¿Por qué no hay huracanes en el Atlántico? La culpa es de 'El Niño'

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Redacción Medioambiente, 27 sep (EFE).- La temporada de huracanes en el Atlántico empieza en junio y finaliza el próximo 30 de noviembre, pero es en septiembre cuando alcanza su pico. Sin embargo hasta la fecha no se ha registrado ninguno, marcando un récord de ausencia que no se registraba desde 1914: la culpa la tiene otro fenómeno atmosférico, 'El Niño'.

En 112 años, el Atlántico no había estado tan tranquilo. El silencio sorprende a los expertos, pero también cumple con los pronósticos esperados por la influencia de 'El Niño', un fenómeno que suele aparecer entre cada dos y siete años y que provoca un aumento de las temperaturas de las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial y, al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas.

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"Desde 1914 no llegábamos a estas fechas sin que se haya formado un huracán en la cuenca atlántica. Es bastante llamativa esta ausencia, este silencio en el Atlántico, pero se está cumpliendo lo que decían los modelos y es un reflejo del 'Súperniño' que se está produciendo en el Pacífico", explicó a EFE Samuel Biener, meteorológo del portal español Meteored.

Sí que ha habido varias tormentas tropicales, pero ninguna se ha consolidado para establecer un huracán (mínimo vientos de 118 km/h) debido a la gran influencia de este fenómeno que acapara toda la actividad ciclónica, altera las corrientes atmosféricas y, por tanto, minimiza la posibilidad de que se formen huracanes.

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Las temperaturas del agua en el Atlántico son cálidas, perfectas para la formación de huracanes, pero existen otros factores que complican la liberación de esa energía acumulada en forma de calor bajo el agua.

Porque la presencia de 'El Niño' no es lo único que ha frenado la aparición de huracanes: "ha habido cizalladura vertical del viento de récord este año y también la presencia de aire muy seco, que son los dos ingredientes que frenan el desarrollo de estos huracanes".

La cizalladura es un sistema de vientos cruzados y muy intensos que impiden que las tormentas tropicales puedan organizarse en la misma dirección hasta alcanzar la categoría de huracán.

"También desde prácticamente el mes de mayo están siendo muy habituales las intrusiones de polvo sahariano donde se suelen formar los gérmenes de los huracanes", especificó Biener.

Este polvo, una masa de aire seco y cargado de partículas, dificulta la formación y el fortalecimiento de las tormentas tropicales.

Los tres factores ('El Niño' cizalladura y polvo sahariano) han provocado una situación inusual en el Atlántico, pero que no permite bajar la guardia ante los huracanes.

Biener argumentó que "probablemente" en octubre se den mejores condiciones para la formación de huracanes, como pequeñas fisuras en la cizalladura que puedan favorecer la creación de un huracán.

"Con que se solo se forme un huracán que sea intenso y que toque tierra ya puede ser destructivo", adviertió.

La escala Saffir-Simpson contempla cinco niveles para medir la intensidad de los huracanes: los más devastadores, desde el 3 al 5, son los conocidos como "huracanes mayores", apuntó Biener.

El 3 agrupa vientos sostenidos de 178 a 210 kilómetros por hora; el 4 de 210 km/h a 250 km por hora: "no hablamos de rachas, hablamos de sostenidos".

El 5, máximo, contempla rachas de viento de más de 250 km por hora que "prácticamente arrasan todo a su paso".

Aunque también existe la posibilidad de un hito histórico: que no se formen huracanes este año por la influencia de 'El Niño'.

"Lo que sí que sería más raro, aunque ha pasado dos veces desde que hay registros (1907 y 1914), es que la temporada acabara sin que se formara ni un solo huracán", aunque señaló que en aquellos años no existían la tecnología actuales, por lo que no descarta que se formara alguno y no se pudiera medir. EFE