
La detención del ex secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos, este otoño, arrastró a los titulares nacionales e internacionales al modesto estado de Nayarit, una región entre Sinaloa y Jalisco, guarida de los dos grandes cárteles que controlan el tráfico internacional de drogas en México.
El pasado 15 de octubre, en el aeropuerto de Los Ángeles, California (EEUU), Cienfuegos Zepeda fue aprehendido por cargos que incluyen conspiración para distribuir heroína, cocaína, metanfetamina y marihuana al país estadounidense, presuntamente trabajando en nombre del Cártel H-2 con sede en Nayarit.
El general en retiro negó los cargos en su contra, y después de un mes de disputas entre los gobierno de México y Estados Unidos, el fiscal general de este país, William Barr, decidió que la política exterior pesaba más que el caso contra Cienfuegos, ordenando su liberación
El Cártel H-2 no era un grupo criminal menor. Según los informes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, la organización criminal en cuestión, no solo controló el tráfico de drogas en Nayarit entre 2011 y 2017, sino que también estableció estrechos vínculos con gran parte de la élite política del estado.
En la década de los 80, los capos sinaloenses dominaban los escalones más altos del tráfico de drogas de Nayarit, cuyas tierras altas y densamente indígenas fueron y son una de las principales zonas de cultivo de opio en México.
Nathaniel Morris, investigador del University College London, refiere que aunque el tráfico de drogas en Nayarit operaba con la participación directa de representantes del gobierno en todos los niveles, el ejército ocasionalmente atacaba a los traficantes, pero no fue hasta la declaración de ‘guerra’ del ex presidente Felipe Calderón (2006-2012) contra los carteles de las drogas, que la violencia empezó a aumentar en la entidad.

La crueldad y la represión militarizada fueron dos detonantes importantes para que el llamado Cártel H-2 extendiera su influencia en Nayarit, primero ganando un dominio sin precedentes sobre las autoridades estatales, y desde allí sobornando al general Cienfuegos Zepeda, quien lideraba la lucha contra el narcotráfico en el gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018).
En el artículo Nayarit y la construcción de un narco estado, Nathaniel Morris advierte que la transformación de Nayarit en un narco estado está relacionada con la larga historia de control del PRI en el estado y, más específicamente, conel mandato de Roberto Sandoval Castañeda como gobernador del estado entre 2011 y 2017.

Sandoval, o simplemente Roberto como aún se le conoce en Nayarit, se convirtió en mandatario estatal utilizando la impresionante maquinaria política local del PRI, junto con una imagen de gobernador del pueblo cuidadosamente cultivada, y garantías de que solo él podría detener la violencia en ese entonces.
En menos de ocho años, Sandoval pasó de autoproclamados harapos a ser uno de los hombres más ricos de Nayarit. Todo esto se logró, según informes de inteligencia, a través de la malversación de fondos estatales, la extorsión de negocios, la supervisión de secuestros y la incautación de tierras y propiedades y, por supuesto, una estrecha colaboración con los narcotraficantes.
Todos estos negocios sucios fueron supervisados por su principal aliado, Edgar Veytia (actualmente preso en EEUU), encargado de la persecución local de la guerra contra los cárteles de la droga del estado mexicano.
En Nayarit, Veytia era un peso pesado dentro del Gobierno. Los medios de la región le consideraban un pacificador, un funcionario que fue capaz de frenar la escalada violenta que sembró el estado de cadáveres.
Desde esta posición, Veytia pudo consolidar una relación (ya preexistente) con el jefe del cartel de Beltrán Leyva en Nayarit, Juan Francisco Patrón Sánchez, alias el “H-2″.
En 2008, tras la ruptura con Joaquín el “Chapo” Guzmán, entonces líder del Cártel de Sinaloa, los Beltrán Leyva y sus hombres lucharon duramente contra los narcos de Sinaloa para mantener el control de Nayarit, y encontraron un aliado vital en Veytia, quien desde 2011 los ayudó a localizar y asesinar a sus rivales.
El ex fiscal usó todas las fuerzas a su mando para darle al “H-2″ el control total del narcotráfico en el estado.
Tanto el ex gobernador y Veytia se beneficiaron de esta asociación: Sandoval se hizo extremadamente rico, al igual que su fiscal, que ganó dinero con la malversación, el secuestro, el asesinato a sueldo, la extorsión y la toma de tierras de los campesinos.
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