
Cuando Ángeles Zorreguieta era adolescente, sentía que algo vibraba en su interior cuando le hablaban sobre moléculas, células y fórmulas químicas. No sabía muy bien qué disciplina científica le gustaba más, pero responder preguntas en un laboratorio le interesaba mucho.
Eligió la carrera de química y mientras estaba cursando una materia en 1982, tuvo la oportunidad de hacer un trabajo práctico con el Premio Nobel de Química Luis Federico Leloir. Desde entonces desarrolló una gran carrera como investigadora. Hoy es la directora ejecutiva de la misma institución que el científico fundó en 1947: la Fundación Instituto Leloir (FIL), donde el 60% de los investigadores, técnicos y becarios son mujeres.
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Era la única mujer en el laboratorio de Leloir, y fue su última discípula. El científico falleció en diciembre de 1987, un poco antes de que Zorreguieta hiciera la defensa de su tesis de doctorado bajo su dirección. Ella aún guarda un papelito que Leloir le escribió con las preguntas con las que iba a tener que trabajar para demostrar sus tesis sobre una bacteria.
Fue a perfeccionarse en el exterior y volvió al país en 2001. Creó su propio grupo de investigación y formó a otros investigadores: tiene 11 discípulos.
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Con un liderazgo de bajo perfil, Zorreguieta -que es hermana de la reina Máxima de los Países Bajos por parte del padre- organiza hoy el funcionamiento de la FIL, una entidad sin fines de lucro que recibe fondos públicos y privados para investigar desde la enfermedad de Alzheimer, el COVID, el dengue o el cáncer hasta el desarrollo de plantas adaptadas al contexto del cambio climático actual, entre muchos otros problemas que afectan a la humanidad.
En diálogo con Infobae, la científica contó cómo fueron sus inicios y sus principales aportes desde la microbiología molecular tanto para la producción vegetal como para la sanidad animal.
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“Ya en la adolescencia me atraía investigar sin saber en qué área específica. Mi madre, Marta López Gil, es filósofa, y escribió muchos libros. Hubo una impronta de ella en mi vida en despertar la curiosidad. Pero más adelante me dí cuenta que me gustaba más la química, y elegí estudiar en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde hoy también soy docente. Me encantó estudiar al lado del Río de La Plata”, puntualizó.

El lugar de las mujeres en las ciencias
En 1982 Zorreguieta habló con Leloir para ir a hacer el trabajo práctico, y la aceptó en su laboratorio. “Desde que empecé a estar el laboratorio de Leloir hasta ahora hubo un cambio notable en la participación de las mujeres en las ciencias. Aunque todavía hay sesgos que llevan a creer que las mujeres no podemos seguir carreras científicas o a ocupar puestos jerárquicos”.
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En el momento en que era la única mujer en el laboratorio del doctor Leloir, escuchó algunos comentarios con burlas hacia su persona. Pero los ignoró.

“Yo estaba más preocupada por aprender e investigar. Me esforzaba por mil. Más adelante tuve situaciones de crisis cuando los experimentos no me salían como esperaba, pero siempre encontré amigas y amigos dentro de la institución que se sentaron a escucharme y me alentaron para seguir en la ciencia”, recordó.
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En aquella época, mientras hacía el doctorado tuvo dos hijos, y luego una hija cuando ya era investigadora. A ellos dedicó el “Premio Flor de Mujer”, que le otorgó el Centro y la Fundación Rossi el año pasado.
“Ser madre y científica a la vez requiere un esfuerzo adicional. Sé que fui muy dura conmigo misma porque no me permitía faltar por algún problema familiar. Hoy veo que las parejas arreglan mejor su vida cotidiana y es más equitativo para las mujeres. En aquel momento, las costumbres eran otras: las responsabilidades de los cuidados de los hijos y del hogar recaían más en la mujer”.
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Cómo ejerce el liderazgo
También señaló otras diferencias con el pasado: “Las científicas tienen hoy un rol protagónico en FIL no solo al formar recursos humanos y hacer investigaciones sino también al tomar decisiones que marcan el rumbo de la institución”.

Le interesa que más adolescentes y jóvenes sigan carreras científicas. “Desde mi humilde lugar, yo recomiendo que se animen si sienten que investigar es lo que las conmueve. Que encaren el desafío y que sepan que no tenemos límites. Hacer investigación implica organizar un plan con objetivos y llevarlo a cabo con perseverancia cada día”, sostuvo.
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Para ejercer su liderazgo, detalló que trata de comprender las diferentes posturas de las personas con las que trabaja. “Escucho los intereses y las necesidades de todos los grupos de investigación. Trato con respeto e intento satisfacer esas necesidades”, dijo.
Qué investiga la científica
Zorreguieta fue pionera en un campo que no estaba desarrollado en el país al investigar las biopelículas o biofilms que forman las bacterias como parte de sus estrategias que les permiten ser exitosas en el planeta Tierra.
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Esos biofilms consisten en envolturas que recubren a las bacterias. Gracias a esos biofilms, los patógenos se vuelven resistentes a los medicamentos y causan la muerte de más de 40.000 pacientes hospitalizados en todo el mundo por año.
La investigadora explicó a Infobae: “Las bacterias que forman biofilms o biopelículas pueden sobrevivir a los antibióticos que normalmente las eliminaría. Con el conocimiento que se ha aportado, se están desarrollando técnicas para evitar la formación de los biofilms”.
También las bacterias secretan proteínas que las favorecen para colonizar diferentes organismos. El grupo de Zorreguieta identificó varias de esas proteínas que contribuyen a la unión de la bacteria Brucella con la célula que va a infectar.

La brucella es un patógeno intracelular que produce una enfermedad zoonótica conocida como brucelosis y afecta tanto a animales (como el ganado vacuno) y a los humanos. Lo más común es que las personas se infecten al comer productos lácteos crudos o sin pasteurizar.
“Aún no existen vacunas contra la brucelosis para los seres humanos ni para el ganado porcino. Nuestra esperanza es esperar contribuir a sentar las bases para producir vacunas eficientes en el futuro”, comentó.
Zorreguieta y sus colaboradores también estudiaron al género de bacterias Rhizobium, que establece “buenas relaciones” con las plantas leguminosas ya que les permite asimilar el nitrógeno de la atmósfera.

“Las leguminosas necesitan de las bacterias Rhizobium para crecer saludablemente”, acotó. “Nuestros aportes han permitido entender cómo esas bacterias desarrollan también biofilms sobre las partículas de suelo o sobre las raíces de las plantas. En estos casos, los biofilms son claves para la supervivencia de esta bacteria beneficiosa para la planta. Hemos podido identificar factores que expresan esas bacterias”, indicó.
En los campos, “ya se inoculan productos con especies Rhizobium para que mejorar los rindes de las leguminosas, como la soja, la arveja o el maní. Pero tienen competencia de otros microorganismos. Por eso, es importante encontrar más bacterias que sean buenas generadoras de biofilms para sobrevivir más en los suelos y por eso se requiere continuar con las investigaciones. El conocimiento se podría utilizar en la elaboración de nuevos inoculantes”.
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