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La tragedia que dejó 47 muertos y cambió el etiquetado de los venenos en Estados Unidos

Corría 1942 cuando la intoxicación masiva dejó a los pacientes de un hospital de Oregon en agonía en el suelo. Las autoridades investigaron un posible sabotaje, el país estaba en guerra. Sin embargo, los hechos fueron sorprendentes

La cocina del Hospital Estatal de Oregon, que hoy es museo, donde sucedió la tragedia.
La cocina del Hospital Estatal de Oregon, que hoy es museo, donde sucedió la tragedia.
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Hoy aquella tragedia sería imposible por la normativa estricta de las cocinas en los hospitales.

Pero en noviembre de 1942, a poco de sentarse a comer, los pacientes del Hospital Estatal de Oregon comenzaron a desplomarse en el suelo. Algunos tenían convulsiones; otros vomitaban sangre y se retorcían de dolor; otros tenían las extremidades inmóviles y pronto la parálisis alcanzó a su aparato respiratorio.

Esa noche de hace tres cuartos de siglo, como se recuerda en el museo del hospital que se halla en Salem, murieron 47 pacientes de entre 18 y 80 años.

El museo del Hospital Estatal de Oregon cuenta este caso como el peor de su historia.
El museo del Hospital Estatal de Oregon cuenta este caso como el peor de su historia.

Habían comido, como tantas otras noches, una entrada de huevos revueltos.

Pero a diferencia de tantas otras noches, algunos —los más afortunados— murieron en el mismo comedor en cuestión de minutos; otros agonizaron durante algunos días. Hubo 263 casos de intoxicación documentados; los periódicos hablaron de más de 400.

Eran los años de la Segunda Guerra Mundial: entre sospechas de sabotaje, el gobernador de Oregon, Charles A. Sprague, habló de "homicidio de masas".

Como las provisiones provenían de almacenes federales, hasta el hospital llegaron investigadores del ejército, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y la Asociación Médica Nacional (AMA).

Así luce hoy el sector de la cocina en el museo el Hospital Estatal de Oregon.
Así luce hoy el sector de la cocina en el museo el Hospital Estatal de Oregon.

El patólogo William L. Lidbeck fue el primero en llegar. Encontró una escena espantosa. Identificó los síntomas —dolor, náuseas, vómitos con sangre, parálisis— de inmediato: intoxicación. En algunos casos, supo, no se podía hacer más que acompañar a las personas en su muerte.

En la morgue del hospital —tan pequeña que solo cabían seis cuerpos: el resto se acomodó en la capilla y en algunos pasillos del hospital— se estudió a seis pacientes.

Como solo habían comido los huevos revueltos, Lidbeck llevó muestras del plato a un laboratorio en Portland. Allí, a la vez que se estudiaba sus contenidos, se alimentó con ellos a ratas de estudio. Murieron en minutos.

Lidbeck y sus colegas identificaron el veneno como fluoruro sódico. Entre sus usos múltiples, se lo emplea como veneno para cucarachas y ratas. Es un polvo blanco que incluso en una dosis minúscula puede ser fatal.

Antes de las etiquetas que alertaran sobre su peligro, el fluoruro sódico se podía confundir con leche en polvo.
Antes de las etiquetas que alertaran sobre su peligro, el fluoruro sódico se podía confundir con leche en polvo.

Mientras las autoridades y la prensa hacían sus diferentes investigaciones, el silencio dominaba la cocina del hospital.

Hasta que la presión de la tragedia fue demasiado fuerte y un cocinero asistente, Abraham McKillop, confesó que esa noche estaba recargado de trabajo y le pidió a un paciente, George Nosen, que fuera a la alacena a buscar leche en polvo para la receta de huevos revueltos.

Nosen tenía 27 años. Había ingresado al hospital pocos meses antes, con un diagnóstico de esquizofrenia y paranoia. Se lo asignó al trabajo de cocina: limpiar, por ejemplo, no manipular alimentos.

Pero ese día, en la urgencia de los preparativos, McKillop le pidió que le buscara leche en polvo. Nosen tomó una caja con polvo blanco. Que resultó ser veneno para cucarachas.

Mientras los pacientes morían en el comedor, McKillop sospechó algo. Se lo dijo a la cocinera jefa, Mary O'Hare, quien lo acompañó a la alacena. Vieron que la leche en polvo seguía en su lugar. Comprendieron. Pero se mantuvieron en silencio, aterrados, según testificó McKillop en el juicio por homicidio culposo que se le hizo, y donde fue sobreseido.

Oregon State Hospital
Oregon State Hospital

"La tragedia tuvo ramificaciones más allá del hospital", señaló Statesman Journal, que recordó los hechos. "Produjo reformas en seguridad alimentaria. Se votó una ley sobre el etiquetado de sustancias peligrosas". También se limitó la participación de los pacientes en los asuntos de los hospitales.

A 75 años, los restos cremados de 13 de las 47 víctimas permanecen en la institución, pues no fueron reclamados.

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