El viaje de Wilber Garcés por su hijo, truncado por una bala en la espalda

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Alejandra Arredondo

Austin, 24 sep (EFE).- En los últimos días, Wilber Garcés y su madre hablaban del futuro. Entre una entrega a domicilio y otra en Austin (Texas), al volante de su Toyota Corolla azul, conversaban por teléfono sobre lo que haría cuando ahorrara lo suficiente. Quería abrir un negocio en Venezuela y dar estabilidad a su familia, sobre todo a Axel, su hijo de siete años, que tiene una discapacidad que afecta su movimiento.

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El domingo, cuando un agente de migración del Gobierno de Estados Unidos le disparó en su espalda, ese sueño "quedó truncado", según contó a EFE su madre, Flor Pérez, desde Barquisimeto, Venezuela.

Garcés, de 28 años, está actualmente detenido en un centro de para migrantes en el sur de Texas. Tras recibir el disparo, las autoridades locales lo llevaron de emergencia a un hospital donde, sin embargo, fue dado de alta a las pocas horas y no se le realizó cirugía para sacarle la bala, que sigue incrustada en su cuerpo.

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Tanto su familia, como activistas y legisladores de EE.UU. han hecho saltar las alarmas sobre el estado de salud de Garcés y piden su liberación, para que pueda recibir tratamiento necesario. Por su parte, el Gobierno de EE.UU. sostiene que el cuidado médico que le están dando es "mejor que el que reciben los ciudadanos estadounidenses detenidos en las cárceles" del país.

Garcés, originario de Yaritagua, en el centro-oeste de Venezuela, es el hijo mayor y el "sostén de la casa", en palabras de Jacqueline Pérez, su tía materna. Su hijo Axel, de siete años, vive en Venezuela con su expareja. Según la familia, una complicación durante el parto le causó una discapacidad que le dificulta mover el lado derecho del cuerpo.

"Ha sido un poco duro, por los tratamientos y los gastos que tiene", contó su tía. "Axel es su vida, su todo. Wilber volvió a nacer a través de él, son idénticos".

En medio de la crisis económica y política de Venezuela, Garcés viajó a Perú, donde su madre, Flor, vivió durante un tiempo y trabajó como vendedora ambulante. Él consiguió empleos en la construcción y, más tarde, como repartidor a domicilio.

También hizo amigos y retomó una pasión que lo acompañaba desde niño: el fútbol. Su familia recuerda que jugaba con los otros niños del barrio y que después formó parte de un club local. "Yo le decía exagerado, porque cuando jugaba, era como si estuviera de verdad en un estadio", recordó su tía.

En Perú, contó su madre, "la cosa se puso un tiempo fuerte". Garcés encontraba cada vez menos oportunidades de trabajo y percibía una creciente discriminación contra los venezolanos. Vio partir a amigos y conocidos hasta que decidió hacer lo mismo: emprendió por tierra el camino hacia Estados Unidos y atravesó la selva del Darién.

"Me dijo: 'Quiero una mejor oportunidad para mí, para ti, para el niño, y quiero que surjamos'", contó Pérez. Axel vive en Venezuela, junto a su expareja.

Con el apoyo de su madre, reunió el dinero para salir de Perú. Ella siguió ayudándolo durante el trayecto: "Tuve que trabajar más fuerte (...) Llegué a comer solamente arroz con mantequilla para mandarle dinero, para que llegara a ese sueño que se truncó el domingo", recuerda.

En septiembre de 2023, llegó a Ciudad de México, donde estuvo esperando varios veces hasta obtener una cita de la aplicación CBP One, un programa del Gobierno del expresidente Joe Biden (2021-2025), que permitía a los migrantes presentarse en la frontera sur de EE.UU. y al entrar país bajo un permiso humanitario.

Según su madre, Garcés se presentó en el paso fronterizo de San Ysidro y después viajó a Texas, donde tenía amigos. Se instaló en Austin y comenzó a repartir pedidos a través de plataformas como DoorDash, a veces durante diez horas al día.

"Se sentía muy bien en Austin, andaba como pez en el agua", dijo Pérez. Muchos días, mientras él entregaba pedidos o le hacía arreglos a su carro, ellos hablaban por teléfono. Ella dice ser una mamá ansiosa y, una de las alegrías de su día, era recibir un mensaje de su hijo diciéndole "estoy bien, 'ma', ¿y tú?".

El día del incidente, el domingo, a la primera persona que Garcés llamó fue a ella: "Me dijo 'mamá, me dispararon, me chocaron el carro y me agarró la migra'".

Desde entonces, Pérez dice que estar viviendo un "horror". Le cuesta conciliar el sueño. "Me gustaría salir corriendo para allá, estar con él en estos momentos".

Mientras su hijo está en detención, su caso acapara titulares en EE.UU. y políticos y legisladores exigen una investigación sobre lo sucedido, Pérez dice que lo único que quiere es que a Garcés le den atención médica.

"Lo que quiero es que le saquen esa bala y de allí para acá, Dios dirá (...) no veo nada bien lo que pasó (pero) yo quiero que me lo curen, lo sanen y verlo bien", deseó. EFE

(foto) (vídeo)