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Como una bola de nieve en una historia compuesta por ex espías, hackers, intereses políticos y campañas de demolición, un endeble informe con datos altamente incomprobables se convirtió en una crisis de inesperada magnitud para el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien llegó a comparar su situación con la Alemania nazi y ha profundizado su batalla con los medios.

"Las consecuencias han sido incalculables y se desarrollarán mucho más allá del Día de la Inauguración", asegura el prestigioso New York Times, en referencia al próximo 20 de enero, fecha en la que Trump se instalará en la Casa Blanca. Pero la historia, que explotó en los últimos días, comenzó hace más de un año e incluso era de conocimiento de numerosos políticos y periodistas.

El caso se remonta a septiembre de 2015, cuando un acaudalado republicano, cuya identidad permanece en reserva, sentía inquietud ante el crecimiento de Donald Trump en el partido y decidió contratar a Fusion GPS, una firma de investigación para averiguar sobre los escándalos y debilidades del magnate.

El donante cesó su financiación ante el ascenso de Trump, pero partidarios demócratas tomaron la posta, interesados en los hallazgos de la agencia. El tono cambió al revelarse el hackeo de agentes rusos al Comité Demócrata, por lo que Fusion GPS contrató al agente Christopher Steele, un ex espía británico que había trabajado en Rusia como agente del MI6.

(AP)
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Alejado de oficina de inteligencia, Steele había creado –junto con un socio– Orbis, una firma de investigación con sede en Londres.

Steele, sin embargo, no era un desconocido para las agencias estadounidenses. El FBI ya había trabajado con él para la investigación sobre la FIFA, el organismo rector del fútbol internacional, un caso que desencadenó arrestos de importantes funcionarios y le dio prestigio en Washington.

El británico, con residencia en Londres, usó a sus contactos en Rusia para reunir los indicios de supuestos vínculos de Trump con el gobierno ruso y elaboró un reporte de 35 páginas con informaciones insólitas y difíciles de comprobar sobre su vida política y privada: desde contactos de allegados con funcionarios rusos hasta grabaciones en video de fiestas con prostitutas de las que el ahora presidente electo habría participado en Moscú en 2013, cuando se realizó el certamen de Miss Universo.

El edificio donde está registrada la dirección de la agencia Orbis, en Londres (Reuters)
El edificio donde está registrada la dirección de la agencia Orbis, en Londres (Reuters)

El reporte comenzó a circular en agosto, cuando Trump ya había sido confirmado como el candidato republicano, pero alcanzó mayor difusión en los círculos políticos en octubre, un mes antes de la elección, cuando se intensificaron las acusaciones de Hillary Clinton al magnate de ser un "títere" de Vladimir Putin.

Durante varios meses, Steele contó a periodistas lo que sabía de Trump de sus fuentes en Rusia, y la revista Mother Jones informó, sin revelar identidades, que un espía extranjero había presentado sus revelaciones al FBI, por la supuesta presión que podría tener el gobierno ruso sobre el entonces candidato.

"Tras la elección, el dossier se convirtió en uno de los secretos peor guardados de Washington, mientras los periodistas trataban de confirmar o descartar las acusaciones", apunta el repaso del New York Times.

Así, pasando de mano en mano, el republicano John McCain obtuvo una copia en diciembre y la presentó a James Comey, director del FBI, quien a comienzos de enero presentó un resumen del reporte a Barack Obama y el presidente electo durante sus reuniones informativas.

Donald Trump y Barack Obama en la Casa Blanca (AP)
Donald Trump y Barack Obama en la Casa Blanca (AP)

Con ese argumento, la cadena CNN sustentó la publicación de la existencia del informe. Aunque numerosos medios se habían negado a comentar el tema, por la falta de datos fiables, el medio se basó en el hecho de la reunión para anclar un suceso real y comentar el tema.

Así, el portal Buzzfeed optó por publicar el martes las 35 páginas, bajo la cuestionable excusa de que los ciudadanos "deben decidir sobre las alegaciones del presidente electo", sin tomar en cuenta los procesos de verificación.

Trump reaccionó furibundo. En mayúsculas, publicó en Twitter: "Noticias falsas. ¡Una total cacería de brujas política!". Al día siguiente, en la esperada conferencia de prensa del miércoles, comentó que las versiones eran "una farsa" hecha por "gente enferma".

Por su parte, el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, se encargó de asegurar que las agencias no habían confirmado ni juzgarían ninguna de las informaciones aseveradas en el mentado reporte.

Sin embargo, el tema igual explotó y marcó la agenda de la combativa rueda de prensa, en la que Trump se enfrentó a un periodista de CNN y llamó "basura" a BuzzFeed, gestos que poco hacen para recomponer la fuerte división existente en el pueblo norteamericano ante la polarizada votación. Las noticias falsas, que marcaron en redes sociales el pulso de la campaña electoral, se inmiscuyen también en la transición electoral llegando a los más altos círculos de inteligencia.

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