
Con un tamaño que no supera los dos centímetros el Dragón de la Patagonia nace, se desarrolla, se reproduce y muere en los hielos de los glaciares del sur de Argentina y Chile. Se trata del Andiperla, descubierto en 1952, cuyas larvas viven en pequeños sumideros y arroyos sobre el hielo, mientras que los adultos deambulan en la superficie helada buscando pareja y alimento.
En 2019, encontraron que, sobre el Glaciar Perito Moreno habitaba una especie de aspecto distinto y, luego de compararlo con la colección original, confirmaron que se trataba de una nueva especie, a la que llamaron Andiperla morenensis, en alusión a que habita sobre el Glaciar Perito Moreno. Y, en febrero pasado, una expedición fue en busca del insecto al glaciar Upsala.
“Tuvimos que caminar muchos kilómetros debido a la gran cantidad de masa de hielo que ha perdido el Upsala. Y hallamos varias poblaciones de Andiperla willinki, pudiendo, además, registrar sus movimientos y caracterizar su hábitat para comenzar a establecer comparaciones con los datos que se habían obtenido durante los últimos años en el Glaciar Perito Moreno”, explicó a Infobae Daniel Testoni, especialista en botánica de la Dirección Regional Patagonia Austral de la Administración de Parques Nacionales, quien fue parte del equipo investigador.

“Su adaptación a las bajas temperaturas es, sin duda, lo más llamativo. Se pensaba que esto lo lograba gracias a poseer anticongelantes en su sangre; sin embargo, esto no se pudo comprobar hasta ahora. Incluso, se confirmó que el rango de tolerancia de temperatura para que el Andiperla pueda vivir tiene que superar los 0 °C y hasta los 10 ° C, por debajo y por encima de esos extremos, los individuos mueren”, agregó el experto.
Las hembras ponen sus huevos en sumideros o pozones de deshielo de distinta profundidad sobre el campo de hielo y allí emergen las larvas. Tampoco se conoce mucho sobre el estadío larval, pero posiblemente sean varios años, mudando y hasta alcanzar un tamaño de casi dos centímetros. Las larvas son exclusivamente acuáticas, respiran por branquias y obtienen el aire del oxígeno disuelto en el agua. Los adultos, que no presentan alas, respiran oxígeno de la atmósfera y deambulan en la superficie del glaciar, buscando pareja y alimento.

Poco se sabe sobre su alimentación, pero se los ha visto comiendo restos orgánicos que se acumulan en los pozones de agua, como hojas y líquenes y otros insectos que accidentalmente caen al sobrevolar el glaciar. “En el Perito Moreno que está tan cerca del bosque se han visto restos de lengas, guindos muy cerca de los hielos. En el Upsala, debido a la gran retracción que ha sufrido el glaciar por la crisis climática, el bosque ha quedado más alejado. De hecho también se está estudiando cómo puede influir en esta especie el derretimiento de los hielos”, indicó Testoni.
Las dos especies de Andiperla se diferencian por su morfología, principalmente en los genitales de los machos, que es lo que estos insectos utilizan para reproducirse como así también se registraron diferencias en sus genes.
“Actualmente, se están llevando a cabo estudios genéticos para comprender cómo ha sido el proceso evolutivo que permitió la adaptación de esta especie para poder vivir permanentemente en el hielo sin regular su temperatura corporal, y cómo es su fisiología, adaptada a funcionar a esa temperatura tan extrema”, agregó el experto.

Sobre su importancia ecosistémica no se sabe mucho, sin embargo, el científico indica que los estudios alrededor de esta especie podrían llegar a darnos nuevas pistas. “No hay pruebas de que el andiperla responda a los mismos patrones de la familia que compone, plecóptero no volador, que son intolerantes a la contaminación; aunque afortunadamente aún los glaciares mantienen su ecosistema sin contaminación”, dijo Testoni.
En esta nueva etapa, se proyecta continuar la búsqueda de esta especie por el campo de hielo hasta la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares.

Tanto el andiperla willinki como el Andiperla morenensis fueron hallados y descritos en base a poblaciones protegidas dentro del Parque Nacional Los Glaciares, uno de los lugares del país más visitados por el turismo local e internacional, pero que guarda también una riqueza y una diversidad de vida única, como es el caso de esta especie.
El Andiperla está siendo estudiado desde diversos aspectos por un equipo multidisciplinario, compuesto por los Dres. Rolando Rivera-Pomar (especialista en genética de la UNNOBA), Ronald Kühnlein (especialista en metabolismo energético del Institute of Molecular Biosciences, Austria), Pablo Pessacq (taxónomo del CIEMEP-UNPSJB)
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