Científicos argentinos convierten residuos de yerba mate en una alternativa al petróleo

El desarrollo propone un nuevo uso para uno de los desechos más habituales del país, con potencial para integrarse a procesos productivos

Científicos del CONICET desarrollan en Mendoza un proceso para transformar residuos de yerba mate en bioaceite renovable - Foto: Conicet

Científicos del Conicet en Mendoza desarrollan un proceso que transforma residuos de yerba mate en bioaceite, una alternativa renovable a los combustibles fósiles. El avance, validado en laboratorio, ofrece nuevas oportunidades para la economía circular y la producción sostenible de energía y materiales.

La yerba mate, presente en 9 de cada 10 hogares en Argentina, genera toneladas de residuos cada año. Investigadores del Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM, Conicet-UNCUYO) presentaron un proceso capaz de transformar esos restos en bioaceite, un producto con valor comercial. La iniciativa apunta a sustituir parte del uso de petróleo en combustibles, plásticos y otras aplicaciones industriales.

El estudio se centra en la pirólisis, una técnica que consiste en la degradación térmica de la biomasa en ausencia de oxígeno. Este método permite obtener tres productos principales: un líquido conocido como bioaceite, un sólido llamado biochar y un gas combustible.

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El bioaceite reúne compuestos que la industria ya utiliza en la elaboración de combustibles líquidos, plásticos, fragancias y aditivos para alimentos.

Lograron validar en laboratorio un proceso que convierte la yerba mate usada en bioaceite con potencial comercial (Foto: Martín Palazzolo, Conicet)

Innovación tecnológica: de residuo doméstico a insumo industrial

De acuerdo con el CONICET, el equipo liderado por Martín Palazzolo validó el proceso en laboratorio y ya opera una minirefinería experimental en Mendoza. El gas generado durante la pirólisis puede alimentar el propio sistema, mientras que el biochar se estudia como potencial enmienda para suelos agrícolas.

El bioaceite, por su parte, requiere un tratamiento catalítico para eliminar el oxígeno y así cumplir con los estándares exigidos para su uso como combustible.

La minirefinería permite separar distintas fracciones del bioaceite, orientando su aplicación hacia el desarrollo de materiales para electrónica, envases biodegradables y componentes para la industria alimentaria. De acuerdo con el investigador, este desarrollo aplica los principios de una refinería tradicional, pero utiliza residuos agroindustriales como materia prima.

Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), entre enero y julio de 2025, el mercado interno consumió 161,87 millones de kilogramos de yerba mate, un 12% más que en el mismo periodo de 2024. Este crecimiento refleja la magnitud de los residuos generados y el potencial de su aprovechamiento.

La pirólisis convierte los desechos de yerba mate en bioaceite, biochar y gas, optimizando el aprovechamiento de la biomasa (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un modelo de biorefinería para la economía circular

Según el equipo del IBAM, el proyecto se integra a una estrategia global conocida como biorefinerías. Este modelo busca sustituir progresivamente los recursos fósiles por materias primas renovables, sin perder calidad ni eficiencia. El proceso de pirólisis permite aprovechar residuos como la poda de vid y otros desechos rurales, generando energía, materiales y productos de valor agregado.

El bioaceite obtenido a partir de yerba mate ofrece ventajas para la industria y el medio ambiente: permite reducir la dependencia del petróleo, minimizar la cantidad de residuos enviados a vertederos y generar insumos para diferentes sectores productivos. La pirólisis posibilita una salida concreta para residuos agroindustriales y contribuye al uso eficiente de recursos como el agua, el suelo y la infraestructura.

Este trabajo, publicado en la revista Waste Management, posiciona a Mendoza como un nodo estratégico para el desarrollo de biotecnologías y energías limpias en Argentina. La experiencia y la infraestructura científica del IBAM facilitan la transferencia de conocimiento al sector productivo y la adaptación de tecnologías probadas en la industria del petróleo.

La minirefinería experimental en Mendoza separa fracciones del bioaceite para aplicaciones en electrónica, envases biodegradables e industria alimentaria (Foto: Conicet)

Desafíos para la industrialización y perspectivas a futuro

A pesar de los avances en laboratorio, el desarrollo de la tecnología a escala industrial requiere inversiones, asociaciones y ensayos piloto. Según Martín Palazzolo, Argentina todavía debe recorrer un largo camino en el sector de biorefinerías, pero existen experiencias internacionales que pueden acelerar la implementación y la adaptación de estas soluciones en el país.

El especialista señaló que la transformación industrial exige capital y la construcción de plantas, aunque parte del conocimiento adquirido en la refinación del petróleo puede aprovecharse en esta nueva etapa. La reutilización de saberes y tecnología existente acelera el proceso y facilita el cumplimiento de normativas técnicas y ambientales.

El proyecto con yerba mate posconsumo se suma a otras iniciativas de aprovechamiento de biomasa local. La visión integral del IBAM destaca la importancia de integrar el gas, el biochar y el bioaceite a las cadenas energéticas, agrícolas y químicas, cerrando ciclos productivos y promoviendo el desarrollo sostenible.

El modelo de biorefinería del IBAM promueve la economía circular al transformar residuos agroindustriales en energía y productos de valor agregado (REUTERS/César Olmedo)

En este contexto, Mendoza fortalece su perfil como referente nacional en biotecnología, aprovechando el potencial de los residuos agroindustriales y la experiencia del IBAM en investigaciones aplicadas a la industria y el agro. El avance abre nuevas oportunidades para la economía circular y la transición hacia fuentes de energía más limpias.

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