Ernesto Campos (Foto: Instagram@ trotaestadios)
Ernesto Campos (Foto: Instagram@ trotaestadios)

Cuando tenía 22 años, el periodista deportivo Ernesto Campos visitó el estadio Parc des Princes (Parque los príncipes) de Francia. Asistió al partido entre el Paris Saint Germain y el FC Girondins de Burdeos, en el que los blanquiazules consiguieron la victoria. Al salir, Campos fue a la tienda del equipo sin darse cuenta de que iniciaba una pelea que protagonizaron los hinchas parisinos.

Al salir a la calle con un jersey nuevo, el gusto de su nueva adquisición le duró poco, pues un hombre lo empujó y al voltear le intentaron dar un golpe. Afortunadamente, otra persona intervino, lo empujó lejos de la pelea y le conectó un puñetazo a su agresor. Él recogió su playera y corrió al metro.

Aunque esa anécdota es de las más grises y aterradoras, el mexicano nunca dejó de viajar para conocer las canchas del mundo. Hoy, a sus 40 años, ya tiene en su historial 304 estadios diferentes, razón por la que una colega le apodó “El Trotaestadios”.

El Trotaestadios y Ernesto Campos

Ernesto Campos en el Spartak Arena en Moscú (Instagram @trotaestadios)
Ernesto Campos en el Spartak Arena en Moscú (Instagram @trotaestadios)

Ernesto tiene una distinción entre él mismo y este personaje viajero. “Sí tengo claro cuál es la diferencia de lo que soy como persona y lo que sería el alter ego. Así como existe quien cubre Cámara de Diputados, la Secretaría de Seguridad Pública, o Presidencia, hubo un momento donde ‘El Trotaestadios’ se volvió mi fuente, es decir, nadie cubría estadios. Lo veo como un personaje que tiene su pasión, que es contar historias dentro del margen deportivo”, comentó Campos en entrevista con Infobae México.

En cambio, “Ernesto Campos es un periodista de 21 años de carrera, que le encanta correr y ver deportes, que soñaba con ser papá y ahora es papá de un niño de 4 años, que siempre está buscando a donde ir y que siempre está proyectando la forma que que el dinero que caiga me permita seguir viajando”, agregó.

El periodismo le abrió la puerta para visitar tantos inmuebles. Tuvo una sección en televisión para TDN llamada como su sobrenombre, realizó algunas cápsulas para portales deportivos en las que contaba las historias de la cancha, sociales y económicas de cada uno de esto templos al deporte.

En la actualidad, poco a poco se ha ido separando de las redacciones y las cámaras. Ahora tiene una vida diferente con otras responsabilidades que ha provocado que sus escapadas a las gradas sean menos frecuentes.

Ernesto Campos en el Signal Iduna Park de Alemania (Video: El Trotaestadios en YouTube)

A veces, en las mañanas sale a correr 5 kilómetros. Luego regresa para el desayuno y llevar a su hijo a la escuela. Tiene una empresa, junto con su hermano y su padre, dedicada a la industria de la construcción. Ya por las tardes, da clases de periodismo deportivo en el instituto José Ramón Fernández.

Sin embargo, no olvida su pasión y siempre tiene en mente algún estadio que sus ojos no hayan visto a todo color. Además, en sus cuentas de Twitter o Instagram recuerda sus viajes que no han sido documentados en su libro “El Trotaestadios” o cápsulas televisiva.

“En la rutina siempre intento estar involucrado en las redes sociales, opinando sobre deporte en general. Procuro estar alimentando mis perfiles con fotos de algún viaje, contando alguna historia que no haya contado antes. Después de 304 estadios que llevo hasta ahora, hay muchísimas historias que contar que no me voy a acabar en años”, señaló.

De hecho, el próximo año espera que salga su segundo libro. Además, no descarta regresar a los medios y continuar con su labor de conocer el mundo a través de sus estadios. “Quizá, con un poco más de tiempo, seguir haciendo cápsulas con ayuda de las redes sociales de forma individual”, apuntó.

Cábalas merengues

Cuando Ernesto era niño, México vivió momentos duros en la década de los 80. Era una época donde el temblor de 1985, la crisis económica y la devaluación de la moneda pegaron fuerte en la sociedad mexicana.

“En esa época la esperanza se la daban tres personajes: Hugo Sanchez, Fernando Valenzuela y Julio César Chávez. Mi héroe desde niño fue Hugo Sánchez, que jugaba para el real Madrid. Fue un sueño para mi conocer el Santiago Bernabéu. Cada que lo visito, siempre agradezco tener esa oportunidad”, comentó El Trotaestadios.

Esa afición le ha acompañado en toda su vida. Un ejemplo es su número de la suerte: el 79. La razón es porque el 7 fue el número de la casaca de Emilio Butragueño y el 9 fue el de “Hugol”. Otra de sus cábalas es la de persignarse cada vez que pasa por el Santiago Bernabéu.

“Mi esposa, cuando todavía éramos novios, estudiamos en España por un corto tiempo. Algunas de las clases era en el Santiago Bernabéu y otras eran en el campus de la universidad a las afueras de Madrid. Cada que pasamos enfrente del estadio me persignaba. Mi ahora esposa siempre me decía que era un blasfemo, pero es que yo le decía: ‘No es que yo quiera hacer una falta religiosa o faltarle al respeto a un católico, pero para mi es darle gracias a Dios que me permite ver ese gran estadio una vez más’’, contó el profesor de periodismo.

Con mi Pumas hago exactamente lo mismo en el estadio Olímpico Universitario

¿Qué estadios faltan?

Este año logró aumentar su número de inmuebles visitados. Justo cuando cumplió 40 años, conoció el de Centenario de Montevideo, uno de los más grandes pendientes que tenía en la vida. Este fue la sede de la final de la primera copa de mundo de 1930 en Uruguay. Además, aprovechó la cercanía de los países y pasó a La Bombonera de Boca Juniors y el Monumental de River Plate.

“Después de eso, me gustaría ir a Estocolmo a conocer el estadio donde se jugó el mundial de 1958, donde Pelé se coronó campeón a los 17 años. Por alguna extraña razón he estado en lugares remotos como Luxemburgo, Japón, Colombia, Marruecos, pero nunca he estado en la Ciudad de Chicago. Ahí me gustaría conocer todo el paquete de estadios que tienen y la zona como Green Bay”, apuntó Campos.

“Incluso de la Liga MX. Todo estaba perfecto, iba invicto, es decir, de los 18 equipos que estaban en primera división, que ahora son 19, los conocía todos. Pero Lobos BUAP pasó a jugar en Ciudad Juárez y el Estadio Olímpico Benito Juárez es el único que no conozco de la primera división de México”, lamentó.

Aunque no le es ajeno estar en los aeropuerto, todavía planea estar en más lugares y conocer más estadios. “Me preguntan a veces: ‘¿Cuantos estadios hay en el mundo?’ No tengo idea, pero sí sé que me faltan muchísimos por conocer y que los que conozco son pocos a los que yo quisiera.

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