
Mientras que el vapeo se presenta como un camino para ayudar a los tabaquistas que quieren dejar de fumar, existen cada vez más advertencias sobre sus riesgos. Es que para los no fumadores puede ser el primer paso en un camino que podría terminar en el consumo de tabaco tradicional, según demostró un nuevo estudio.
Dirigida por el estudiante de posgrado de la Universidad de Otago, Andre Mason, y el profesor asociado Damian Scarf, del Departamento de Psicología de la Universidad de Otago, la investigación fue publicada en Drug and Alcohol Review. Según indicaron en el estudio, se analizaron los datos relacionados con el tabaquismo y el vapeo de los neozelandeses, los cuales habían sido relevados mediante la encuesta de Actitudes y Valores de Nueva Zelanda, entre 2018 y 2020.
En palabras de Scarf, en términos generales, se consideraba “que la prevalencia del tabaquismo disminuía con el tiempo, mientras que la prevalencia del vapeo aumentaba. Pero en nuestros análisis no se observaron diferencias en la probabilidad de transición de fumar a vapear, o viceversa; lo que indica que cualquiera de las vías era igualmente probable”.
Los resultados de la encuesta surgieron de un análisis que duró tres años y se inició en 2018. Allí observaron que la prevalencia de los encuestados que fumaban disminuyó en cada punto temporal (7,4, 6,2 y 5,2%), mientras que la prevalencia de los que vapearon aumentó (2,8, 2,9 y 3,4%). En 2018, los que vapeaban tenían más probabilidades de empezar a fumar que los que fumaban, mientras que en 2019 se encontró el efecto contrario.

Un nuevo modo de fumar
El vapeo es un fenómeno creciente en todo el mundo. Estimaciones recientes sugieren que Aotearoa, Nueva Zelanda, tiene las segundas tasas más altas de uso total (15,5 %) o uso actual (7,8%) de productos de vapeo de nicotina en el mundo.
Se calcula, además que 81 millones de personas vapearon en todo el mundo durante el año 2022, un 39% más que los 58 millones de 2018 y un 103% más que los 21 millones de 2012. Mason dice que el vapeo fue inicialmente “aclamado como una nueva herramienta para ayudar a las personas a dejar de fumar, pero hasta la fecha esa evidencia ha sido inconsistente”.
A diferencia de otros estudios, los investigadores no encontraron datos válidos que confirmen que el vapeo actúe como una vía para dejar de fumar. “En cambio, hay transiciones frecuentes entre fumar y vapear y viceversa. Si bien la mayoría de las personas continuaron con el comportamiento que informaron en el tiempo anterior, hubo algunas que hicieron la transición entre fumar y vapear”, explicó Mason.

Y agregó: “Nuestros resultados ofrecen una visión crítica de los posibles efectos adversos del vapeo y enfatizan la necesidad de políticas más estrictas. Contrariamente a la esperanza deseada, el vapeo parece haber surgido como otro comportamiento relacionado con el tabaquismo en lugar de un sustituto de éste, para que esencialmente ayude a las personas a dejar de fumar”.
Aunque la prevalencia del tabaquismo disminuyó con el tiempo, la falta de evidencia de un efecto de cesación a través del vapeo sugiere que la caída puede deberse a otros factores, como las campañas de marketing centradas en los impactos negativos para la salud y el aumento de los costos de comprar cigarrillos.
“Además, y quizás más preocupante, el vapeo parecía tener la misma probabilidad de aumentar el consumo de cigarrillos que de tener un efecto de cesación. Esto respalda los argumentos de que los debates sobre políticas no pueden centrarse simplemente en una consideración unidireccional de reducción de perjuicios estimando que el vapeo es menos dañino que los cigarrillos, de ese modo aquél puede estar menos regulado para permitir que los fumadores cambien a comportamientos supuestamente más saludables”, concluyó el especialista. La investigación también contó con la participación de Benjamin C. Riordan, Taylor Winter, Tamlin S. Conner y Chris G. Sibley.
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