El MAS quiere dejar a Bolivia sin medios independientes y está a punto de lograrlo

El diario Los Tiempos de Cochabamba fue comprado por un empresario vinculado al partido oficialista, con lo que sólo quedan dos periódicos que no son de esa agrupación, que también controla canales de TV y radios

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Periódicos en Bolivia (EFE/Archivo)
Periódicos en Bolivia (EFE/Archivo)

El diario Los Tiempos de Cochabamba fue comprado por un empresario vinculado al partido MAS, con lo que sólo quedan en Bolivia dos periódicos que no son de ese partido, que también controla canales de TV y radios.

La compra del decano del periodismo cochabambino, fundado hace 80 años por Demetrio Canelas, fue hecha usando groseras formas de extorsión, con la complicidad de la oficina de impuestos y la participación de jueces masistas.

Voceros de la familia Canelas dijeron que el gobierno ahogó económicamente a Los Tiempos, negándole la publicidad oficial 18 años, además de aplicarle multas millonarias con cualquier pretexto, como hace con todos los medios independientes.

Esta denuncia la admitió el propio gobierno ahora, pues al día siguiente de la compra del periódico cochabambino, el ministerio de la presidencia publicó en Los Tiempos una separata de publicidad, como no había ocurrido desde 2006.

El grupo de propiedad de Eduardo Valdivia, quien fue enjuiciado por ganancias ilícitas en 2019, posee hoteles en Santa Cruz, aunque no tiene referencias empresariales conocidas, lo que da lugar a versiones sobre el supuesto origen oscuro de su fortuna.

Para su última compra, Valdivia logró que el Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) aplique multas millonarias a Los Tiempos por causas inexistentes y luego consiguió que la justicia congele el patrimonio de la empresa para impedirle vender una casona por un monto que podía haberle permitido pagar las multas.

Luz Marina Canelas, directora del periódico, denunció en las redes que ella debió enfrentar a grupos de avasalladores y ocupas de propiedades del periódico, en una guerra desigual, en que sólo contaba con la solidaridad de los pocos medios independientes que quedan, pero no con la protección de la policía.

Una mujer lee un periódico mientras viaja en el teleférico, en El Alto, Bolivia (REUTERS/Wara Vargas Lara/Archivo)
Una mujer lee un periódico mientras viaja en el teleférico, en El Alto, Bolivia (REUTERS/Wara Vargas Lara/Archivo)

Ahora se ha producido el golpe final y el grupo Los Tiempos pasó a propiedad plena de Valdivia y sus empresas. Ahora ofrecen respetar a los trabajadores, pagarles los salarios adeudados y mantener el “pluralismo”.

Lo mismo había ocurrido, en 2009, con la compra de La Razón por parte del empresario venezolano Carlos Gill, aunque luego despidió a los periodistas contrarios al MAS y convirtió el matutino en un aburrido vocero de Álvaro García Linera, ex vicepresidente de Evo Morales.

Linera controla también las redes ATB y PAT de televisión, que habrían sido compradas con métodos de extorsión similares a los usados ahora con Los Tiempos, mientras su hermano Raúl maneja el canal Abya Yala, que difunde propaganda musulmana, porque es un obsequio de la embajada de Irán.

Evo Morales se ha convertido en un propietario exitoso de un medio de comunicación, la radio Kausachun Coca, que opera con equipos de propiedad del Estado y recibe millonarios contratos de publicidad del gobierno, aunque las facturas de luz las paga el gobierno.

A pesar de ello, ahora Morales asegura que el gobierno le está negando a su emisora el flujo publicitario de costumbre, y dice que se trata de una decisión política para perjudicarle.

El gobierno del MAS ha entregado a otras presuntas organizaciones de indígenas del altiplano un total de 105 equipos de transmisión, para que conformen una red nacional aliada del gobierno.

La idea incluía el uso de Internet gratuito, para lo que fue necesario pagar a China 300 millones de dólares por un satélite artificial, que nunca prestó ningún servicio a las comunicaciones en Bolivia.

Zulema Alanes, presidente de la Asociación Nacional de Periodistas, denunció que el gobierno del MAS no se conforma con negar la libertad de prensa, sino que se propone eliminar a los medios de comunicación independientes.

En junio tuvo que cerrar el diario Página Siete y el gobierno anula las concesiones de frecuencias de radio a los críticos de las políticas del MAS.

Los trabajadores de los medios controlados por el partido de gobierno están prohibidos de organizar sindicatos, a cambio de tener muy buenos salarios.

El monopolio del MAS en los medios de comunicación ha hecho que los bolivianos opten por medios alternativos y se refugien en las redes sociales.