100 días después del Brexit: qué cambió en el Reino Unido y por qué muchos no están contentos

Concluido el tumultuoso período de transición, la ruptura entre Londres y Bruselas es una realidad desde el comienzo de este año. A pesar de las promesas de prosperidad de los impulsores del referéndum de 2016, por ahora las dificultades y las pérdidas parecen superar a los beneficios de la separación

Camiones hacen cola en el control fronterizo del puerto de Dover tras el fin del periodo de transición del Brexit, el 15 de enero de 2021 (REUTERS/John Sibley/File Photo)
Camiones hacen cola en el control fronterizo del puerto de Dover tras el fin del periodo de transición del Brexit, el 15 de enero de 2021 (REUTERS/John Sibley/File Photo)

Tras más de cuatro años de elecciones, votaciones parlamentarias, deliberaciones, amenazas e interminables negociaciones, la separación de hecho entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE) se consumó el 1 de enero pasado. Desde ese momento, el Reino Unido pasó a ser un país plenamente independiente, como reclamaban los simpatizantes del Brexit.

Este sábado se cumplen los primeros 100 días de un recorrido que estuvo atravesado por la brutal segunda ola de la pandemia, que en lo que va del año mató a 53.000 de las 127.000 personas que murieron desde marzo de 2020 en el país. Rápido como pocos, el primer ministro Boris Johnson aprovechó la mayor autonomía de la que empezó a gozar en 2020, durante el período de transición del Brexit, para cerrar un contrato y aprobar antes que nadie la vacuna de Pfizer/BioNTech.

Atrapada en canales burocráticos mucho más intrincados, en la necesidad de esperar la aprobación de la Agencia Europea de Medicamentos y de encontrar un mecanismo que permitiera un reparto equitativo de las vacunas entre sus 27 miembros, la UE se movió mucho más despacio. Y los resultados son contundentes. El Reino Unido tiene una tasa de vacunación de 55 dosis cada 100 habitantes, casi tres veces más que la UE, que promedia 19 cada 100.

El primer ministro Boris Johnson celebra tras recibir una dosis de la vacuna Oxford/AstraZeneca contra el COVID-19 en Londres, el 19 de marzo de 2021 (Frank Augstein/Pool vía REUTERS/File Photo)
El primer ministro Boris Johnson celebra tras recibir una dosis de la vacuna Oxford/AstraZeneca contra el COVID-19 en Londres, el 19 de marzo de 2021 (Frank Augstein/Pool vía REUTERS/File Photo)

Este es, sin dudas, el principal logro que puede exhibir Johnson con el Brexit. Sobre todo cuando muchos países europeos enfrentan una tercera ola de contagios de la que los británicos parecen estar a salvo gracias a la inoculación masiva. La media de casos diarios en el Reino Unido es de 43 por millón de habitantes y no para de bajar desde el pico de 881 a comienzos de enero. En la UE, en cambio, es siete veces más alta: ahora es 312 por millón, cuando a mediados de marzo era 200 por millón.

No obstante, si se hace el esfuerzo de mirar a través de la bruma de la pandemia, es posible identificar muchas otras consecuencias inmediatas del Brexit que se materializaron en los 100 días que pasaron. Y la mayoría no son tan positivas como esperaba el gobierno.

Camiones hacen cola en el check-in del puerto de Dover antes de ingresar a la UE el 11 de diciembre de 2020 (Foto AP / Frank Augstein, archivo)
Camiones hacen cola en el check-in del puerto de Dover antes de ingresar a la UE el 11 de diciembre de 2020 (Foto AP / Frank Augstein, archivo)

Tres de cada diez británicos consideran que la salida de la UE ha afectado negativamente su vida cotidiana y sólo uno de cada diez afirman que la ruptura mejoró su día a día, según una encuesta realizada hace dos semanas por la consultora Ipsos. El 60% restante dice que no registró cambios significativos, algo lógico porque se espera que muchos de los efectos se concreten con el paso del tiempo.

Pero en determinados grupos el malestar es más palpable. Si se acota la muestra a las personas con título universitario, la percepción de que el impacto fue negativo sube al 38 por ciento. Si se le preguntara a quienes se desempeñan en rubros puntuales, como la agricultura y la pesca, la proporción sería aún mayor.

Clientes compran en un supermercado Sainsbury's en Londres, el 11 de enero de 2021 (REUTERS/Hannah McKay)
Clientes compran en un supermercado Sainsbury's en Londres, el 11 de enero de 2021 (REUTERS/Hannah McKay)

Cambios en la vida de las personas y de las empresas

El divorcio político entre el Reino Unido y la UE se concretó el 1 de enero de 2020. Desde ese día, el archipiélago dejó de formar parte de las instituciones europeas, pero continuó dentro del mercado común, a la espera de la firma de un pacto que fijara los parámetros de las relaciones comerciales entre las partes.

El Acuerdo de Cooperación y Comercio se firmó in extremis el 24 de diciembre pasado y entró en vigor una semana después. Es un tratado de libre comercio que buscó que el intercambio a través del Canal de la Mancha continuara sin grandes disrupciones, como habría ocurrido si todos los bienes y servicios transados hubieran pasado a pagar aranceles de uno y otro lado.

Pero países que antes conformaban una unidad en todo menos en la moneda —el Reino Unido siempre conservó la libra esterlina— pasaron a ser apenas socios comerciales. La magnitud del cambio hizo que, para evitar el establecimiento de una frontera dura entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte se acordara el Protocolo de Irlanda del Norte, que en los hechos dejó a esa nación provisoriamente dentro del mercado común, creando una frontera interna con las otras tres que componen el Reino Unido: Inglaterra, Escocia y Gales.

Un agricultor trabaja en una granja en Melmerby, Gran Bretaña, el 11 de abril de 2020 (REUTERS/Lee Smith)
Un agricultor trabaja en una granja en Melmerby, Gran Bretaña, el 11 de abril de 2020 (REUTERS/Lee Smith)

Si bien las exportaciones británicas no pagan aranceles para ingresar a la UE, empezaron a estar sujetas a una serie de barreras aduaneras, como los controles fitosanitarios, que dificultaron el comercio, creando trámites burocráticos que antes no existían.

“Ha habido pocas repercusiones en la vida cotidiana, aunque en Irlanda del Norte los trastornos han sido más visibles. Una excepción son los mariscos vivos atascados en los puertos pesqueros por problemas para cumplir con las normas de la UE sobre depuración. Otro de los inconvenientes específicos que surgieron tras el final del periodo de transición es el de las empresas que utilizan al Reino Unido como centro de distribución”, dijo a Infobae Gemma Tetlow, economista jefa del think tank londinense Institute for Government.

Es cierto que no se volvieron realidad los peores temores que había, como interminables colas de camiones en los pasos fronterizos y góndolas vacías en los supermercados —aunque hubo algunos casos en Irlanda del Norte—, pero hay problemas y perjuicios para distintos sectores. Por ejemplo, muchos consumidores que antes podían traer cosas de países europeos sin ninguna dificultad tuvieron que acostumbrarse a pagar costos adicionales y a esperar mucho más que antes para recibir sus compras.

Un pastor atiende a sus ovejas en una propiedad cerca de Hawes en North Yorkshire, Gran Bretaña, el 9 de enero de 2020 (REUTERS/Phil Noble)
Un pastor atiende a sus ovejas en una propiedad cerca de Hawes en North Yorkshire, Gran Bretaña, el 9 de enero de 2020 (REUTERS/Phil Noble)

“El efecto directo más evidente para los particulares es que será algo más difícil trasladarse a la UE por turismo, negocios o viajes más largos. Pero como casi nadie puede viajar en este momento, es algo que todavía no se siente”, explicó Jonathan Portes, profesor de economía y políticas públicas del King’s College de Londres, consultado por Infobae. “Sin embargo, muchos individuos y empresas sí se han visto afectados. La mayoría de las firmas que comercian con la UE vieron aumentados sus costos por requerimientos de mayores trámites que antes. Muchas pequeñas empresas que envían productos a la UE o importan desde allí han sufrido retrasos, cargos adicionales en las entregas y devoluciones de productos. Para ciertas industrias, como la pesquera, ha sido mucho peor: se ha vuelto casi imposible exportar pescados y mariscos”.

Los más afectados fueron los productores de alimentos. Los exportadores de carne porcina, por caso, vieron aumentar tanto sus costos que se arriesgan a perder mercados. A muchos se les arruinaron cargamentos enteros mientras esperaban en camiones el cumplimiento de los distintos trámites. Los apicultores enfrentan un desafío aún mayor, ya que dejaron de poder importar abejas de Europa.

La industria pesquera es una de las que más está sufriendo. Los tiempos y el papeleo necesario para exportar a la UE alteraron totalmente su estructura de costos y afectaron su competitividad. Sus representantes están furiosos y acusan a Johnson de haberlos dejado de lado al no contemplar su situación en la firma del Acuerdo de Cooperación y Comercio.

Un trabajador pesquero tira de una red de sardinas en el puerto de Newlyn, Gran Bretaña, el 29 de diciembre de 2020 (REUTERS/Tom Nicholson)
Un trabajador pesquero tira de una red de sardinas en el puerto de Newlyn, Gran Bretaña, el 29 de diciembre de 2020 (REUTERS/Tom Nicholson)

La Asociación Nacional Ovina informó que los pagos necesarios para completar la nueva documentación solicitada suponen un costo adicional de más de un dólar y medio por cada cordero exportado. Para muchos pequeños productores el impacto es imposible de absorber.

“A corto plazo, el mayor impacto se ha producido en la agricultura y en la alimentación —continuó Portes—. Sin embargo, con el tiempo, otros sectores se verán afectados. Por ejemplo, aquellos que dependen de los trabajadores de la UE, como el de cuidados personales y la hostelería. No hay pruebas de ningún sector que se está beneficiando, aunque el Gobierno espera regular en el futuro el tecnológico con más eficacia que la UE, lo que, si ocurriera, podría reportar beneficios”.

Barcos pesqueros permanecen amarrados en un puerto mientras los retrasos en las entregas debido al Brexit afectan a la pesca local en Troon, Escocia, el 11 de enero de 2021 (REUTERS/Russell Cheyne)
Barcos pesqueros permanecen amarrados en un puerto mientras los retrasos en las entregas debido al Brexit afectan a la pesca local en Troon, Escocia, el 11 de enero de 2021 (REUTERS/Russell Cheyne)

Hay profesionales y trabajadores independientes británicos, que trabajaban en distintos países de la UE, que están viendo afectadas sus actividades porque ya no son ciudadanos europeos, así que tienen que solicitar visas y permisos de trabajo. Un caso emblemático es de los músicos, que ahora deben completar trámites complejos, que cuestan dinero, para realizar giras junto a sus colaboradores y a su equipo de trabajo.

Semanas atrás, un grupo de 100 artistas liderado por Elton John, Sting y Ed Sheeran publicó una carta abierta en The Times en la que acusa al gobierno de haberles “fallado vergonzosamente”, al no haber incluido en el pacto con Bruselas ninguna cláusula que les permita trabajar con la misma libertad que antes.

Foto de archivo de Elton John cantando en la 92 entrega de los premios Oscar en Hollywood, Los Angeles, el 9 de febrero de 2020 (REUTERS/Mario Anzuon)
Foto de archivo de Elton John cantando en la 92 entrega de los premios Oscar en Hollywood, Los Angeles, el 9 de febrero de 2020 (REUTERS/Mario Anzuon)

Efectos económicos de corto y largo plazo

Aún es temprano para estimar el impacto del Brexit sobre la economía británica. Sobre todo, porque se confunde con el de la pandemia, que ha sido devastador. Pero los primeros indicadores muestran que en lo inmediato los efectos netos de la ruptura con Europa han sido muy negativos.

Thomas Sampson, profesor del Departamento de Economía de la London School of Economics, contó que el golpe comenzó desde el mismo momento del referéndum, que causó una caída inmediata del valor de la libra, lo que aumentó el costo de la vida. “La incertidumbre que se generó también provocó una menor inversión y un menor crecimiento del PIB incluso antes de que se produjera el Brexit —dijo a Infobae—. Desde que el nuevo acuerdo comercial entre el Reino Unido y la UE entró en vigor a principios de 2021, el comercio con la Unión cayó bruscamente. Las exportaciones fueron en enero de 2021 un 38% inferiores a las de enero de 2020. Todavía es demasiado pronto para saber cuál será el impacto a largo plazo, pero hasta la fecha ha sido malo para la economía británica”.

El comercio entre el Reino Unido y la UE se desplomó en enero. Las exportaciones de bienes cayeron un 40,7% en comparación con diciembre de 2020, y las importaciones retrocedieron un 28,8 por ciento.

Un agricultor trabaja en un campo rodeado de torres de alta tensión en Ratcliffe-on-Soar, en el centro de Inglaterra (REUTERS/Darren Staples/File Photo)
Un agricultor trabaja en un campo rodeado de torres de alta tensión en Ratcliffe-on-Soar, en el centro de Inglaterra (REUTERS/Darren Staples/File Photo)

El total de las exportaciones británicas con el mundo cayeron un 19,3% y las importaciones 21,6 por ciento. Son los mayores derrumbes mensuales registrados por la Oficina Nacional de Estadísticas desde 1997. Este fue uno de los principales determinantes de que el PIB retrocediera 2,9% en enero de 2021.

“Es probable que las principales consecuencias queden en un primer momento ocultas bajo el impacto del COVID y se hagan evidentes tras un largo periodo de tiempo como una ralentización del crecimiento económico con un aumento de la inflación, consecuencia de la ruptura de los vínculos comerciales y de las cadenas de valor”, sostuvo Charlie Dannreuther, profesor de economía política europea de la Universidad de Leeds, en diálogo con Infobae. “Aunque muchas grandes compañías parecen haber asimilado bien el proceso, el impacto real puede notarse en los próximos meses a medida que se agoten las reservas y sea más difícil acceder a nuevos insumos. Para las empresas más pequeñas que trabajan en los sectores de la alimentación, la agricultura, la moda, la pesca o las firmas de servicios en el ámbito de la música, el impacto ha sido devastador, y muchas hablan de drásticas pérdidas comerciales”.

Un camión llega al puerto de Dover tras el fin del periodo de transición del Brexit, 1 de enero de 2021 (REUTERS/Peter Cziborra TPX IMAGES OF THE DAY/File Photo)
Un camión llega al puerto de Dover tras el fin del periodo de transición del Brexit, 1 de enero de 2021 (REUTERS/Peter Cziborra TPX IMAGES OF THE DAY/File Photo)

En el largo plazo, las secuelas podrían ser incluso más graves. Hay muchas compañías que importan insumos de la UE, producen en el Reino Unido y luego venden a distintos países de la Unión.

Con el divorcio, ese proceso se volvió mucho más oneroso, lo que lleva a muchas a evaluar seriamente el traslado de sus operaciones a alguna de las 27 naciones miembro. Eso causaría la pérdida de miles de puestos de trabajo británicos.

“El principal efecto del Brexit fue el restablecimiento de muchas de las barreras no arancelarias que existían entre el Reino Unido y la UE, y que habían sido barridas por el establecimiento del mercado interior de la UE. Esto hace que sea menos atractivo para las empresas británicas más pequeñas exportar a la UE y viceversa. En un horizonte de 10 a 15 años, una serie de expertos prevén que esto suponga un crecimiento más lento”, dijo a Infobae Iain Begg, profesor de economía política del Instituto Europeo de la London School of Economics.

El distrito financiero de la City de Londres, el 19 de marzo de 2021 (REUTERS/Henry Nicholls/File Photo)
El distrito financiero de la City de Londres, el 19 de marzo de 2021 (REUTERS/Henry Nicholls/File Photo)

El sistema financiero, sector clave de la economía británica, está entre los que más va a sufrir. La city londinense, que era la principal plaza europea, perdió atractivo para muchas firmas con sede en la UE. De hecho, el proceso de migración de operaciones comenzó en 2017, tras el referéndum. Es muy probable que se profundice en los próximos años.

La dificultad para traer trabajadores calificados de otros países europeos también puede hacer repensar su esquema de negocios a muchas firmas. Las trabas impuestas tras la separación hacen que el Reino Unido sea mucho menos rentable para empresas que tienen como mercado a toda Europa.

“Los servicios financieros estarán entre los sectores más afectados, porque perderán parte del acceso a los mercados de la UE —dijo Begg—. Ya hay indicios de puestos de trabajo desplazándose al otro lado del Canal de la Mancha y a Irlanda. Pero es sólo un goteo y sigue siendo verdad que la experiencia de la city londinense no se compara con la de ningún centro financiero de la UE, por lo que es un reto, pero no una gran amenaza. Algunos comercios minoristas se están beneficiando de poder importar más barato del resto del mundo y esto puede significar precios más bajos para los consumidores. Entre las cuestiones abiertas está la de si el Reino Unido aprovechará su libertad para hacer acuerdos comerciales con otras partes del planeta”.

Boris Johnson en una conferencia de prensa (Paul Grover /Pool via REUTERS/File Photo)
Boris Johnson en una conferencia de prensa (Paul Grover /Pool via REUTERS/File Photo)

La respuesta de Boris Johnson y de los brexiters ante este comienzo ominoso es que el país firmará pronto nuevos tratados de libre comercio que serán muy beneficiosos para la economía. Eso está por verse.

Muchos economistas son escépticos. Por más que el país pueda cerrar muy buenos acuerdos, es difícil que puedan superar lo que está perdiendo en el intercambio con la UE. En el mejor de los casos, podrán servir para compensar y equilibrar la cuenta. Pero no es eso lo que prometía el Brexit.

“En términos materiales, el caso en contra del Brexit tuvo desde el principio argumentos abrumadores y nada parece haber cambiado en ese sentido. Los beneficios de la mayor competitividad de la libra se contraponen a los crecientes precios de las importaciones en una economía que es importadora neta. Además, la falta de trabajadores inmigrantes perjudica al sector de la asistencia, al comercio minorista, a la gastronomía y a muchos otros pequeños empresarios. Hay menos recursos humanos disponibles con competencias técnicas y de alta cualificación, lo que supone un problema cuando el gobierno los necesita para ‘subir de nivel’. Así que, más allá de un momento de alegría por haber superado a los europeos, el daño es real y los beneficios materiales no están probados hasta la fecha”, sostuvo Dannreuther.

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