(Foto: cortesía)
(Foto: cortesía)

Todos podemos mejorar la manera en la que vivimos y desarrollar aún más nuestra capacidad mental. Existen muchas diferencias entre nosotros, pero la más importante reside en la cantidad de energía que vamos a invertir en el proceso de cambio y el tiempo que estemos dispuestos a esperar para ver los resultados.

Nuestra capacidad para tomar decisiones junto con la determinación de llevar a cabo lo que pensamos son los factores que modifican el proceso consciente del pensamiento. La facultad de elegir cuáles son los pensamientos que vamos a retener o expulsar de nuestra mente está en nosotros. De esa manera, podemos aferrarnos, afianzar sostener y alimentar aquello que pensamos y a la vez, mantenerlo vigente por la cantidad de tiempo que determinemos.

Cada uno de nosotros tiene aspectos de su vida en donde se siente bien y conforme con los resultados que obtiene y esos buenos resultados se desprenden de una manera de pensar y de sentir acorde con nuestros propósitos. Se trata entonces de hacer modificaciones sólo en los aspectos que no nos resultan beneficiosos y en aquellos temas donde los deseos y objetivos no pueden llevarse a cabo.

En definitiva, todos aspiramos a lo mismo, a vivir de una forma que nos permita sentirnos bien y disfrutar de la vida la mayor cantidad de tiempo posible y para lograrlo debemos centrar nuestra búsqueda en la obtención de bienestar.

Bienestar es un estado que podemos tener todos los días de nuestra vida y que no tiene como condición para que se produzca, la concreción de nuestros deseos. Bienestar es sentirse en armonía con uno mismo y con el medio ambiente, aceptando las dificultades y problemáticas que se presentan e incluyéndolas como una parte natural de nuestras vidas.

Lo que nos provoca bienestar es la actitud de querer lograr siempre lo mejor y de superarnos a nosotros mismos y no los resultados puntuales de cada una de las acciones que llevamos a cabo.

El bienestar no se contagia, ni se hereda, es un capital propio e intransferible. Se podría comparar con el nivel de instrucción que cada uno de nosotros tiene. Los conocimientos que adquirimos son directamente proporcionales al tiempo de estudio que hemos dedicado a lo largo de nuestra vida.

Recuerdo de mis épocas de estudiante lo que el profesor de epistemología nos decía frente a los comentarios de admiración que teníamos por sus conocimientos y su forma de expresarse: “La única diferencia entre ustedes y yo son las horas que pasamos sentados en una silla estudiando”. Tenía razón, hay horas de trabajo detrás de cada logro y alcanzar el bienestar no es la excepción. Si hacemos poco, tendremos poco.

El mejor objetivo que podemos ponernos en la vida es sentirnos bien y la ventaja más importante con la que contamos para lograrlo es que podemos cambiar y accionar sobre nosotros. A diferencia de los animales que están condicionados por sus impulsos, nosotros como seres humanos contamos con la ventaja de tener una mente que nos permite interpretar y designarle un sentido a nuestra existencia y cambiarlo las veces que lo consideremos necesario.

No tenemos mucho más que lo que creemos y sentimos que somos. No importa la opinión y el aprecio de los otros si no podemos tener el nuestro. Salir a buscar el bienestar es la mejor acción que podemos hacer para encontrarlo. Pruébelo, no falla.

*Psicóloga y escritora

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio