meses previos a la Eurocopa 2024, que comenzó el viernes en Alemania, un equipo de hasta 10 voluntarios se ha dedicado a decorar Marktweg. “Es hora de una gran fiesta”, contó a la agencia AP Macho Vink, un camionero de 35 años que participa activamente en las decoraciones.

Recupera algo de positividad”, añadió mientras el conductor de un automóvil que pasa toca la bocina y levanta el pulgar en señal de aprobación. Es una comunidad a disposición de disfrutar el deporte con el contexto más bello posible.

(AP Photo/Peter Dejong)
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El fenómeno de pintar de naranja la calle comenzó en 1988, durante la Eurocopa, el único torneo importante que la selección holandesa ha ganado hasta ahora. Aquel equipo contó con nombres importantes como el de Frank Rijkaard, Ronald Koeman, Marco van Basten y Ruud Gullit.

Danny van Dijk, un vecino y uno de los impulsores de esta tradición, explicó que la idea original era algo más sencillo, una decoración modesta, ni siquiera tanto como apoyo a la Selección de Países Bajos. “Comenzó como una broma: colgar en un árbol una pelota escrita con textos”, dijo Van Dijk a AP.

Sin embargo, esta broma pronto se convirtió en una tradición que ha crecido con el tiempo, y que atrajo cada vez a más voluntarios y apoyo financiero de empresas locales.

(AP Photo/Peter Dejong)
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“Desde entonces se ha hecho más grande y mejor”, contó Van Dijk, en referencia al patrocinio de empresas locales que contribuyen económicamente. Este patrocinio ayuda a financiar los materiales necesarios para la transformación de la calle, lo que permite que la celebración sea cada vez más espectacular.

Las decoraciones

La decoración misma ha evolucionado y el impacto visual de las decoraciones es impresionante. Las casas están completamente envueltas en lonas y pancartas naranjas, los faroles y los árboles también están cubiertos de este vibrante color, y hasta los contenedores de basura siguen esta paleta de colores.

Adicionalmente, según Van Dijk: “A los vecinos les gustó, a nosotros nos gustó y ahora, cada dos años, subimos a los andamios y decoramos la calle”. La calle más fanática de la selección de todo Países Bajos.

(AP Photo/Peter Dejong)
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Pero esta explosión de color no solo busca apoyar al equipo nacional, conocido como Oranje. También es una plataforma para fomentar la unión comunitaria. “Conoces a otras personas, charlas. A los niños les gusta, a la gente le gusta. Realmente une a la gente”, añadió Van Dijk.

Las decoraciones atraen a visitantes de otras partes de la ciudad y hasta de otras regiones, lo que también permite que los vecinos interactúen más y forjen lazos más fuertes.

Uno de los aspectos más interesantes de esta tradición es la participación de trabajadores municipales, quienes también se visten de naranja, así contribuyen a la cohesión estética del evento. Es una colaboración comunitaria en la que todos tienen un rol, pequeños y grandes negocios incluidos.

(AP Photo/Peter Dejong)
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El espíritu detrás de esta tradición es mantener vivo el entusiasmo y la moral alta, tanto en tiempos buenos como en malos. Como contó Vink, el objetivo es recuperar algo de positividad. La simple acción de decorar la calle con color naranja tiene un efecto significativo en el ánimo de los residentes y visitantes.

Cuando termina el torneo, el equipo de voluntarios no tarda en desarmar todos los adornos. “Esperamos dos o tres días para recuperarnos de la resaca”, dijo Van Dijk. “Luego, con 10 hombres derribamos todo. Volvés y todo desaparece”, concluyó.

El Marktweg, en su glorioso naranja, es un testimonio del poder del fútbol para unir a las comunidades y generar un sentido de pertenencia y orgullo nacional.

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