
Estudiar un tipo de vida que crece en la Tierra puede ayudar a los astrobiólogos a comprender los mecanismos que los organismos podrían utilizar para sobrevivir en otros planetas, además del nuestro.
Incluso, estos mecanismos proporcionan pistas sobre cómo la vida pudo haberse originado y evolucionado en las condiciones presentes en lugares como el antiguo Marte.
Se trata de estudios realizados en líquenes, organismos extraños, que combinan una asociación entre un hongo que ofrece refugio, agua y minerales, y un alga o cianobacteria que les suministra alimento a partir de su fotosíntesis. Y aunque los líquenes tienden a ser modestos a la vista, son tan increíblemente resistentes que algunos, incluso, pueden sobrevivir en el duro entorno del espacio.
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Así fue comprobado en 2005 y en 2014 cuando líquenes estuvieron adheridos al exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) durante 18 meses, y sobrevivieron al vacío del espacio, la falta de agua, las temperaturas extremas y el ataque total de radiación y rayos ultravioleta del sol. Y encima, continuaron con el complejo proceso de fotosíntesis.
Los líquenes son similares a las plantas, pero en realidad son algas y hongos que trabajan juntos. Por ejemplo, se adaptan bien a entornos hostiles porque pueden sobrevivir después de deshidratarse. Un equipo de agencias espaciales alemana, española y otras agencias espaciales europeas decidió estudiar las adaptaciones de los líquenes y aprender en qué otras duras condiciones podrían sobrevivir los líquenes.
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Se trató del liquen Xanthoria elegans que formó parte del experimento de líquenes y hongos (LIFE) adheridos al exterior de la ISS durante un año y medio, exponiendo los organismos del interior a las tensiones de la órbita terrestre baja, incluida la irradiación ultravioleta, la radiación cósmica y las condiciones de vacío. Después de su viaje al espacio y su regreso a la superficie de la Tierra, un 71% de los líquenes seguían siendo viables.

La investigación también puede proporcionar información sobre un proceso conocido como litopanspermia: la transferencia de vida de un cuerpo celeste a otro dentro de las rocas.
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Físicamente, los líquenes expuestos a las condiciones del espacio se congelaron, cambiaron de forma y algunas células murieron. Produjeron menos alimentos a partir de la luz solar y su ADN sufrió algunos daños por radiación. Sin embargo, los líquenes parecían tener una alta resistencia a las condiciones del espacio. No murieron por completo y pudieron revivir.
La especie de liquen llamada C. gyrosa mostró la mayor resiliencia en condiciones espaciales. Los líquenes fueron los más afectados por la exposición a la radiación ultravioleta y los menos afectados por las condiciones de vacío, atmosféricas y de temperatura del espacio.
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Simulando la vida en Marte

Un subconjunto de muestras de líquenes también se expuso a condiciones simuladas de Marte añadiendo una atmósfera análoga de Marte y filtros de radiación solar a las cámaras experimentales.
Los líquenes que se mantuvieron en un ambiente marciano simulado en la Tierra sobrevivieron y estuvieron activos, lo que plantea la posibilidad de que pueda existir vida en Marte, donde el ambiente es intensamente seco y frío, con baja presión atmosférica y bombardeo de radiación.
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De hecho, los líquenes pueden soportar una radiación 12.000 veces mayor que la dosis letal para los humanos y aun así realizar la fotosíntesis, aunque su reproducción puede verse perjudicada. Sin embargo, las bacterias que recibieron el mismo tratamiento murieron. Incluso existe la idea de que la vida en la Tierra, o en cualquier otro planeta, podría haberse propagado por el espacio mediante líquenes que viajan en meteoritos, cometas o asteroides.
Las conclusiones de este experimento dan a los astrobiólogos la esperanza de que en algún lugar puedan encontrar organismos vivos que hayan podido sobrevivir a la temperatura y las condiciones atmosféricas de Marte. La vida podría quedar enterrada profundamente en el hielo marciano para evitar los daños de la radiación ultravioleta y acceder al agua subterránea. Estos experimentos con líquenes nos dan más pistas sobre los límites de la vida, lo que aumenta nuestro conocimiento de lo que es posible.
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